En las montañas donde vivimos, los bomberos forestales llevan un refugio de emergencia portátil en el que pueden meterse y esconderse si están a punto de ser arrasados por el fuego. Recientemente estuve reflexionando sobre esto en relación con la Biblia que nos asegura que estamos “[escondidos] con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3). Es una frase que los cristianos suelen usar para tranquilizarse unos a otros, pero tiene implicaciones más grandes para todos —para cada hijo de Dios—. ¿Qué significa?
Cristo, tal y como se define en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, es “la divina manifestación de Dios, que viene a la carne para destruir el error encarnado” (pág. 583). Cristo sana, erradicando las ideas erróneas sobre quiénes somos. Y el Cristo no está confinado al periodo de tiempo en que Jesús vivió, aunque él encarnó plenamente al Cristo.
De modo que, cuando el apóstol Pablo escribió a los cristianos en Colosas sobre estar “escondido” con Cristo, siento que les estaba enseñando que cuando te has comprometido a estudiar y seguir las enseñanzas de Cristo Jesús, a medida que maduras en tu discipulado, superas todo sentido de que estás separado de Dios, el Espíritu. Empiezas a ver que tu verdadera identidad espiritual como imagen y semejanza del Espíritu mismo (véase Génesis 1:26, 27) está segura, protegida, verdaderamente “escondida con Cristo en Dios”, incluso cuando te sientes envuelto en las circunstancias más duras.
En otras partes de sus escritos, Pablo parece referirse a la humildad que se necesita para eliminar todo sentido de que el ser está separado de nuestra identidad espiritual creada por Dios, al escribir: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10). Y en la vida de Pablo se demostró una y otra vez que cuando al orar renunciamos al sentido personal y a la confianza errónea en los sentidos físicos para saber que es verdadero y real, podemos estar seguros de que Dios nos protege mientras encontramos la forma de liberarnos de lo que nos preocupa. Por ejemplo, Pablo, junto con la tripulación y otros pasajeros, sobrevivieron un naufragio y luego él pudo deshacerse de una víbora venenosa que le había mordido la mano y continuar sin sufrir daño alguno su ministerio.
Ciencia y Salud describe estar a salvo del daño como estar “revestido con la panoplia del Amor” (pág. 571). Una panoplia es una armadura u otra forma de cobertura protectora. La naturaleza de Dios, el Amor, es resguardar y proteger nuestra identidad espiritual divinamente creada. Esto no ocurre porque hayamos solicitado o recibido una excepción especial, sino porque es la naturaleza de Dios mantener Su propia expresión en cada uno de nosotros. Nuestra función al orar es ser receptivos a esta ley divina del Amor, ceder a ella y personificarla. Cualquier refugio hecho por el hombre, como una armadura o una manta contra incendios, tiene limitaciones, por supuesto, y las condiciones externas pueden exceder su capacidad de diseño, pero lo importante acerca del resguardo del Amor divino es que ninguna condición puede superar su capacidad infalible y su disposición para protegernos del daño.
También he descubierto que es importante reconocer que no existe la invulnerabilidad personal —que la seguridad está en y es del Espíritu—. Puede parecer que estamos “ganando” seguridad al ser una buena persona, pero luego podríamos perder esa protección debido a los defectos y errores cometidos. Pero no es así. Nuestra verdadera identidad e integridad espiritual están siempre protegidas por el Amor divino y establecidas incondicionalmente por la gracia de Dios. El concepto de estar escondido con Cristo en Dios habla de la verdad de que nuestra identidad espiritual, integridad y bienestar no se ganan ni pueden perderse, sino más bien, por la gracia de Dios, se hacen evidentes para nosotros de forma libre, continua y completa. La seguridad se basa en la ley de lo que es y está haciendo el Amor divino.
Hace poco experimenté la acción protectora del Cristo mientras acompañaba a un grupo de viajeros. En un momento dado, surgió una situación compleja que me resultó muy preocupante, y al principio estaba bastante inmerso en los diversos desafíos y personalidades implicadas. Esa tarde, también enfermé gravemente. Mientras oraba por mí mismo esa noche, me vino la inspiración de que, sin querer, había “abierto la puerta” de mi pensamiento y dejado entrar un sentido personal y perturbado de las cosas, entonces aparecieron síntomas físicos discordantes que hicieron un auténtico desastre del lugar. Pero ni el sentido perturbado ni los síntomas físicos tenían sustancia ni podían revelar la verdad de mi forma y función como la expresión pura e inocente del Espíritu, Dios.
Una vez que me vino esa claridad, oré a fin de acallar la sensación de estar perturbado. Mi oración tenía que ver con la verdad de que Dios conocía mi identidad espiritual y yo también la conocía —que estaba escondido con Cristo en Dios—. Mi salud y mi bienestar estaban completamente intactos y protegidos —completamente ocultos a cualquier vulnerabilidad a sufrir daño—. Cuando tuve claro que tanto mi identidad como mi salud eran espirituales, no personales ni físicas, los síntomas discordantes desaparecieron, y pude volver con alegría a trabajar con los viajeros, y las cosas avanzaron armoniosamente durante el viaje.
El Amor divino protege y perfecciona tu identidad espiritual que Dios ha creado. Hoy puedes confiar en que realmente estás escondido con Cristo en Dios; a salvo.