
Relatos de curación
En lugar de prestar atención a cualquier cosa discordante —que Dios, el bien, no pudo crear ni creó— podía reconocer la omnipotencia y la armonía siempre presente de Dios.
La Verdad y el Amor calmaron mi temor con la comprensión cristianamente científica de que este nacimiento no era un evento físico, sino el desenvolvimiento por parte de Dios de una nueva idea espiritual que salía a la luz con espontánea energía.
Tras unos días de oración persistente y tratamiento metafísico por parte de un practicista de la Ciencia Cristiana, se me ocurrió empezar un proyecto de exploración espiritual: leería Ciencia y Salud de principio a fin; también leería los cuatro Evangelios para aprender más sobre la vida de Jesús y su práctica de curación espiritual.
Estoy humildemente agradecido por esta experiencia: pasar de estar extremadamente ansioso por mi futuro a saber que Dios está al mando y siempre conmigo. Aprendí que puedo confiar en Dios al tomar decisiones, convencido de que soy Su creación perfecta y que Él está haciendo el trabajo.
Entonces vino el pensamiento de “[pelear] la buena batalla” (1 Timoteo 6:12). Mientras estaba sentada en el auto, dije en voz alta: “Soy el reflejo del Espíritu, y en la Verdad no hay historia de error”. Me estaba sacudiendo del pensamiento polvoriento del sueño-Adán y despertando a Dios, el bien.
Estoy extraordinariamente agradecido por esa maestra de la Escuela Dominical. A pesar de la imagen que yo presentaba, supongo que ella tenía en su pensamiento mi perfección como creación de Dios.
El hombre, la verdadera identidad espiritual de cada uno de nosotros, no es una combinación de maquinaria material, orgánica y funciones. Como imagen y semejanza de Dios, el Espíritu, soy espiritual, completo y estoy compuesto solo por cualidades armoniosas.
Dejar de lado el temor y cualquier creencia de que el bien es limitado o está fuera de nuestro alcance nos permite escuchar los pensamientos de Dios que nos guían y nos tranquilizan. Estas ideas son nuestras por derecho de nacimiento como hijos de Dios y abren el camino para que el bien se desenvuelva en nuestra experiencia.
A medida que abracé más plenamente mi individualidad espiritual como un hijo amado e inmortal de Dios, el Alma, libre de cualquier enfermedad, pude rechazar la teoría basada en la materia de que las enfermedades son inevitables.
Mis hijos y yo estamos muy agradecidos por la renovación de nuestro hogar, pero aún más agradecidos por haber reconocido la bondad y la constancia del Amor divino en nuestras vidas.