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Para jóvenes

¿Cómo puedo dejar de deslizar la pantalla?

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 5 de octubre de 2026


Un gran evento noticioso se estaba desarrollando en los Estados Unidos, donde vivo. Al no estar segura de qué pensar al respecto, decidí conectarme a las redes sociales para ver qué decían los demás. Las personas a las que seguía en esta aplicación suelen ver el mundo de la misma manera que yo; pensé que ver sus opiniones sobre este tema me ayudaría a entenderlo mejor.  

Vaya. Ese fue un pensamiento sorprendente. ¿Depender de las redes sociales para decirme qué debo pensar? En realidad, había pasado más tiempo del que quería en el móvil —no solo leyendo las perspectivas de la gente sobre las noticias, sino también deslizando la pantalla sin pensar durante los descansos del trabajo o al final de un día largo—.  

Esto era lo contrario de una de mis cosas favoritas que había aprendido en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana, que era reflexionar profundamente sobre los conceptos que estaba aprendiendo. Los maestros nos animaban a mis compañeros de la Escuela Dominical y a mí a hacer preguntas y comentar cualquier cosa que nos preguntáramos o con la que tuviéramos dificultades. Y también había aprendido que las ideas que necesitaba no venían solo de mis conversaciones con los demás, sino también de orar y buscar respuestas en Dios.  

Leer la Biblia y Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras de Mary Baker Eddy me había enseñado que Dios nos hizo, así que nuestros pensamientos también se originan en Dios. Como Dios es bueno, estos pensamientos nos guían de maneras buenas y productivas y nos dan respuestas sanadoras cuando las necesitamos. Me di cuenta de que, si empezaba a depender de las redes sociales para mis opiniones, en esencia estaba ignorando la capacidad que Dios me dio para razonar y orar por los problemas de una manera que trae soluciones constructivas.  

Por supuesto, no está mal escuchar la perspectiva de otras personas sobre un tema. Pero me di cuenta de que leer con regularidad las publicaciones en línea me dejaba frustrada en lugar de mejor informada. Esto me recordó un versículo bíblico que me encanta, el cual dice en parte: “Todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, … en esto pensad” (Filipenses 4:8). Era cierto que cuando me centraba en cosas amables y buenas, me sentía más feliz y mejor, porque me llevaban a soluciones en lugar de mantenerme en un círculo de ira e impotencia. También era cierto que mucho de lo que leía en las redes sociales era bastante poco amable. No obstante, me costaba dejar de deslizar la pantalla.

A medida que oraba a Dios para que me ayudara a romper el hábito de las redes sociales, me vino a la mente una imagen sorprendente. Imaginé una puesta de sol, rica en muchos colores, cubriendo el cielo en el oeste. Una persona de pie bajo el atardecer tenía la mirada fija en una mota de tierra en el suelo, en lugar de mirar hacia arriba la gloria que la rodeaba. Me di cuenta de que esto era como yo cuando deslizaba la pantalla. Al envolverme en cualquier drama humano que estuviera enfadando o asustando a la gente en ese momento, me estaba perdiendo la belleza del reino de Dios que me rodeaba. Me di cuenta de que no necesitaba seguir tratando de abandonar un mal hábito. En cambio, a medida que entendiera mejor y prestara atención a lo hermosa, vibrante y buena que es la vida vista desde la perspectiva de Dios, me dejarían de atraer las cosas que apuntaban en la dirección opuesta.  

Estas revelaciones me ayudaron a reducir mucho el tiempo que pasaba deslizando la pantalla. Si bien, a veces todavía siento la necesidad de tomar el móvil más de lo necesario, nunca más he sentido la tentación de depender de las redes sociales para saber qué pensar.  

De hecho, incluso cuando ocurrieron una serie de acontecimientos preocupantes en mi comunidad, pude concentrarme en orar en lugar de navegar. Durante ese tiempo, me vino una pregunta muy clara. ¿El poder les pertenece a las personas o a Dios? Durante una crisis, especialmente, puede parecer que los humanos imperfectos tienen el poder. Sin embargo, la Biblia deja claro que Dios es la fuente de todo poder real. El Padre Nuestro nos dice que Dios tiene el poder y la gloria, ¡para siempre! A través de mis oraciones, pude ver que todo el poder de Dios tenía que manifestarse en mi comunidad.  

Estas ideas me ayudaron a sentirme en paz respecto a la situación, que pronto se resolvió. Centrarme en la oración en lugar de en las redes sociales también me llevó a dar pasos concretos para ayudar a quienes lo necesitan en mi comunidad.

Estoy agradecida de ver con más claridad cuán hermosa, buena y significativa es la vida en Dios —fuera de mi móvil—.

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