
Relatos de curación
El hombre, la verdadera identidad espiritual de cada uno de nosotros, no es una combinación de maquinaria material, orgánica y funciones. Como imagen y semejanza de Dios, el Espíritu, soy espiritual, completo y estoy compuesto solo por cualidades armoniosas.
Dejar de lado el temor y cualquier creencia de que el bien es limitado o está fuera de nuestro alcance nos permite escuchar los pensamientos de Dios que nos guían y nos tranquilizan. Estas ideas son nuestras por derecho de nacimiento como hijos de Dios y abren el camino para que el bien se desenvuelva en nuestra experiencia.
Mis hijos y yo estamos muy agradecidos por la renovación de nuestro hogar, pero aún más agradecidos por haber reconocido la bondad y la constancia del Amor divino en nuestras vidas.
Humildemente di gracias a Dios. Expresé gratitud por la misión sanadora de Cristo Jesús y por el obsequio de la Ciencia Cristiana, que nos revela la comprensión de la verdadera ciudadanía espiritual de todos y la libertad que conlleva esta comprensión.
Atribuyo la rapidez con la que se restauró mi casa enteramente a la oración, especialmente cuando supe que la empresa de restauración había recibido más de mil llamadas de ayuda relacionadas con las tormentas. Mi gratitud desbordó.
Le dije a mi hija lo que estaba viendo: que la verdadera naturaleza de Leawood era espiritual, perfecta, completa y libre, y que nuestras oraciones no estaban haciendo que esto fuera verdad, sino que afirmaban que ya era verdad.
Gracias a Dios, y a lo que había aprendido y comprendido de la Ciencia Cristiana, lo único dentro de mi conciencia era lo que el sentido espiritual afirmaba: la realidad eterna de la Mente, Dios. Empecé a verme como una expresión de Dios, reflejando perfección y armonía.
Seguí leyendo Ciencia y Salud y aprendí que todos somos hijos de Dios, hechos a Su imagen y semejanza, verdaderamente buenos e inocentes. ¡Qué hecho espiritual tan magnífico!
Reafirmaba la verdad de que Dios mantenía mi bienestar a cada momento de esta intrusión, sabiendo que el único resultado posible para refutar esta mentira —este sueño basado en un sentido material de la existencia— era una victoria espiritual sobre ella.
Descarté de inmediato la idea de que no podría participar en todas las actividades que habíamos planeado. Mi confianza estaba en Dios y en la Ciencia Cristiana, basada en muchos años de depender de ellos, así que sabía que estaría bien.