Skip to main content Skip to search Skip to header Skip to footer
Original Web

Una perspectiva de la Ciencia Cristiana

Este es el país de Dios

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 12 de noviembre de 2026


Hace dos veranos, mientras viajaba por el suroeste de los Estados Unidos, deleitándome con la belleza natural de esa parte del mundo —la majestuosidad de los rojizos cañones rocosos, la inmensidad de los paisajes áridos—, una popular canción country, “God's Country” (el país de Dios) de Blake Shelton, sonaba una y otra vez en mi pensamiento.

En el inglés coloquial, “el país de Dios” puede significar un lugar de belleza virgen o única. En los numerosos lugares que he visitado o vivido por todo el mundo, un paisaje impresionante o incluso la bondad de un desconocido a menudo me han hecho sentir que realmente estaba en el país de Dios.

En un sentido espiritual, la frase me habla de la majestad, armonía y diversidad de la creación y el universo de Dios; que, no importa dónde estemos, o cómo nos identifiquemos en términos de raza, religión y nacionalidad, o clase económica, política o social, de hecho, somos hijos de Dios. Somos ciudadanos de Su “país”, la realidad divina en la que estamos siempre unidos en el amor fraternal y bendecidos con una identidad y un hogar compartidos.

El apóstol Pablo habla de ambos en términos espirituales: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ... Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:24, 26-28). En esta santa morada del Espíritu divino, Dios, se nos garantiza seguridad, infinitas oportunidades, paz y armonía ininterrumpidas. Nadie puede ser obligado a salir de los límites de esta morada infinita ni huir de ella.

Sin embargo, en medio de la injusticia, la tragedia y la inestabilidad, puede parecer que estamos en cualquier lugar menos en el país de Dios.

La noche antes del arresto y crucifixión de Cristo Jesús (véase Lucas 22:39-46), sus discípulos deben de haberse sentido así al anticipar los devastadores acontecimientos que estaban a punto de ocurrir en Judea, una región que el pueblo judío consideraba sagrada. Las Escrituras nos dicen que después de que Jesús “se levantó de la oración” encontró a los discípulos “durmiendo a causa de la tristeza”. Lo habían dejado todo por Cristo, para hacer la santa obra de predicar la verdad que Jesús enseñó y que libera a la humanidad de toda forma de opresión. Difundieron la palabra de que Dios está aquí y que Dios es un Dios amoroso, y sanaron a quienes sufrían y estaban afligidos mediante la verdad de que Dios crea a Sus hijos espirituales y buenos, y que Su bondad es real y suprema. No obstante, ahí estaban.

Parecía que todo estaba perdido.

En lugar de compadecerse de sus discípulos, Jesús apartó sus pensamientos de la escena humana, preguntándoles: “¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”.

Esa misma noche, durante su última cena con sus discípulos, nos cuentan que Jesús mismo había orado con fervor. En el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, Mary Baker Eddy escribe: “Jesús oró; se retiró de los sentidos materiales para refrescar su corazón con vistas más luminosas, con vistas espirituales” (pág. 32).  

Retirarse significa marcharse o hacer que se marche de un lugar o situación. Es significativo que, en ese momento de crisis, Jesús optó por dejar no un lugar físico, sino el concepto despiadado y finito de la vida que presentaba la perspectiva de ser injustamente asesinado. Su reconocimiento mediante la oración de la supremacía de Dios y el gobierno del universo renovó su corazón y elevó su pensamiento por encima de los temores y limitaciones humanas que atormentan el sentido ilusorio y material de la existencia. Esto resultó finalmente en su resurrección, su victoria decisiva sobre la injusticia humana y la tumba.

La poderosa oración que Jesús dio al mundo, conocida como el Padre Nuestro, termina: “Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos” (Mateo 6:13). Y la interpretación espiritual de esa frase en el libro de texto de la Ciencia Cristiana dice: “Porque Dios es infinito, todo-poder, todo Vida, Verdad, Amor, está sobre todo, y es Todo” (pág. 17). No podemos encontrar una declaración de la verdad más reconfortante que esta, que el país que llamamos hogar es, de hecho, el país de Dios —el reino de la Vida, la Verdad y el Amor divinos, en el que la voluntad de Dios es el único poder “como en el cielo, así también en la tierra”, como dijo Jesús (Mateo 6:10)—.  

Todo el mundo está en manos de Dios, gobernado por la justicia, el amor y la sabiduría divinas, no por ciertas personas o sistemas humanos. En la medida en que esto se haga evidente en la consciencia humana individual, veremos cada vez más evidencia de estas cualidades espirituales en acción en nuestra experiencia local, nacional y global.

BLURB:

Para explorar más contenido similar a este, lo invitamos a registrarse para recibir notificaciones semanales del Heraldo. Recibirá artículos, grabaciones de audio y anuncios directamente por WhatsApp o correo electrónico. 

Registrarse

Más artículos en la web

La misión del Heraldo

 “... para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

                                                                                                          Mary Baker Eddy

Saber más acerca del Heraldo y su misión.