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Buenas Noticias

Al enfrentar la tormenta

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 24 de agosto de 2026


Mi esposa y yo compramos un refugio de serenidad: una encantadora propiedad rica en bosques que se abren a una vista de pantanos junto a un río. Sin embargo, nueve meses después esa serenidad se vio interrumpida por una serie de fenómenos meteorológicos. En los dos primeros, el agua rodeó nuestra casa, llenando el entrepiso hasta la mitad. La tercera, una descomunal tormenta, trajo tanta lluvia sobre una bahía del océano cercana que se acumuló en el río cerca de nuestra propiedad a lo largo de varios kilómetros. 

El viento y la lluvia persistieron durante días mientras el agua seguía subiendo. Cuando el agua empezó a filtrarse por las tablas del suelo de la casa, apilamos muebles con desesperación para que no se estropeara todo. Estuvimos despiertos casi toda la noche, vigilando el nivel del agua y considerando las incertidumbres que entraña evacuar. 

Mientras nos preparábamos para abandonar la casa, me quedé en el porche y con gran convicción le dije a la tormenta: “Hasta aquí y no más”. Reconocí esto como parte de una declaración de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy: “La adhesión, la cohesión y la atracción son propiedades de la Mente. Pertenecen al Principio divino y sostienen el equilibrio de esa fuerza-pensamiento que lanzó a la tierra en su órbita y dijo a la ola orgullosa: ‘Hasta aquí, y no más’” (pág. 124). Aunque parecía inútil en medio del agua que se acercaba, sentí la necesidad de enfrentar con firmeza la pretensión de que podía haber una fuerza mayor que Dios.

Por la mañana, supimos que era hora de irnos. Fue entonces cuando llegó una llamada. Una querida amiga de la iglesia sintió la repentina inspiración de llamar, y le contamos nuestra situación. Sin dudarlo, dijo que tomáramos a los gatos y nos mudáramos a su casa. Mi mujer y yo, llevando a nuestros gatos, salimos de la casa a través del agua que nos llegaba al muslo. 

Esa noche, me derrumbé de agotamiento y preocupación por lo que podríamos encontrar al volver a casa. Pero mi esposa y yo seguimos orando, y al día siguiente, nuestra forma de pensar sobre la situación había cambiado. Nos despertamos agradecidos por la generosidad de nuestra amiga y sabiendo que estábamos completamente bajo el cuidado de Dios. 

Palabras del Himnario de la Ciencia Cristiana resonaron en mi mente:

Padre, Tus amantes hijos
hacia Ti gozosos van;
saben bien que en Tu camino
protección encontrarán.

(Elizabeth C. Adams, N.° 58, © CSBD)

Al comenzar cada mañana acudiendo a nuestro Padre-Madre Dios en busca de guía, veíamos la prueba de estas palabras.

En menos de 48 horas, el viento y el agua que subía cesaron, permitiéndonos caminar por la casa. Aunque tuvimos que limpiar algunos escombros alrededor de la propiedad, parecía que el agua dentro de la casa no había subido más allá de cuando nos habíamos ido. Una empresa de restauración de casas con la que nos comunicamos apareció al día siguiente con secadoras y ventiladores, y retiraron la alfombra mojada. Y un perito de nuestra compañía de seguros respondió en un día y fue amable y servicial. 

Este tipo de cooperación y bondad continuó durante todo el proceso de limpieza, y seguimos comenzando cada día con gratitud por todas las bendiciones y sabiendo que cada día revelaría aún más de la gracia de Dios. Ciencia y Salud dice: “La paciencia debe ‘[tener] su obra completa’” (pág. 454). La paciencia no consiste en esperar una solución material, sino más bien en mantener la confianza de que la obra de Dios ya está completa.

Nos quedamos con nuestra amiga unas semanas mientras un grupo de amigos de la iglesia y del trabajo nos ayudó a vaciar la casa de muebles para facilitar el secado y el cambio del suelo (y luego amablemente regresaron para volver a poner todo en su lugar). 

Como vivíamos en un humedal designado, trabajamos amigablemente con nuestro servicio nacional de respuesta a desastres y con las autoridades estatales y del condado cuando decidimos tomar precauciones elevando la casa casi un metro y medio. Este trabajo iba a durar varios meses, así que nuestro empleador organizó que nosotros (incluidos los gatos) nos alojáramos en una zona cercana a donde trabajábamos. Esto nos permitía caminar al trabajo cada mañana, disfrutando del ambiente local. Incluso el importante préstamo bancario que conseguimos para reconstruir la casa se pagó poco después.

Cuando nos enfrentamos a tormentas —cualquier desafío que amenace perturbar nuestra paz y armonía espiritual— podemos aferrarnos con firmeza al reconocimiento de que nada más que el bien puede derivar del Amor siempre presente. La destrucción, el peligro y el pánico pierden su punto de apoyo cuando reconocemos que todas las acciones buenas y amorosas que ocurren a nuestro alrededor tienen su origen en Dios: el bien.

En Ciencia y Salud leemos: “El pobre cora­zón sufriente necesita su legítimo nutrimento, tal como paz, paciencia en las tribulaciones y un inestimable sentido de la bondad del amado Padre” (págs. 365-366). A veces, tal vez sintamos que este “legítimo nutrimiento” de cualidades espirituales no es lo que se necesita cuando un evento catastrófico ha causado pérdida y devastación. Pero nos asegura nuestro bienestar espiritual, que no se ve afectado por las condiciones físicas.

Cristo Jesús enseñó a sus seguidores: “El reino de Dios dentro de vosotros está” (Lucas 17:21, KJV). Por lo tanto, la vida eterna y la armonía son nuestras ahora, y el Amor divino nos apoya siempre —a cada momento y de todas las formas—.

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