Cuatro años de universidad, luego cursos de posgrado, seguidos de cambios de carrera, empleador y ubicación —gran parte de esto en plena pandemia— habían culminado en el precario empleo de nuestro hijo como trabajador de colaboración (un contratista independiente que realiza trabajos temporales o independientes). Mi esposo y yo nos quedamos al margen pensando: “¿Por qué está pasando esto?”
Mientras oraba por la situación, me ayudó pensar en cómo debieron sentirse los israelitas durante su Éxodo. Siguieron adelante, armados con la promesa de una tierra llena de bendiciones y prosperidad, pero se encontraron con escasez y pobreza, y a menudo se quejaban a Moisés de su carencia.
Entonces desperté con esta promesa de la Biblia: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
Me di cuenta de que nuestro hijo era tanto el “derrame” como el “derramado” —una bendición maravillosa para el mundo y receptor de la bendición del Amor—. A medida que anhelaba entender cómo podía ser una bendición de esta magnitud, mis oraciones desplazaron el deseo de que hubiera un resultado concreto.
En tres días, nuestro hijo recibió 13 invitaciones para entrevistas y, posteriormente, recibió cinco ofertas formales de empleo permanente en su campo de trabajo. Dios, de hecho, había derramado una bendición más allá de lo que nuestro hijo podía aceptar humanamente. Este resultado representó, espiritualmente, la bendición de una oportunidad infinita para que nuestro hijo trabajara y brillara en la viña de Dios.
¿Entonces por qué tanta lucha? La Biblia dice: “Así que Dios eligió un camino diferente y más largo que guio a la comunidad de Su pueblo a través del desierto hacia el Mar Rojo. Los israelitas salieron de la tierra de Egipto como un ejército listo para la batalla” (Éxodo 13:18, The Voice).
Cuando parece una larga marcha por el desierto mientras nos esforzamos por alcanzar un terreno espiritual cada vez más elevado, nuestro amoroso Padre-Madre Dios cultiva en Su hijo la generosidad, la persistencia y la paciencia, asegurando así bendiciones abundantes.
Una nota del hijo de Catherine: Hace seis meses que estoy empleado y no he olvidado la secuencia de acontecimientos que me llevó a esta nueva carrera. Estoy agradecido por mi mamá y su profunda comprensión de la Ciencia Cristiana, que ayudó a convertir lo que parecía un callejón sin salida en el comienzo de un nuevo capítulo en mi vida. Mi trabajo actual requiere paciencia, calma y el enfoque de orar en todo momento. Estoy agradecido de que, desde que encontré mi trabajo, sigo apoyándome en la Ciencia Cristiana durante todo el día.
