¿Qué se necesita para ser un buen profesional? Esa palabra incluye mucho y naturalmente significará cosas diferentes para distintas personas. Sin duda, ser profesional requiere esforzarse por expresar las mejores cualidades que conlleva una profesión; ya sea en la educación, el deporte, el cuidado de los demás o el mundo empresarial.
Me ha encantado aprender más sobre las cualidades espirituales que implica el profesionalismo. En la universidad pasé un tiempo considerable orando por mi futura carrera. Muchos trabajos me parecían atractivos y me costaba reducir mis opciones. Sentía que me estaban pidiendo que tomara una decisión sobre mi futura felicidad con información limitada y muy poca ayuda. ¡Era como tratar de decidir cuál es el mejor camino a través de un circuito de obstáculos en plena oscuridad!
En un momento de desesperación, me volví a Dios. Había sentido Su reconfortante presencia y tenido curaciones muchas veces antes, orando por cualquier cosa desde enfermedades hasta lesiones deportivas o problemas de relación, así que sabía que Él tendría mi respuesta.
La claridad que aportó la oración a esta pregunta se basó en la comprensión de que conocer y amar mejor a Dios era el único camino real a seguir. Aprendí el hecho espiritual inalterable de que Dios siempre sería mi amoroso Padre-Madre, y supe que no debía tener miedo de elegir una carrera mientras mis motivos estuvieran alineados con Dios, el Amor.
Esto me reconfortó mucho, y después de seguir orando encontré un trabajo en una firma de inversiones recién constituida. Me costó un tiempo entender por qué había sido guiado a esta industria. ¿Cómo podría hacer contribuciones significativas en un campo donde todo el mundo parece tener opiniones humanas fuertes y donde un sentido de aleatoriedad parece jugar un papel importante en los resultados?
Recibí una respuesta a esta pregunta aproximadamente un año después de empezar el trabajo. Noté que las opiniones (que a menudo eran contradictorias) y la aparente aleatoriedad generaban mucha inquietud, especialmente entre los clientes. Aunque ciertamente en ese momento no sabía tanto como muchos de mis compañeros del sector, entendía que la opinión y lo aleatorio no eran características de la presencia constante de Dios. La Descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, ofrece varios sinónimos de Dios, y en el que me encontré pensando mucho en ese momento fue Verdad. La Verdad divina siempre es positiva y tiene un propósito, y ciertamente no puede incluir elementos contradictorios.
Descubrí que podía ayudar tanto a los clientes como a los asesores basando las conversaciones y los informes escritos en fundamentos más sólidos, como los principios de inversión y comportamiento de mercado más atemporales, en lugar de depender simplemente de las conjeturas humanas o centrarme en resultados a corto plazo. Esta forma de pensar y comunicarse resultó ser un contrapeso importante a la tentación prevalente de reaccionar a los titulares del día, y recibí comentarios positivos dentro de mi empresa.
Todavía no me sentía del todo seguro de que invertir fuera mi vocación indefinidamente, pero me encantaba estar en posición de poder servir. A fin de ser más útil para los demás, me pareció apropiado aprender todo lo posible sobre mi campo. Me matriculé en un curso independiente que comprendía tres niveles de exámenes que se habían convertido en la norma del sector para una calificación de finanzas e inversión. Estos exámenes tenían fama de ser excepcionalmente difíciles, y las calificaciones de aprobado solían estar por debajo del 40 por ciento. El trabajo del curso me resultó muy exigente, ya que no había estudiado la mayoría de los conceptos antes.
En un momento dado, mientras me preparaba para el segundo y más tristemente famoso examen, empecé a temer por mis perspectivas. Ya había dado este examen una vez antes y no lo había aprobado, y no quería que los cientos de horas de estudio se desperdiciaran. Me comuniqué con un practicista de la Ciencia Cristiana para que me diera un tratamiento metafísico. Aprobar el examen no era mi único objetivo; quería superar el sentido de limitación que sentía. Tuvimos una conversación que ayudó a elevar mi pensamiento del temor al fracaso al aprecio por la constante provisión de bien de Dios.
El practicista me recordó que Moisés acudió a Dios para que ayudara a calmar la sed de los israelitas tras su huida de Egipto. Aunque Moisés no tenía ni idea de cómo resolver el problema por sí mismo, sabía que se podía confiar en que Dios proveería lo necesario a su pueblo. En Éxodo 17:6, Dios le dice a Moisés: “He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo”. Y eso fue lo que pasó.
Sabía que yo también podía orar a Dios, quien guiaría mi pensamiento de la manera que mejor Le sirviera. Dediqué las siguientes horas a escuchar la guía de Dios. Entonces esta pregunta resonó en mi consciencia: ¿Soy lo suficientemente amoroso? Esta fue una respuesta inesperada a mi oración. No había considerado que el Amor (otro sinónimo de Dios de la Sra. Eddy) tuviera mucho peso en un examen tan cuantitativo. Pero me quedó claro que el Amor era, en efecto, la esencia de este asunto.
Había decidido aceptar el desafío de estos exámenes porque sinceramente quería ser el mejor recurso posible para las personas que buscan ayuda para sus necesidades económicas. El Amor estaba en ese deseo. ¿Y qué decir de las personas que organizaron el exigente examen; ¿no estaban expresando amor asegurando un nivel elevado para que quienes obtuvieran su título estuvieran adecuadamente preparados para responder a las demandas del público al que servían?
Como resultado de esta percepción, supe que mi propósito era expresar el amor de Dios de forma más plena. De hecho, se me ocurrió amar cada pregunta de ese examen. El resto de mi preparación transcurrió sin dificultad y ya no tuve problemas para aprobar el examen ni el resto del curso.
Aunque mi vocación sigue estando en la misma industria, cada vez me queda más claro que mi única carrera verdadera es servir a Dios amándolo y procurando entenderlo mejor. Esto es cierto para todos nosotros y proporciona la base para saber cómo nos servirnos mejor los unos a los otros y al mundo.
Una declaración en el libro de la Sra. Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, explica los efectos de esta mejor comprensión de Dios a través de la Ciencia Cristiana: “El término Ciencia, correctamente comprendido, se refiere únicamente a las leyes de Dios y a Su gobierno del universo, inclusive del hombre. De esto se deduce que hombres de negocios y cultos eruditos han encontrado que la Ciencia Cristiana amplía su resistencia y sus poderes mentales, amplía su percepción del carácter, les da agudeza y amplitud de comprensión y una habilidad para exceder su capacidad ordinaria. La mente humana imbuida de esta comprensión espiritual se vuelve más elástica, es capaz de mayor resistencia, se libera en cierto grado de sí misma y requiere menos reposo. Un conocimiento de la Ciencia del ser desarrolla las habilidades y posibilidades latentes del hombre. Extiende la atmósfera del pensamiento, dando a los mortales acceso a ámbitos más amplios y más altos. Eleva al pensador a su ambiente natural de discernimiento y perspicacia” (pág. 128).
Esta es, por mucho, la mejor definición de profesionalismo que he encontrado. Estoy muy agradecido de saber que cada una de nuestras carreras está completa en Dios, y que, por ser Sus ideas espirituales, tenemos todo lo que necesitamos para lograr éxito.
