Cuando nos vienen a la mente imágenes de rocas majestuosas —como la imponente Roca Haystack de Oregón o la descomunal Roca de Gibraltar en la puerta sur de la península ibérica— instintivamente sentimos una firmeza inquebrantable.
Sin embargo, en el profundo léxico de la Ciencia Cristiana, la palabra roca trasciende la geología. Mary Baker Eddy ilumina su significado metafísico en el Glosario de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, cuya primera parte es “fundamento espiritual; la Verdad” (pág. 593).
El estudio diligente de la Biblia y los escritos de la Sra. Eddy revela que la roca inmutable, la Verdad divina, expone la enfermedad, el pecado y la discordia como ilusiones, creencias falsas. La Mente Infinita, Dios, expresa la salud, la armonía y el amor eternos —la perfección de Su creación— como la única realidad. Ciencia y Salud afirma: “Dios solo, el Espíritu, creó todo y lo llamó bueno” (pág. 339).
Experimenté esta verdad vívidamente un viernes por la mañana, mientras paseaba por un precioso parque cerca de mi casa. Mi bulldog inglés de un año correteaba alegremente hasta que un susto repentino la hizo salir huyendo. Al perseguirla, no vi un agujero profundo y oculto, y tropecé en él, hiriéndome ambos pies. Cojeando con mucho dolor hasta el coche, volví a casa y me refugié en un dormitorio. Cerré la puerta y traté de centrar mis pensamientos en Dios, mi fuente de salud y bienestar. Sin embargo, aunque ninguno de los pies se hinchó ni mostró heridas, la incomodidad se intensificó, haciéndome imposible caminar.
Mientras el dolor aumentaba, me aferré al Cristo, la Verdad, como uno se aferra a una roca en un mar agitado. La salvación llegó a través de una llamada telefónica de un amigo que también es Científico Cristiano. Al enterarse de mi difícil situación, me dijo con firmeza: “Recuerda, eres totalmente espiritual; no te dejes engañar”. Esas palabras provocaron una transformación mental. Cuando mi marido vino a ver cómo estaba, pude asegurarle que el tratamiento de la Ciencia Cristiana ya había comenzado.
Con creciente convicción, me declaré a mí misma: “Rechazo el engaño; el dolor no tiene cabida en mi ser como hija de Dios”. Y una línea de un himno resonó en mi pensamiento: “Roca eterna, ideal Verdad, / ¡ que Tu fuerza more en mí!” (Frederic W. Root, basado en A. M. Toplady, Himnario de la Ciencia Cristiana, N.° 293). Tomé un bastón para apoyarme temporalmente, me levanté y caminé hacia la sala de estar, insistiendo en que no había ocurrido nada, salvo la actividad ininterrumpida de Dios, el bien. Esa noche, me moví casi con normalidad; y el domingo, serví con toda libertad en la iglesia.
Esta curación tan rápida confirmó que apoyarse en la roca de la Verdad sana cualquier dificultad, por más urgente que sea. El Salmo 18:2 lo expresa de esta manera: “El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador; mi Dios, mi fuerza, en quien confiaré” (KJV).
Griselda Bravo
Tampa, Florida, EE. UU.
