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Nuestra conciencia llena del Alma purifica, sana y salva, irradiando hacia afuera, bendiciendo no solo a quienes nos rodean, sino a todos aquellos a quienes nuestros pensamientos abrazan en el reverente amor y la paz de Dios.
Empecé a aprender que “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Nunca olvidaré la primera vez que leí eso. ¡Estaba encantada! Empecé a tener esperanza de que por fin aprendería qué es el amor verdadero.
Como un inversor sabio que sabe que primero debe tener la disciplina para ahorrar antes de tener el capital para invertir, la disciplina de nuestro estudio y oración diarios nos ayuda a tener el “capital espiritual” que necesitamos para enfrentar nuestros desafíos y abordar los del mundo.
Original en español
De vuelta en casa, sola en mi habitación, reconsiderando y agradeciendo por cómo habían evolucionado las cosas durante esta experiencia, me di cuenta de que durante el trayecto a la clínica había perdido todo el temor. Sentí que Dios me cuidaba y me protegía y simplemente me dejé guiar, como un niño camina de la mano de su madre.
Mientras el dolor aumentaba, me aferré al Cristo, la Verdad, como uno se aferra a una roca en un mar agitado. La salvación llegó a través de una llamada telefónica de un amigo que también es Científico Cristiano.
Las ideas no se pueden borrar. Las cualidades derivadas de Dios son permanentes. Vislumbrar estas verdades espirituales abre nuevas posibilidades, permitiendo una hermosa resiliencia al enfrentar cualquier forma de adversidad.
Porque somos uno con Dios, podemos sentir el amor espiritual que revela nuestra gratitud natural. No importa cual sea la necesidad, cada uno de nosotros puede llegar a la agradecida comprensión de que Dios es nuestra Madre y Padre.
El ejemplo de Pedro nos muestra cómo superar las limitaciones y seguir los pasos de Jesús. Y el mismo Dios en el que Pedro confiaba está ahora con cada uno de nosotros, guiando y custodiando nuestro propio trabajo único y divinamente asignado.
Lo que más agradezco es la sensación de paz que percibí incluso antes de que hiciéramos algún cambio. No tuve que esperar a que mi hija durmiera tranquila para sentirme en paz. Sabía que todo estaría bien. El amor maternal de Dios nos abrazó a todos como familia y nos ayudó durante toda esta experiencia.
Solo quería saber lo que Dios sabía y veía sobre Su universo. Mientras oraba en silencio, todo sentido de vida material se desvaneció y sentí una profunda paz. Me senté y disfruté de este hermoso momento durante el resto de la clase.