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La “voz callada y suave” después del terremoto en Turquía

De The Christian Science Monitor - 25 de octubre de 2011


En cuanto vi en la televisión la noticia de que un terremoto de magnitud 7.2 había destruido el pueblo de Ercis al este de Turquía y sacudido las áreas de la Provincia de Van, supe que debía ponerme a orar. Yo vivo en Turquía y aunque estoy lejos de donde ocurrió el terremoto, mi corazón se sintió conmovido por toda la gente afectada.

Recordé un versículo de la Biblia que cuenta que Dios no está en el viento, en el terremoto ni en el fuego, sino en una “voz callada y suave”.Véase 1° Reyes 19: 11, 12. Pensé: ¿Cuánto bien puede hacer la voz de Dios si es callada y suave, en medio de tal devastación? Resultaba difícil no ser cínico porque todos los canales de noticias transmitían constantemente imágenes de la tremenda destrucción.

Muy pronto me di cuenta de que si yo quería ayudar de alguna manera en esta situación, tenía que cambiar mi perspectiva de las cosas. Me pregunté: “¿Quién podría escuchar la voz callada y suave?” Seguramente, los rescatistas estaban alertas para oír hasta la más pequeña señal de vida que viniera de abajo de los escombros. Pero también estaban escuchando su propia intuición para saber cuál es el mejor lugar para buscar sobrevivientes. Su intuición, aunado a la experiencia que han adquirido en otras operaciones de búsqueda y rescate, los estaba guiando mientras usaban con sabiduría el preciado margen del tiempo para salvar vidas.

La fuente de toda intuición es Dios, la Mente divina. Podríamos decir que la intuición es como la voz callada y suave que habla a tu consciencia. Nadie, excepto tú, escucha tus intuiciones porque son calladas. Pero al mismo tiempo son lo suficientemente fuertes como para que tú las escuches. Mary Baker Eddy indica enCiencia y Salud con Clave de las Escrituras que “La ‘voz callada y suave’ del pensamiento científico cruza continentes y océanos, hasta llegar a los extremos más remotos del globo. La voz inaudible de la Verdad es para la mente humana como cuando ‘ruge un león’. Se oye en el desierto y en los lugares tenebrosos del temor”.Ciencia y Salud, pág. 559.

Así que pensé, ¿quién más en este momento estará escuchando la inaudible y rugiente voz de la Verdad? ¡Los internos en una prisión! Justo en ese momento en las noticias informaron que las paredes de una prisión se habían derrumbado durante el terremoto y que 200 internos se habían escapado. También se informó que 50 de los presos habían regresado a la prisión después de haber visitado brevemente a sus familias. Aquellos que regresaron por su cuenta sin duda deben haber oído la voz callada y suave, escuchado su guía, y actuaron, hicieron lo correcto, lo que la Verdad, el Amor divino, les dijo que hicieran. Ellos aman a sus familias, pero también están aprendiendo a amar hacer lo que es correcto, que es muy natural. Podemos orar para que los otros fugitivos estén atentos a la voz callada y suave y voluntariamente regresen a la prisión sin hacerse daño a ellos mismos ni a los demás. Dios, el Amor divino, nos está hablando a todos, todo el tiempo.

La tierna y silenciosa voz del Amor divino les está hablando ahora, mientras escribo, a aquellos que están atrapados debajo de los escombros, esperando a ser rescatados. Dios los está consolando, diciéndoles que no tengan miedo porque Él los ama mucho. La voz callada y suave de Dios los está fortaleciendo, dándoles valor y paciencia. Como promete el salmista: “Él extenderá Sus alas sobre ti y te mantendrá seguro”.Salmo 91:4, traducción de la Contemporary English Version. El Dios único del todo afectuoso ve a todos los que están en ese lugar a salvo bajo Sus alas, no en peligro bajo los escombros.

Podemos orar por las personas que fueron afectadas por este terremoto, sus familias, los rescatistas y aquellos que brindan atención en el lugar. Es la mejor ayuda que podemos brindarles, ya sea que estemos cerca o lejos. La voz callada y suave de Dios no está en el terremoto, sino en nuestras sinceras oraciones, a medida que afirmamos Su presencia y poder sobre todo. La oración puede hacer una diferencia, salvar una vida y restaurar la paz y la armonía.

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