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El diagnóstico del caballo fue anulado

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 7 de septiembre de 2026


Mi hija está en la universidad y su caballo, Leawood, está alojado cerca de ella. Un día del invierno pasado, recibí el siguiente mensaje de ella:

“Hola, papá, ¿podrías orar por Leawood? El veterinario le sacó algo de sangre para analizar cuando le hicieron la endoscopía y dijo que es anémico y tiene un recuento bajo de glóbulos blancos. Dijeron que podría ser simplemente la enfermedad de Lyme, o algo realmente grave que no pueden tratar. No lo sabremos hasta que el veterinario haga las pruebas de Lyme”.

Le respondí: “Claro, voy a orar por él. Empecemos por cómo Dios lo ve: como una expresión hermosa, pura, completa y espiritual del Divino sin un solo error. Dios es su vida”.

Empecé a orar cada mañana por Leawood. Oro por toda la familia cada mañana, pero ahora le presté especial atención a afirmar la verdadera naturaleza espiritual de Leawood como creación de Dios, el Espíritu divino. El título de la Lección Bíblica de esa semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana era “Verdad” (un nombre bíblico para Dios). Mientras leía la Lección, me di cuenta de que nuestras oraciones no hacen que algo sea verdad —¡la naturaleza espiritual de Leawood ya era verdadera!—. Y porque era verdad, no necesitaba hacer oraciones largas y verbosas. Podía estar en paz manteniendo en mi pensamiento la verdad de la naturaleza espiritual y perfecta de Leawood.

Una semana después, mi hija dijo que el veterinario había determinado que el problema no era la enfermedad de Lyme, sino que habían derivado el caso de Leawood a un especialista, porque parecía bastante grave. El especialista había hecho comentarios muy negativos y no sabía nada que pudieran hacer para ayudar. Mi hija parecía asustada —temerosa de este diagnóstico y de los posibles costos del tratamiento, que podrían aumentar rápidamente—. El especialista quería hacer otro análisis de sangre, y sugerí que aprovecháramos ese tiempo para saber que todos los implicados solo podían ver lo que era verdad, solo lo que Dios sabía sobre Leawood. Le dije a mi hija lo que estaba viendo: que la verdadera naturaleza de Leawood era espiritual, perfecta, completa y libre, y que nuestras oraciones no estaban haciendo que esto fuera verdad, sino que afirmaban que ya era verdad. Realmente me aferré a la parte de que ya era cierto. No quería caer en la trampa de sentir que era personalmente responsable de orar “lo suficientemente fuerte” como para que se produjera la curación, como si yo necesitara —o pudiera— hacer la verdad más cierta. La verdad siempre es cierta.

Después de otra semana más o menos, tuvimos este intercambio de mensajes: 

Hija: “¡Buenas noticias! ¡Los análisis de sangre de Leawood salieron bien esta vez! El veterinario se sorprendió mucho y no tenía ni idea de por qué la última vez parecía tan mal. Así que está bien :).”

 Yo: “¡Genial!”

Sabemos lo que pasó; ¡gracias, Dios! Leawood es una expresión hermosa, espiritual y armoniosa de la naturaleza de Dios. Esta es la verdad. No podemos hacer que sea verdad; simplemente estamos afirmando y conociendo la realidad espiritual.

Kenneth Whitehead
Harper’s Ferry, West Virginia, EE. UU.

 

Soy la esposa de Kenneth. Cuando me informaron de la situación de Leawood, supe al instante que siempre estaba bajo el cuidado de Dios y que nada podía hacerlo sentir incómodo o enfermo en ningún momento. Él es el caballo de Dios y nada más que Dios puede influir en Su expresión. Dios es Todo, y Leawood, Su creación, no puede ser otra cosa más que completo, sano y libre. El Amor, Dios, reina, y la opinión humana no tiene cabida en el reino de Dios. Dios perfecto, hombre perfecto y caballo perfecto.

Dawn Whitehead

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