
Editoriales
Volverse a Dios en oración, silenciar nuestra propia voluntad y escuchar humildemente la dirección de Dios —y luego cambiar la forma en que pensamos y actuamos de acuerdo con lo que escuchamos— es una buena manera de buscar Su reino.
Alabar a Dios es elevar nuestro pensamiento hasta alcanzar esa verdadera comprensión reconociendo quién es y qué es Él. La Guía de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, escribe: “En la Ciencia Cristiana la hora de medianoche será siempre la hora nupcial, hasta que ‘allí no haya más noche’...
Puesto que Dios es Espíritu, el término espiritual se refiere a todo aquello que es importante y real, en vez de a algo abstracto o un pequeño aspecto casual del ser. El Espíritu es la sustancia de todo.
A medida que nos dedicamos a la sagrada labor de la investigación, la visión, el crecimiento y la práctica espirituales —ya sea que tengamos un empleo, lo busquemos activamente o estemos jubilados— podemos envolver en nuestros pensamientos a todos los que están desempleados, sabiendo que Dios no ve así a nadie.
Todos hemos experimentado momentos de atemporalidad. Por ejemplo, puede parecer que el tiempo se detiene al estar ante una cascada o al asimilar mentalmente una nueva verdad espiritual. El reino de la eternidad es un mundo sin comienzos ni terminaciones, principios ni fines. Es un mundo sin límites de ningún tipo.
El rápido crecimiento en la adopción de la IA es una llamada de atención para que estemos alertas y seamos sabios, así como expectantes de que nuestra naturaleza espiritual es vitalmente necesaria y ya está presente.
Jesús dijo categóricamente que quienes siguen su ejemplo cristiano son la luz del mundo. Y Jesús nos instó a dejar brillar nuestra luz. ¿Cómo podemos hacer eso? Dejar que brille nuestra verdadera naturaleza espiritual implica no solo escuchar los buenos pensamientos que provienen de Dios, sino decidir aceptarlos y ceder a ellos.
Así que si las cosas que vemos o experimentamos no expresan el cuidado, la armonía, la integridad, etc. de Dios, podemos realmente confirmar en oración que no podemos creerlo. Es decir, como descendientes espirituales de Dios, el Espíritu, no nos pueden persuadir ni por un momento para aceptar como real algo que niegue la infinita bondad del Todo-en-todo.
Cada día, enfrentamos situaciones en el mundo y en nuestras vidas que podrían provocar ira. Incluso es posible que sintamos que la ira es la única respuesta honesta. Pero el Amor divino nos muestra que su omnipotencia vence todo odio, y debe finalmente alinear toda civilización con la realidad de la Verdad y el Amor.
No importa cuánto tiempo llevemos practicando esta Ciencia del Cristo, todos seguimos siendo estudiantes. Ser “purificado por medio del Cristo” —ser alertados de cualquier cosa basada en el miedo o separada de Dios en nuestro pensamiento— es una forma de despertar espiritualmente.