Tras las mortales explosiones y tiroteos ocurridos la semana pasada en Noruega, es muy probable que esta pregunta se esté planteando desde el corazón de Oslo hasta los lugares más remotos del planeta, atravesando los corazones de muchos que quieren creer en un Dios del todo bueno, pero les cuesta hacerlo ante tal expresión de maldad.
¿Dónde está el Amor divino que cuida de todos nosotros? A veces responder con un “en todas partes” parece demasiado fácil. Para muchos, la omnipresencia de Dios no está en duda. Pero las excepciones que parecen confirmar que no existe tal autoridad divina son tan duras, que hacen que parezca mucho más difícil de creer.
¿Dónde está el Amor que cuida de uno y de todos? Es el Amor que Jesús probó que existe, cuyo poder él demostró, y por medio del cual sanó. Restauró cuerpos quebrados, reavivó corazones quebrantados, revivió la esperanza que flaqueaba. Jesús incluso cruzó el umbral llamado muerte sólo para probar que no es el vacío permanente que el atemorizado sentido material de las cosas concluye que debe ser. Al percibir la indeleble relación espiritual que existe entre Dios y Su creación incorpórea, despertamos de la convicción profundamente equivocada de que hay vida y muerte en la materia.
En el ejemplo de Jesús de que el bien triunfa sobre el mal, se ve el Amor que cuida de todos nosotros, y cómo la continuidad divina de la Vida triunfa sobre la muerte. Jesús ya no está aquí para darnos las lecciones espirituales que dio en persona a sus discípulos más cercanos. No obstante, él demostró para todas las épocas que hay algo más que la vida material para él mismo y para todos: la existencia espiritual y perpetua. Está el Cristo —el espíritu de Vida y Amor que animaba a Jesús— al cual ni siquiera la horrenda violencia de una crucifixión injusta pudo enterrar para siempre.
Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana, describió lo que significa comprender lo que la experiencia de Jesús demostró: “Cuando el ser espiritual se comprenda en toda su perfección, continuidad y poder, entonces se verá que el hombre es imagen de Dios… Entonces se verá que el hombre, a Su semejanza, es perfecto como el Padre, indestructible en la Vida, y que está ‘escondido con Cristo en Dios’ —con la Verdad en el Amor divino, donde el sentido humano no ha visto al hombre”.Ciencia y Salud, pág. 325.
Aquí la palabra “hombre” quiere decir todos los hombres, mujeres y niños. Significa la identidad espiritual individual de cada persona que tanto deseamos ver, pero ya no es posible hacerlo. Podemos encontrar consuelo percibiendo la naturaleza eterna y única de cada querido amigo, compañero de trabajo o miembro de nuestra familia que el corazón humano desea abrazar, con el cual desea hablar, caminar y cantar, bailar y reír, cocinar y comer, pero no puede.
No, el Amor que cuida de todos nosotros no puede devolvernos el toque humano en particular que deseamos sentir. Pero Jesús nos demostró que el Amor continúa cuidando de todos, incluso cuando los hemos perdido de vista. Y el Amor que cuida de todos continuará cuidando también de aquellos que se han quedado lamentando la pérdida. No sólo con el consuelo espiritual que atraviesa la tristeza con vislumbres de luz espiritual, sino con evidencias prácticas del bien en nuestra vida, que parecen asumir renovadas formas y hacen eco de las cualidades que amábamos en aquellos que ya no están presentes ante nuestra vista.
Ante la tragedia en la escala del abrumador e inesperado asesinato en masa ocurrido en Noruega, hay necesidades legales, políticas y prácticas. Hay necesidades físicas y emocionales.
Y para muchos, sino para todos —desde Noruega a Carolina del Norte— existe la necesidad de saber que verdaderamente hay un Amor divino cuya infinita calidez y perpetuo afecto continuamente cuida de todos nosotros. Jesús nos demostró que existe.
