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Cristo Jesús: “el hombre pleno de gozo”

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 23 de febrero de 2026


Se entiende que Cristo Jesús es el cumplimiento de las profecías bíblicas, como la predicción de Isaías de “varón de dolores y experimentado en aflicción” (Isaías 53:3, LBLA). Pero recientemente, al ver un cuadro de Jesús sonriendo e irradiando alegría, me sentí inmediatamente atraído por esa imagen de nuestro querido Maestro y Salvador. 

Me di cuenta de que realmente no había pensado en él de esa manera. Siempre había imaginado a Jesús como un hombre sobrio, considerado de pensamiento espiritualizado cuya misión era, en palabras de Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana, “revelar la Ciencia del ser celestial, probar lo que Dios es y lo que Él hace por el hombre” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 26). Por cumplir esta misión, fue rechazado, ridiculizado, perseguido y finalmente crucificado. Me costó ver cómo encajaba la alegría en toda esa experiencia. No obstante, en su discurso de despedida con sus discípulos, Jesús dijo: “Les he dicho estas cosas para que se llenen de mi gozo; así es, desbordarán de gozo” (Juan 15:11, NTV). También les prometió: “su dolor se convertirá de pronto en una alegría maravillosa” (Juan 16:20; NTV).   

¿Qué sabía Jesús sobre la alegría, y cómo puede eso consolarnos y elevarnos mientras enfrentamos lo que a veces parecen desafíos interminables?  

Al reflexionar sobre estas preguntas, encontré una pista sobre los efectos de dormir y soñar. En algunos sueños, me encuentro en situaciones difíciles o imposibles. Cuanto más intento corregir las situaciones mientras sigo dormido, más permanecen. Pero cuando despierto, el sueño desaparece, y también los pensamientos opresivos. No me veo pasando el día con tristeza o miedo por haber tenido una pesadilla. Me alegra estar despierto, activo y ser productivo. 

Como el salmista, estoy “satisfecho cuando [despierto]” (Salmos 17:15, KJV). Pero no es solo el alivio de una pesadilla lo que realmente trae alegría. Es toda la verdad que se encuentra en el versículo completo la que da verdadera satisfacción: “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”. La imagen y semejanza de Dios, el bien, es el verdadero hombre; la descendencia espiritual de Dios. Comprender que somos hechos a imagen y semejanza de Dios nos despierta a la alegría y la satisfacción y nos trae curación.

Cuando la Sra. Eddy hizo referencia a la profecía de Isaías sobre Jesús en Ciencia y Salud, arrojó luz sobre cómo Jesús cumplió realmente esta profecía. Escribió: “El ‘varón de dolores’ comprendió mejor que nadie la nada de la vida e inteligencia materiales y la poderosa realidad de Dios, el bien, que incluye todo” (pág. 52). En su explicación y demostración de la Ciencia del Cristo, la Sra. Eddy reveló la verdadera naturaleza de Jesús y cómo podemos seguir su ejemplo e instrucción para realizar las obras que él hizo. 

Cuando despertamos a la comprensión espiritual de Dios y del hombre hecho a imagen de Dios, de la que Jesús siempre estuvo consciente, ya no podemos creer en el sueño de la vida en la materia. Y cuando comprendemos que Dios nos conoce como Su descendencia perfecta, despertamos a la realidad de la vida en Dios y a la libertad y dominio que eso conlleva. Al comprender la impotencia de la vida material, empezamos a sustituir la tristeza por la alegría.

La Sra. Eddy escribe: “El Cristo espiritual era infalible; Jesús, como hombre material, no era el Cristo. El ‘varón de dolores’ sabía que el hombre pleno de gozo, su identidad espiritual, o Cristo, era el Hijo de Dios; y que fue la mente mortal, no la Mente inmortal, la que sufrió” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 84).

Hubo una época en mi vida en que un desafío físico seguía a otro: primero un dolor de cabeza, luego un dolor de oído y después hipos persistentes. Luché con estos síntomas durante días, pero mientras oraba con esmero para despertar a mi verdadera identidad como el hombre perfecto y espiritual de Dios, cada dificultad se disolvía. Sin embargo, me quedé sin voz y no pude hablar con normalidad durante meses. 

Me sentí tentado a desanimarme. Pero recordé que “el hombre pleno de gozo” también había prometido a sus seguidores: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). Y la Sra. Eddy escribió: “Entiendo que este Consolador es la Ciencia Divina” (Ciencia y Salud, pág. 55). Con gratitud y amor por Dios y por el Consolador siempre presente, pude mantenerme alegre, confiado y expectante de una curación completa.

Se avecinaba un evento importante. Sería el orador principal en una reunión de asociación de estudiantes de la Ciencia Cristiana. Aunque empecé a mostrar mejoría durante la semana previa, el día antes de la reunión seguía sin poder hablar sin hacer pausas frecuentes. A estas alturas, no había nadie a quien pudiera llamar para que me sustituyera. Sentí que estaba en el proverbial Mar Rojo; no había vuelta atrás. 

Entonces recordé esto de Ciencia y Salud: “Así como los hijos de Israel fueron guiados triunfal­mente a través del Mar Rojo, el oscuro flujo y reflujo de las mareas del temor humano —así como fueron conducidos a través del desierto, caminando cansadamente a través del gran yermo de las esperanzas humanas, y anticipando el gozo prometido— así la idea espiritual guiará todos los deseos justos en su pasaje del sentido al Alma, de un sentido material de la existencia al espiritual, hacia la gloria preparada para los que aman a Dios” (pág. 566).

Como despertar de un sueño, mi legítimo deseo de formar parte de la reunión me guiaría fuera del sentido material hacia la comprensión espiritual. Podía confiar en que Dios, a través de Su Cristo, comunicaría lo que necesitaba ser escuchado, y agradecí con alegría a Dios por la inevitable victoria.   

Al día siguiente cumplí con éxito con mi deber durante una reunión de seis horas. El “oscuro flujo y reflujo de las mareas del temor humano” fueron apartadas por el amor de Dios, y sentí mucha alegría. Desde entonces pude seguir hablando con normalidad.

En la Epístola de Santiago encontramos estas alentadoras palabras: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2), porque, como él sigue señalando, “sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:3, 4).    

Ser “perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” describe a Cristo Jesús y su vida de alegría en medio de “diversas pruebas”. Con un ejemplo tan reconfortante y la comprensión de su verdadera naturaleza revelada en la Ciencia Cristiana, todos podemos seguir su ejemplo y ser hombres y mujeres de alegría. Qué glorioso saber que tenemos todo lo que necesitamos de nuestro amoroso Padre-Madre Dios para superar la tristeza y despertar con alegría a la realidad.

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