Skip to main content Skip to search Skip to header Skip to footer
Original Web

Sana del hábito de fumar

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 9 de noviembre de 2026

Original en español


Hace más de tres décadas yo fumaba. Empecé a fumar a los catorce años, primero a escondidas y luego abiertamente. En esa época, casi todo el mundo fumaba. Cuando empecé a trabajar en una oficina a finales de mi adolescencia, había ceniceros en todos los escritorios.

De chica nunca había oído hablar de la Ciencia Cristiana ni sabía que la curación espiritual era posible. Mi familia practicaba una religión diferente. Me enseñaron a creer que necesitábamos un intermediario para comunicarnos con Dios, pero aun así yo quería averiguar por mí misma si Él existía.

A los veintitantos años, aprendí que Dios, el Amor divino, no necesita intermediarios cuando encontré el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, de Mary Baker Eddy, en la mesita de noche de mi madre. Lo abrí y leí: “Para los que se apoyan en el infinito sostenedor, el día de hoy está lleno de bendiciones” (pág. vii). Esa primera frase del Prefacio me llenó de alegría, y me di cuenta de que hay un Dios infinito. Seguí leyendo Ciencia y Salud todos los días.

Fue una revelación para mí que Dios es Amor y no nos castiga. El libro fue, de hecho, la clave de las Escrituras porque me enseñó que podía abrir la Biblia sin miedo (me habían educado para creer que solo un líder ordenado de mi iglesia podía leer la Biblia).

Aunque ahora ya sabía acerca de la Ciencia Cristiana, en la ciudad donde vivía no hubo ningún grupo, iglesia o sociedad de la Ciencia Cristiana por más de diez años. No obstante, durante más de diez años, estudié la Biblia y Ciencia y Salud a diario, con gran interés, si bien nunca pensé que la curación física o liberarme del hábito de fumar fueran posibles para mí.

Con el tiempo me cansé de fumar y de estar atada a este hábito. Intenté dejarlo varias veces, usando diferentes métodos, pero no lo logré. Siempre volvía a caer en el hábito, lo que me hacía sentir triste por no haberlo logrado. Me di cuenta de que estaba cometiendo el error de condenarme a mí misma. Desde el fondo de mi corazón, comencé a pedirle a Dios cómo podía liberarme de ese sentimiento de culpa. Empecé a examinarme a mí misma y a preguntarme qué ganaba con fumar. Sentía que le estaba atribuyendo un sentido de libertad y cualidades tales como tranquilidad y compañía a los cigarrillos.

Mientras estudiaba la Ciencia Cristiana, vislumbré que estas cualidades provienen de Dios, no de una sustancia material. Son cualidades buenas, deseables y saludables, y Dios se las otorga a todos Sus hijos, incluyéndome a mí. Al darme cuenta de esto, decidí dejar de condenarme y tuve la certeza de que fumar no me podía hacer nada bueno.

Un día, con toda naturalidad decidí dejar de fumar. Años después, cuando hablaba con un médico a quien respeto mucho, le conté esto, y me respondió con bastante firmeza que nadie que deja de fumar jamás deja de querer fumar. No discutí. Pero estoy agradecida de haber comprendido que mi origen es espiritual y que solo el Espíritu divino puede satisfacerme. Con esta comprensión, encuentro que con Dios nada es incurable o imposible. He demostrado esto en mi vida y estoy agradecida por ello.  

Hasta el día de hoy, haberme liberado de todo deseo de este hábito me trae gran alegría.

Olga Breccia
Rosario, Santa Fe, Argentina

Para explorar más contenido similar a este, lo invitamos a registrarse para recibir notificaciones semanales del Heraldo. Recibirá artículos, grabaciones de audio y anuncios directamente por WhatsApp o correo electrónico. 

Registrarse

Más artículos en la web

La misión del Heraldo

 “... para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la Verdad...”

                                                                                                          Mary Baker Eddy

Saber más acerca del Heraldo y su misión.