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¿Escribir para las publicaciones periódicas? Deja que el Cristo te guíe

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 26 de febrero de 2026


En el evangelio de Mateo, Cristo Jesús promete: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones: … he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20). ¡Qué garantía! 

Aunque el hombre Jesús ascendió, su naturaleza divina, el Cristo eterno —la “divina manifestación de Dios” (Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 583)— está siempre con nosotros. El Cristo nos muestra a todos el poder de Dios que hace efectiva la orden de Jesús a sus seguidores de sanar a los enfermos, expulsar el pecado, resucitar a los muertos y predicar el reino de Dios. El Cristo no presenta solo una partícula, un poco o parte, sino la imagen completa de lo que Dios nos proporciona para apoyarnos en nuestra gran misión de predicar el evangelio; al compartir con otros el poder sanador del Amor divino, Dios.

Escribir para las revistas de la Ciencia Cristiana puede considerarse como predicar el evangelio. Es un aspecto del apostolado, y es un alegre privilegio. Pero ¿cómo pueden los estudiantes de la Ciencia Cristiana poner en práctica ese ardiente deseo de seguir esta directiva? No muchos de nosotros somos escritores formados o con experiencia, y puede resultar difícil. O quizá tenemos tantas ideas de artículos en cuadernos, en la computadora, a medio escribir o guardados en archivos, que puede parecer arduo incluso comenzar, y mucho menos terminar el trabajo, especialmente cuando estamos ocupados o distraídos con otras actividades. Entonces, ¿cómo empezamos? 

Un buen punto de partida es recordar que el Cristo está con nosotros en la directiva de “[ hacer] discípulos a todas las naciones” y apoya nuestro deseo de comunicarnos. A medida que se nos guíe a compartir cómo Cristo nos ha inspirado y traído curación, esa misma inspiración iluminará y guiará nuestra escritura. Cuando Jesús habló del poder que Dios da para sanar la enfermedad y salvar del pecado y la muerte, esto incluía comunicar el evangelio para ayudar a otros a sanar. Y no nos habría pedido que emprendiéramos este trabajo si no pudiéramos hacerlo. 

Ciencia y Salud nos dice que el Cristo es “el divino mensaje de Dios a los hombres que habla a la consciencia humana” (pág. 332). La verdad de Dios, y del hombre —la verdadera identidad espiritual de cada uno de nosotros— como imagen de Dios, nos habla, revelando la ley de la armonía infinita de Dios y permitiéndonos compartir esta comprensión con los demás.

La Sra. Eddy escribió —en una época en la que The Christian Science Journal era la única publicación periódica de la Ciencia Cristiana— que los estudiantes de la Ciencia Cristiana “debieran subscribirse a nuestra revista, trabajar por ella, escribir para ella y leerla” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 271). Durante muchos años, con gran alegría y gratitud, he leído y me he suscrito al Journal y a otras publicaciones de la Ciencia Cristiana. Aunque no he trabajado directamente para ellas, mi oración diaria para que la misión de cada revista avance a través del poder y la eficacia de la Palabra de Dios es una forma de trabajar para ellas. No obstante, no estaba haciendo lo que consideraba también mi deber como estudiante de la Ciencia Cristiana: escribir para ellas.

Me di cuenta de que podía ser más dedicada y responder a este llamado, así que convertí una idea que tenía en un artículo. Escribí, revisé, pedí opiniones a amigos, reescribí y lo envié. Recibí comentarios muy afectuosos del equipo editorial, que agradecí mucho, pero el artículo no fue aceptado. Para ser publicable, el artículo necesitaba más revisiones. Lo corregí y volví a enviarlo, pero seguía sin funcionar. Lo primero que pensé fue: “¡Esto es demasiado difícil!”

Pero dejé a un lado el desaliento y la frustración, sabiendo que necesitaba elevar mi pensamiento y avanzar con alegría. Escribir para las revistas de la Ciencia Cristiana consiste en escuchar a Dios, la Mente divina, para recibir pensamientos que traen un amor sanador al escritor y al lector: pensamientos angelicales, mensajes de Dios. Dios no nos daría un deseo correcto sin darnos también la capacidad de avanzar para cumplirlo. Compartir ideas sanadoras mediante la escritura es un deseo correcto. Esta tarea no es demasiado difícil para nosotros, y la guía amorosa de Dios está a nuestro alcance para ayudarnos a demostrarlo.

Esta oración de la Biblia se aplica perfectamente a los escritores: “Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, … para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” (Filemón 1:4, 6). Lo más importante al escribir es reconocer que las cosas buenas —la inspiración; la persistencia; el amor a Dios y a Su creación, incluidos todos Sus hijos amados—  están presentes en cada uno de nosotros. ¡Y Dios trabaja con nosotros!

Orando con esta idea, empecé a entender que, así como el Cristo estuvo presente conmigo cuando tuve curaciones que demostraron el poder de Dios sobre la enfermedad y el pecado, el Cristo está conmigo cuando predico el evangelio; en este caso, escribiendo para las publicaciones periódicas.

Continué, de la mano con Dios, escuchando el mensaje del Cristo para compartir. Reescribí y volví a enviar el artículo. Esta vez fue aceptado para su revisión y posible publicación. Durante todo el proceso de revisión, seguí entendiendo que el evangelio —la buena noticia que Jesús proclamó del reino de Dios dentro nosotros— era el mensaje que los redactores y yo estábamos poniendo en primer plano. Todos estaban escuchando al Cristo. Y el artículo avanzó armoniosamente hasta su publicación.

A veces puede resultar difícil escribir y compartir ideas sanadoras, pero no es demasiado difícil para nosotros, como linaje de Dios, la Mente divina. La Mente está con nosotros, dándonos los pensamientos que necesitamos. ¡Qué alegría escribir, sabiendo que Dios está con nosotros y dejando que el Cristo, el mensaje divino de Dios, guíe el camino!

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