Alma es sinónimo de Dios, o Espíritu, y expresa la vasta y eterna belleza de la santidad, reflejada en el hombre y el universo. La Lección Bíblica de esta semana sobre el tema “Alma” en el Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana nos muestra que ceder a la gracia del Alma nos ayuda a vislumbrar nuestra propia naturaleza y dignidad divinas y la de toda la humanidad.
Tuve una demostración clara de cómo el Alma despliega la armonía y la curación. El año pasado visité a mi hermana y a su familia en Nueva Zelanda para las fiestas, y durante el desayuno me tragué un trozo de limoncillo de dos centímetros y medio de largo; es una hierba bastante dura y áspera. Se me quedó atascada en la garganta de una forma extraña que no podía quitarla ni tragarla. No tenía dolor, pero era muy incómodo.
Como Científica Cristiana, sabía que la discordia no podía interrumpir la armonía, incluyendo el tiempo valioso con la familia que no había visto en casi siete años.
Los Científicos Cristianos se alimentan orando con la diaria inspiración de la Biblia y de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy. Esa mañana mi pensamiento estaba lleno de la vastedad de Dios y de Su infinita manifestación —una comprensión clara y alegre de que soy la expresión de mi Creador, del eterno Todo-en-todo, Dios, el bien—. La Sra. Eddy lo expresa así: “Dios es infinito, la única Vida, sustancia, Espíritu o Alma, la única inteligencia del universo, incluyendo el hombre” (Ciencia y Salud, pág. 330).
Había huéspedes quedándose en la casa y, con genuina preocupación, sugirieron varias formas de ayudar a resolver el problema. Participé con alegría en la actividad a mi alrededor, pero luego sentí el fuerte impulso de encontrar un lugar tranquilo y orar.
Ciencia y Salud dice: “El Espíritu, Dios, se oye cuando los sentidos están en silencio” (pág. 89). Me escabullí hacia nuestro dormitorio, cerré la puerta y, con el profundo deseo de ceder a Dios, sentí la necesidad de escuchar la grabación de audio de la Lección Bíblica de la Ciencia Cristiana de esa semana, que había leído y estudiado esa mañana. Lo que me vino fue la intuición simple pero valiosa de que la curación no consiste en alcanzar la gracia de Dios, sino en la amorosa libertad que surge al reflejar a Dios.
Este pensamiento me fortaleció con una alegría tan sagrada que es imposible de describir con palabras. Una falsa carga desapareció. No tenía miedo. Me tumbé en la alfombra, bebiendo el tierno amor que emanaba de las ideas espirituales que estaba escuchando.
Una conocida historia de la Biblia de cuando Cristo Jesús sana a los diez leprosos destacó la importancia de la gratitud a Dios por la curación (véase Lucas 17:11-19). Mi corazón se abrió, lleno de gratitud por la gracia de Dios que me rodeaba. En ese mismo momento tosí, sentí un ajuste en la garganta y el trozo de limoncillo se desprendió. Con absoluta humildad seguí reconociendo y amando la verdad sanadora que estaba escuchando.
La Sra. Eddy escribe: “El Espíritu es Dios, el Alma; por lo tanto, el Alma no está en la materia” (Ciencia y Salud, pág. 300). Como expresión del Alma, tú y yo somos espirituales y reflejamos la naturaleza divina de Dios. Tenemos la capacidad de expresar esto de forma más completa día a día. Jesús nos instó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30). Cuando, con mansedumbre, esperamos en Dios para vislumbrar quiénes somos realmente, vemos la tranquila supremacía de Dios en acción. Nuestra conciencia llena del Alma purifica, sana y salva, irradiando hacia afuera, bendiciendo no solo a quienes nos rodean, sino a todos aquellos a quienes nuestros pensamientos abrazan en el reverente amor y la paz de Dios.
Si eres nuevo en las Lecciones Bíblicas semanales del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana, puedes aprender más sobre ellas aquí: https://biblelesson.christianscience.com/es
