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No pierda las esperanzas

De The Christian Science Monitor - 16 de marzo de 2011


De vez en cuando oigo de personas que tienen problemas o se enfrentan a situaciones que ellos creen que no tienen esperanza. Lo que a menudo les trae un rayo de esperanza es señalar que si en realidad estuvieran sin esperanzas no estarían buscando ayuda por medio de la oración. Mi trabajo como practicista de la Ciencia Cristiana es dar esta clase de ayuda. La oración llega a los rincones más oscuros del pensamiento y trae curación y transformación, incluso la restauración de la esperanza.

La autora Emily Dickinson capturó la santidad y la eternidad de la esperanza en forma única en este hermoso dicho de uno de sus poemas: “La esperanza es eso con plumas, que se posa en el alma, y sin palabras su canción entona y nunca se calla”.

La razón por que no podemos estar sin esperanzas es simple. La Biblia dice en los Salmos: “Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza” (Salmo 71:5). No podemos estar sin esperanzas porque no podemos estar sin Dios. Como hijos de Dios poseemos esa inseparabilidad con Él. La Deidad no puede existir sin Su expresión, la imagen y semejanza llamada el hombre, que incluye al hombre y a la mujer. Tampoco puede el hombre existir sin Dios. Esta relación espiritual es una verdad eterna y tiene el poder de levantarnos de la desesperación, el desaliento, la enfermedad y los desastres de cualquier naturaleza.

Cada situación que enfrentamos tiene una solución espiritual que está allí mismo donde el problema parece estar. Y si dejamos que la esperanza tome la iniciativa y estamos dispuestos a recurrir a Dios cuantas veces sea necesario, la solución tomará forma en nuestras vidas.

Dios siempre está obrando a favor nuestro. Él es nuestro ayudador, guía, salvador y sanador. Dios lleva a cabo este bien para nosotros por ser Todo. Su omnipotencia, omnisciencia y omnipresencia excluyen las así llamadas fuerzas e influencias destructivas sobre nosotros.

A medida que buscamos soluciones espirituales, a veces puede que cometamos el error de quitar nuestros ojos de Dios. Delinear una respuesta es un desvío que frecuentemente se toma. Otro es la impaciencia. Evitar estos errores revela el claro camino que previamente parecía estar bloqueado.

He tenido toda clase de experiencias con esto – tanto en lo que se refiere a desvíos como en lo que respecta a la sabiduría de mantener la mira en Dios para encontrar la respuesta. He confiado, esperado, en Dios, en toda clase de situaciones. Un ejemplo de haber recurrido a Dios fue cuando las presiones económicas parecían abrumarnos a mi esposo y a mí.

Él estaba por terminar sus cursos de postgrado, y habíamos pedido prestado el máximo posible. Cuando tuvimos que hacer el último pago no teníamos fondos para hacerlo. Parecía que todo lo que habíamos comenzado se iba a perder si no podíamos hacer este pago. Ambos oramos diligentemente. Dos semanas antes de la fecha de pago, todavía no teníamos opciones en vista. Luego, un tranquilo viernes de noche, mientras estábamos orando, sonó el teléfono. Era su abuelo, informando que algunos objetos que íbamos a heredar después de su muerte se habían caído de un estante en un almacén y se habían roto. Llamaba para averiguar si queríamos que los reparasen o si preferíamos el dinero del seguro por su pérdida.

Nos pidió que lo pensáramos y dijo que nos llamaría otra vez. A pesar de ser muy tentador aprovechar la oportunidad del cheque, sin importar de cuanto valor fuera, decidimos que el camino más correcto sería postergar hasta que él decidiera. Después de todo, estos objetos eran cosas que él y su esposa habían guardado y amado a través de los años.

La noche siguiente cuando él llamó, le dijimos que aceptaríamos lo que él recomendara. Él dijo: “Bueno, yo que ustedes aceptaría el cheque”. Nos envió el cheque y llegó el día anterior del vencimiento del pago. Había centavos de diferencia con el importe que debíamos a la escuela.

Esto fue una prueba maravillosa de lo que dice Mary Baker Eddy y que está lleno de esperanza y curación: “La Vida es Dios, el bien” y continúa hasta concluir que “el mal no tiene en realidad lugar ni poder en la economía humana o en la divina” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 327). El mal en este caso era el temor, la limitación y la sensación de que podríamos estar sin ayuda frente a esta necesidad de fondos.

Al comenzar con Dios como nuestra esperanza, estamos seguros; la esperanza no puede ser desplazada y abre el camino en cada instancia para la solución espiritual que necesitamos.

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