Estaba haciendo surf en la nieve en Tahoe, una zona montañosa de California, cuando me caí y me lastimé la pierna.
Cuando me caí, había bajado tan solo un cuarto de la montaña, y no podía imaginar cómo lograría bajar hasta el final del recorrido. Mi mamá, que estaba esquiando justo detrás de mí, notó mi dificultad y se detuvo a mi lado.
Me levanté e intenté seguir, pero parecía difícil. Fue entonces cuando mi mamá empezó a cantar un himno llamado “Oración vespertina de la madre”, escrito por Mary Baker Eddy, quien descubrió la Ciencia Cristiana. Conozco el himno porque lo hemos cantado muchas veces en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana. Es significativo para mí porque cuando no me encuentro bien, mi mamá me lo canta.
La frase que realmente me llamó la atención fue “… En vez de miedo y odio, quiero amar, / pues Dios es bueno y Él me hará triunfar” (Himnario de la Ciencia Cristiana, N.° 207). Me recordó que Dios, el bien, siempre está conmigo y es el poder que triunfa sobre cualquier situación mala.
Sé que este himno era una oración para mí porque, mientras mi mamá cantaba, el dolor en mi pierna empezó a desaparecer, ¡e incluso sentí ganas otra vez de bajar la montaña! Esto fue un buen recordatorio para mí de que no debo centrarme en lo malo, sino en lo bueno que Dios es y en el bien que siempre nos da.
