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“Libres de” y “libres para”

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 21 de septiembre de 2026


¿Qué es más fácil de conseguir: la libertad de o la libertad para? Es decir, ¿es más fácil estar libre de cosas malas o tener la libertad para tener y hacer cosas buenas? En la escena mundial, tanto la “libertad de” como la “libertad para” pueden resultar difíciles de lograr. Puede parecer que las leyes políticas atrapan a las personas en la injusticia, mientras que las leyes materiales las atrapan en enfermedades y lesiones. Y aunque tengamos “libertad de” —digamos que tenemos todos los derechos políticos del mundo y somos a la vez ricos y gozamos de buena salud— hablando humanamente, no existe tal cosa como una “libertad ilimitada para”.

Un buen ejemplo de esto se encuentra en la Declaración de la Independencia, cuyo 250º aniversario se celebra este año en los Estados Unidos. La Declaración exigía estar libres de la tiranía e insistía en la libertad de todo individuo para tener vida y libertad, y para buscar la felicidad. Ten en cuenta que esto último implicaría que la felicidad es algo que quizá aún no tenemos. Dios nos ha dado el derecho a perseguirla, afirma la Declaración, pero nadie puede garantizar que la tengamos, ni ahora ni en el futuro.

¿Pero nos dio Dios la libertad de perseguir algo bueno? ¿O Él, en realidad, ya nos ha dado todo lo realmente bueno? Un siglo después de la firma de la Declaración, Mary Baker Eddy, Fundadora de la Ciencia Cristiana, superó con creces la idea de que Dios solo daba a Sus hijos la libertad de buscar la felicidad. Insistía en que Dios nos dio a cada uno el derecho de impartirla, junto con la verdad y la salud (véase La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 165).

Para impartir algo, primero debemos tenerlo. Y, de hecho, la Sra. Eddy enseñó, en realidad, que tenemos todo el bien. Esta enseñanza se basaba en su convicción de que Dios es la única causa y creador, la única fuente, y que Él es bueno. No hay espacio para nada que no sea bueno. 

Ella afirma rotundamente: “Dios es Mente: todo lo que la Mente, Dios, es, o ha hecho, es bueno, y Él hizo todo”. Pero no lo deja ahí. Ella continúa: “Por tanto, el mal no fue hecho y no es real” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 311). De manera que, como Dios es bueno y lo creó todo, estamos libres de todo mal. Del mismo modo, tenemos libertad ilimitada para hacer lo que es bueno, pero no tenemos derecho ni libertad para hacer el mal. De hecho, la expresión “libertad para hacer el mal” es una contradicción. Hacer el mal no es libertad en absoluto. Es esclavitud a la voluntad humana y a las leyes materiales de la limitación.

La Sra. Eddy sacó sus conclusiones de su profundo estudio de la Biblia, especialmente de las palabras y obras de Cristo Jesús. Jesús nos demostró que podemos tener ambos tipos de libertad real sin medida. Liberó a incontables personas del pecado y la enfermedad. En dos ocasiones, liberó a miles del hambre al menos temporal, con tan solo unos pocos panes y algo de pescado (véase Mateo 14:13-21 y 15:29-39). Y también nos dio ejemplos que demostraron que la “libertad de” que Dios le había dado no se limitaba a cosas que la ley material considera posibles. Caminó sobre el agua a pesar de la ley de la gravedad (véase Mateo 14:22-33). Se transportó instantáneamente a sí mismo y a otros de un lugar a otro (véase Juan 6:16-21). Es más, nos dijo que nosotros podíamos hacer lo mismo (véase Juan 14:12).

Eso es mucho. Tal vez, no caminemos sobre el agua en este momento. Podemos empezar con cosas mucho más pequeñas. El simple acto de volvernos completamente a Dios nos pone en el camino correcto. Lo hacemos al purificar nuestros móviles, amar un poco más, hacer una evaluación honesta de cómo podemos servir mejor a nuestro prójimo y luego actuar en consecuencia. Estas cosas simples aumentan nuestra receptividad al Cristo, la verdadera idea de Dios, que nos ayuda a liberarnos del mal al mostrar a cada uno nuestra verdadera individualidad espiritual, la identidad que Dios creó. Esta identidad es completamente buena, la imagen y semejanza de Dios (véase Génesis 1:26, 31). A medida que nos esforzamos activamente por poner en práctica nuestra creciente comprensión de esta verdadera individualidad en nuestras vidas, encontramos que somos capaces de ver y demostrar la presencia y el poder de Dios, y eso lleva a la curación.

Lo importante es recordar que Dios nos hizo capaces de hacer esto; la Ciencia de nuestro ser es que Él nos hizo tanto “libres de” como ilimitadamente “libres para”. La Sra. Eddy escribe: “La Ciencia revela la posibilidad de lograr todo lo bueno y pone a los mortales a trabajar para descubrir lo que Dios ya ha hecho” (Ciencia y Salud, pág. 260). Si nuestro motivo es servir a Dios y a nuestro prójimo, entonces nada puede entorpecer nuestra libertad de ver el bien infinito que Dios nos ha concedido a cada uno de nosotros. Somos la expresión misma de Dios, el bien. Esta es la realidad ineludible de cada uno de nosotros. Reconocer esto nos permite actuar en consecuencia, nos permite descubrir y demostrar nuestra libertad innata.

Jesús nos aseguró: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Las enseñanzas de Jesús, cuando se absorben, aman y entretejen en la tela misma de nuestros pensamientos y acciones, nos hacen eternamente libres —igualmente libres del mal y libres para expresar plenamente, a nuestra manera única y original, a la Mente, Vida, Verdad y Amor infinitos que es Dios—.

Lisa Rennie Sytsma
Redactora en Jefe

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