Pocas cosas me parecen más desalentadoras que recibir una factura que no puedo pagar. Tantos pensamientos corren por mi cabeza: ¿Qué voy a hacer? ¿De dónde vendrá el dinero? ¿Qué va a suceder si no pago a tiempo, o si no pago nada?
Recientemente, a fin de año, recibí una factura grande de publicidad por mi negocio. La temporada de Navidad recién había terminado y nuestros gastos familiares eran mayores que lo normal. Cuando ví la cuenta lo primero que pensé fue, ¿cómo voy a pagar esto? No tenía el dinero en efectivo.
Podría haberme dejado influenciar por el temor y preocuparme de cómo resolver el problema. Pero en lugar de eso volví inmediatamente mi pensamiento hacia Dios, recordando que Él provee lo que necesito. No estaba segura de cómo iba a conseguir el dinero, pero sabía que Dios tiene un plan y que yo tenía que confiar y esperar para ver cómo Él me guiaba.
Un par de definiciones de “economía” en el diccionario fueron útiles mientras oraba. Una de ellas es: “el plan divino para la humanidad”. La otra es: “el método de gobierno divino del mundo y su actividad”. La economía no solo tiene que ver con la provisión. La economía incluye el plan de Dios para nosotros y para lo que nuestra actividad y nuestro propósito deben ser. El orden es una cualidad del Principio, un sinónimo de Dios. Así que para mí esto significa que la economía en realidad es el orden, el plan, la dirección y el gobierno de Dios para toda la humanidad.
Yo sabía que era correcto pagar la cuenta a tiempo y en su totalidad. Esto no solo era importante para mantener mi negocio sino que era necesario para que yo viera el valor de los servicios que estaba prestando. Si esperaba que mis clientes me pagaran, tenía que pagar esta cuenta a tiempo y aceptar que para todos hay solo abundancia en la economía de Dios.
Dios es el bien infinito. Así que no hay ciclos de subidas y bajadas en la economía divina. Eso significa que no tenemos que esperar que la bolsa de valores cambie o que la economía nacional se recupere. Dios está proveyendo infinitamente todo lo que necesitamos, ahora y siempre. En el plan de Dios no hay deterioro del orden ni falta de estructura. Por lo tanto, no puede haber fluctuación entre la abundancia y la carencia.
En la Biblia hay un relato relacionado con poder pagar lo que se debe, y ocurre cuando Jesús llegó a Capernaum, y le pidieron a su discípulo Pedro que pague el impuesto del templo. Jesús le dijo a Pedro: “Desciende al lago y echa el anzuelo. Abre la boca del primer pez que saques y allí encontrarás una gran moneda de plata. Tómala y paga mi impuesto y el tuyo” (Mateo 17:27, New Living Translation). Encontrar dinero para los impuestos en la boca de un pez no es algo que ocurra todos los días, pero Jesús estaba tan seguro de la provisión de Dios, que sabía que todo era posible.
En Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras, Mary Baker Eddy, describe al “hombre”, incluyendo hombres y mujeres, como “la compuesta idea de Dios, e incluye todas las ideas correctas” (pág. 475). A medida que creció mi comprensión de la economía y el orden y plan divinos de Dios para mí, supe que Su plan incluye un empleo adecuado. Sabía que el empleo era correcto, por lo que podía esperar que el suministro para cubrir los gastos también sería provisto. Me aferré a la idea de que Dios dirige mi sendero, garantiza mi éxito y me bendice a mí y a mi negocio.
Al cabo de una semana de tornarme a Dios de esta manera para ver que Él provee mis recursos, encontré todo el dinero necesario para pagar la cuenta de la publicidad. Digo “encontré” porque, como Jesús, encontré el dinero en lugares poco convencionales. No hubo pagos de clientes ni aumento de sueldo de mi marido, pero el dinero provino de recursos inesperados. Parte del dinero provino de un dividendo de seguros, otra parte de un error en una transferencia financiera y el resto de una cuenta de ahorro especial en la que no sabíamos que había dinero.
El plan de Dios para cada uno de nosotros está en el orden divino, y esto provee todas nuestras necesidades.
