Skip to main content
Original Web

Para jóvenes

Rápida curación de una lesión producida en un juego de fútbol americano

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 2 de julio de 2019


Traspiración. Adrenalina. El pasto de la cancha debajo de mis botines de fútbol. Estábamos en la mitad del partido, y mi trabajo era correr hasta la línea final y detener a uno de los defensas del otro equipo antes de que pudiera darse cuenta de nuestra estrategia y persiguiera la pelota.  

“¡Down!”, gritó nuestro quarterback. “¡Listos, corran, corran!” 

Yo estaba inclinado hacia adelante para salir corriendo lo más rápido posible tan pronto lanzaran el balón. Salí disparado para llegar a la línea de defensa y sabía exactamente a qué jugador debía bloquear. Pero cuando pasé corriendo la primera línea, otro jugador me golpeó en la rodilla. Caí de cara con la máscara protectora contra el pasto. 

Me dolía muchísimo la pierna izquierda, pero con un poco de aliento de mi entrenador, logré ponerme de pie y salir de la cancha. Inmediatamente pensé en lo que he aprendido en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana, y sabía que por medio de la oración podía sanarme rápidamente. 

Mientras estaba sentado orando, mi papá —que había estado viendo el partido— me mandó un mensaje que realmente ayudó. Era un pasaje de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, por Mary Baker Eddy: “La Ciencia divina del hombre está tejida en una sola tela consistente, sin costura ni rasgón” (pág. 242).

Si pensaba en mi cuerpo desde un punto de vista físico, parecía como si estuviera formado por partes que pueden ser desgarradas o quebradas. Pero he aprendido que, en realidad, cada uno de nosotros es espiritual, sano y perfecto porque Dios nos creó de esta forma y nos mantiene así. Este pasaje de Ciencia y Salud me ayudó al confirmar exactamente este hecho. Al pensar en mi cuerpo espiritualmente, pude ver que una hebra consistente de perfección lo entreteje estrechamente y lo mantiene intacto. Nada respecto a mí podía ser desgarrado o rasgado, porque yo estaba protegido por el amor y el cuidado constantes de Dios. 

Esto fue muy reconfortante, y en unos 15 minutos el dolor había desaparecido casi por completo y estaba listo para volver a la cancha. Ganamos el partido y comenzamos a prepararnos para nuestro partido local de la semana siguiente.

Yo estaba muy contento porque habíamos ganado, pero mi pierna todavía no se había recuperado totalmente y tenía un poco de miedo de regresar a la cancha. Así que se lo dije a mis padres y todos oramos juntos. 

Mi papá estaba orando con un pasaje que lo había ayudado a él a sanar cuando se dislocó la cadera en el bachillerato, y la compartió conmigo: “La Mente es la fuente de todo movimiento, y no hay inercia que retarde o detenga su acción perpetua y armoniosa” (Ciencia y Salud, pág. 283). Así como era útil pensar en mi cuerpo espiritualmente, era útil pensar en el movimiento desde un punto de vista totalmente espiritual. Comprendí que puesto que la Mente, Dios, es la única fuente de movimiento, nada podía impedirme moverme con libertad. Asimismo, nada podía impedirme avanzar; progresar o sanar.

El temor que había sentido de regresar a la cancha desapareció, y durante nuestra siguiente práctica me sentí libre de moverme normalmente y prepararme para los partidos locales con el equipo. No he tenido ningún problema desde entonces y estoy muy agradecido por esta rápida curación.

Más artículos en la web

La misión de El Heraldo

La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

Saber más acerca de El Heraldo y su misión.