El Journal se complace en ofrecer a los lectores la cuarta columna ocasional de la Oficina de Actividades de Practicistas de la Ciencia Cristiana en La Iglesia Madre en Boston. “Caminos hacia la práctica” es autobiográfico. Aunque los colaboradores, presentados aquí como dos autores anónimos, son ahora experimentados practicistas de la Ciencia Cristiana, aún no figuraban en los directorios del Journal ni de El Heraldo de la Ciencia Cristiana cuando aceptaron humildemente sus primeros pedidos de tratamiento de la Ciencia Cristiana, y se pusieron manos a la obra de inmediato. A continuación, en sus propias palabras, estos sanadores del siglo XXI trazan la respuesta del corazón y la mente al llamado inequívoco de Cristo Jesús: “Sanad enfermos”. Confiamos en que los lectores se sientan alentados, paso a paso, a renovar su propio compromiso con la curación cristiana científica en el siglo XXI y a compartir este valioso don de la gracia de Dios con toda la humanidad.
Desde que tomé instrucción de Clase Primaria en la Ciencia Cristiana, me quedó claro que mi trabajo era ser practicista de la Ciencia Cristiana. Hasta que di ese paso, trabajé como maestra y apliqué las verdades de la Ciencia Cristiana en mi vida tanto como pude.
Cuando nació mi primer hijo, dejé de trabajar como maestra y me regocijé sabiendo que podría trabajar como practicista tanto como una mamá que se queda en casa. A las pocas semanas de la llegada del bebé, vinieron las primeras llamadas pidiendo ayuda mediante la oración. Cuando mi hijo fue a la guardería, guardaba mis libros —un ejemplar de la Biblia y de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras de Mary Baker Eddy— en el auto, a fin de poder aprovechar cada momento libre para mi práctica.
Hubo momentos en los que las finanzas fueron difíciles para nuestra familia sin mi antiguo salario. Empecé a recopilar citas sobre provisión de la Biblia, los escritos de la Sra. Eddy, el Himnario de la Ciencia Cristiana y artículos de las publicaciones de la Ciencia Cristiana. Los puse en un cuaderno que repasaba a menudo.
Un par de citas que incluí fueron, primero, esta de la Biblia: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Y de Ciencia y Salud: “El Espíritu alimenta y viste debidamente todo objeto, a medida que aparece en la línea de la creación espiritual, expresando así tiernamente la paternidad y la maternidad de Dios” (pág. 507). Esto me ayudó a ver que nuestro Padre-Madre Dios invariable cuidaba de mí y de mi familia.
A veces anotaba ejemplos de cómo esa provisión había llegado a nuestra familia. Empecé a darme cuenta de que el bien fluía en nuestras vidas desde todos los ángulos, y apreciaba cada forma en que esa provisión nos llegaba. Las experiencias que recordaba me hacían una persona más agradecida.
Me di cuenta de que aprender a confiar en la provisión de Dios para nosotros también estaba fortaleciendo mi dependencia en Dios de otras maneras. Y fue alentador pensar en la práctica de mi maestro de la Ciencia Cristiana. Empecé a comprender que era más fuerte porque él se había apoyado en Dios para todo, incluida la provisión; este apoyo hacía que fuera un sanador más eficaz.
A medida que nuestra familia empezó a confiar en Dios para todo, nuestra vida no fue menos rica sino más —más llena de valor y aprecio del bien, y menos del materialismo—.
Un día, leí en la Biblia un relato de una multitud que vino a escuchar a Cristo Jesús: “Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer” (Mateo 14:15, 16). Entonces él, apoyándose en la provisión de Dios, suplió su necesidad de alimento.
Las palabras de Jesús, “No tienen necesidad de irse”, me impactó. Me di cuenta de que prestar atención a la verdad espiritual satisface nuestras necesidades. Podía confiar en Dios y no apartarme de mi práctica de la Ciencia Cristiana para ayudar a proveer a nuestra familia con lo que se necesitaba. Las demostraciones vinieron de muchas maneras. Ya fuera una bolsa grande de tomates de un vecino, el uso de una cabaña durante una semana por parte de un miembro de la iglesia o encontrar ofertas de ropa, las necesidades poco a poco fueron satisfechas junto con cosas extras para que nuestra familia disfrutara. Empecé a aprender que Dios cuidaba de nosotros de maneras grandes y pequeñas.
La Sra. Eddy escribe: “A medida que disminuya el conocimiento material y aumente la comprensión espiritual, los objetos verdaderos se percibirán mentalmente en vez de materialmente” (Ciencia y Salud, pág. 96). Demostrar la Verdad llena nuestras vidas de verdadera sustancia, y esta vida sustancial no deja de abastecer nuestras necesidades humanas. A lo largo de más de tres décadas, mi comprensión de la provisión de Dios ha crecido y se ha profundizado, fortaleciendo mi práctica, lo cual no nos ha privado ni a mí ni a mi familia de nada en absoluto.
La Sra. Eddy explica: “De modo que todo lo penoso que enfrentemos en la lucha cristiana no debemos tomarlo en cuenta, mas debemos pensar cuál sería nuestra pobreza y desamparo sin esta comprensión, y contarnos siempre como deudores a Cristo, la Verdad” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 281).
