
Relatos de curación
En mi estudio de la Ciencia Cristiana, he aprendido que abordar los problemas con la comprensión de que soy espiritual, la semejanza o reflejo de Dios, el Espíritu, trae curación.
La ley de Dios pone todo en su lugar, y el hombre expresa la actividad sin obstáculos del Amor y el Alma. No hay debilidad ni fallo en nada que Dios haya creado.
Finalmente, un día me sentí impulsada a preguntarle a mi amiga si había un libro que pudiera leer para aprender más sobre las maravillosas ideas que compartía conmigo. Ella acababa de recibir un ejemplar del libro de Mary Baker Eddy Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras que había encargado, y me lo dio.
Siempre he sabido que Dios me ama, y confié en que Él estaba conmigo en ese preciso momento. Sabía que la “voz callada y suave” de Dios nos guiaba a mi madre y a mí. Me sentí inspirada a pensar en los Diez Mandamientos y, en ese momento de temor, quise honrar a mi madre escuchándola.
Deseo expresar mi gratitud por las numerosas curaciones que el estudio y la práctica de la Ciencia Cristiana me han traído desde que comencé a asistir a la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana a los cuatro años.
Luego pensé en las ardillas y en lo mucho que todavía las amaba. Las vi inocentes y juguetonas. Ciencia y Salud explica: “Todas las criaturas de Dios, moviéndose en la armonía de la Ciencia, son inofensivas, útiles, indestructibles” (pág. 514). Sabía que, en verdad, las ardillas no podían lastimarme, y yo no podía lastimarlas.
La oración en la Ciencia Cristiana nos ayuda a comprender mejor nuestra verdadera identidad como hijos de Dios, del Espíritu —como totalmente espiritual, no en ni de la materia—.
Mientras reflexionaba sobre esta experiencia, me di cuenta de que había dado un paso claro y natural en la transición de la falsa sensación de ser material y mortal a una comprensión de mí mismo como la creación espiritual, pura y completa de Dios, el Espíritu.
Darnos cuenta de que realmente podemos liberarnos de los pensamientos y acciones erróneas y ayudar a otros a liberarse mediante el perdón me abrió un ámbito totalmente nuevo de pensamiento. Comprendí muy claramente que el perdón que sentía por mi padre venía de Dios.
A la luz de todo lo que estamos enfrentando hoy en día en el mundo —incluido el crimen cibernético— me recuerdan la necesidad de proteger mi pensamiento para no aceptar creencias falsas que socavarían mi certeza del poder supremo e infinito de Dios, que es solo bueno.