No hay palabra que pueda describir
todo lo que mi corazón puede sentir.
La gratitud da una idea, pero no basta.
No lo describe suficientemente.
El impacto de tu vida, Cristo Jesús, va más allá de las palabras o la descripción.
Pero quiero seguir tu ejemplo, de palabra, de hecho.
Tu vida me enseña a ser lo que yo deseo ser.
Amable, poderosa, confiada, fiel, ¡No! Más que fiel: deseo tener
una comprensión de Dios sin dudas ni preguntas.
Tu ejemplo me enseña, me ayuda y me da esta confianza en Dios.
Y esta confianza crece en mí más y más.
Cada día un poco más.
Quiero entender lo que hiciste, dijiste, enseñaste, demostraste.
Soy tu alumna y estoy lista para seguir tu vida: cada acto,
cada misión y curación.
Entender es mi oración.
Estoy andando en tu camino, aunque sea escarpado y rocoso.
Y te veo, te sigo, esperando, estudiando, empezando a comprender
que la confianza es requisito.
Los ciegos ven, los enfermos son sanados, los cojos andan, saltan de alegría,
alabando al Dios de quien proviene todo el bien.
Estoy aprendiendo, orando, y escuchando más y más.
Quiero continuar en este camino porque toda la vida en ti es mejor.
Tengo la convicción de que no hay otro camino.
Es el único camino.
La vara y el cayado del único y verdadero Pastor me protegen del peligro, y sigo adelante, siempre hacia adelante, en el único camino que quiero tomar.
Es mi camino escogido.
Gracias, Cristo, mi Redentor. Yo te sigo.
Cada día más y más.
