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El don de la curación de Dios es para todos

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 4 de septiembre de 2026


¿Qué es la curación espiritual? ¿Es un poder especial que solo unos pocos poseen? No, es el resultado inevitable de ceder a la bondad, gracia, poder y amor de Dios. Así como el giro de la Tierra sobre su eje hacia el sol nos hace experimentar la “salida” del sol, el volvernos a Dios, no alejarnos de Él, trae curación —para nosotros y para aquellos por quienes oramos, ya sean personas, nuestras comunidades o el mundo—.

¿Entonces, qué es la curación espiritual? Perdona la rima, pero sanar es revelar lo que realmente es verdad acerca de ti, de mí y todos. Aquí mismo, ahora mismo.

El último capítulo del libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras escrito por Mary Baker Eddy, se llama “Los frutos” e incluye más de ochenta relatos verificados de curación de todo tipo de problemas: salud, relaciones, financieros y más. ¿Cómo ocurrieron estas curaciones? Mediante la lectura de Ciencia y Salud, a veces más de una vez, a menudo con el deseo sincero de sanar o de conocer a Dios o entender mejor la Biblia, y ocasionalmente solo por curiosidad. (¡Un lector solo quería poder rebatir las enseñanzas de la Ciencia Cristiana, no obstante, se convirtió, en realidad, en un firme partidario después de sanarse al leer el libro!) No se necesitaban mediadores; Eddy dedicó su libro simplemente a los sinceros buscadores de la Verdad, como ella misma.

Una vez, Eddy le contó a una alumna suya cómo había sanado a un niño pequeño de una grave afección interna. En menos de treinta minutos desde su llegada a la casa de la familia, también había sanado al padre del niño, que estaba postrado en cama por reumatismo, y a la hermana del niño, que era sorda. Esto llevó a la estudiante a preguntarle a Eddy: “¿Cuándo podremos hacer un trabajo así?” Mirando a lo lejos, la Sra. Eddy respondió: ‘¡Es el Amor el que sana, solo el Amor!’ La estudiante... repitió la pregunta: ‘Pero ¿cuándo podremos nosotros hacer un trabajo así?’ Esta vez su maestra la miró directamente y le dijo en voz baja: ‘Cuando creas lo que dices. Yo creo cada declaración de la Verdad que hago’” (Yvonne Caché von Fettweis y Robert Townsend Warneck, Mary Baker Eddy: Christian Healer, Amplified Edition, p. 101).

Un concepto equivocado acerca de la Ciencia Cristiana es que algunas personas pueden practicarla y otras no. Una fuente de este malentendido es la creencia de que la Ciencia Cristiana es algo que Eddy inventó. Y esto no es cierto. Eddy descubrió la Ciencia Cristiana; ella no la creó. Ella dijo sobre esta Ciencia del Cristo: “Quienquiera que desee demostrar la curación por la Ciencia Cristiana, tiene que cumplir estrictamente sus reglas, tener en cuenta cada declaración, y avanzar desde los rudimen­tos establecidos. No hay nada difícil ni penoso en esta tarea, cuando el camino está señalado; pero sólo la renuncia al yo, la sinceridad, el cristianismo y la persistencia ganan el premio, como generalmente lo hacen en todas las actividades de la vida” (Ciencia y Salud, pág. 462).  

Así que, es obvio, que cualquiera puede practicar las enseñanzas de la Ciencia Cristiana —puede sanar y ser sanado aplicando las reglas establecidas en sus libros de texto, la Biblia y Ciencia y Salud—. La curación no tiene nada que ver con la personalidad, la edad, la educación o la ocupación. La curación es el resultado de vernos a nosotros mismos y a los demás como la creación puramente espiritual de Dios, el Espíritu divino —como “el hombre perfecto” que cada uno de nosotros realmente es— tal como lo hizo Jesús. Eddy escribe: “En este hombre perfecto el Salvador veía la semejanza misma de Dios, y esta manera correcta de ver al hombre sanaba a los enfermos” (Ciencia y Salud, pág. 477).  

Eddy reiteró la accesibilidad y el poder de la curación cristiana en todos sus escritos y enseñanzas. Según una alumna de Eddy, cuando alguien le preguntó cómo había podido sanar un problema físico de un paciente si se sentía “incapaz” de hacerlo, Eddy respondió: “A través de esa impotencia dejaste entrar la Verdad, y fue la Ciencia Cristiana la que sanó el caso, no tu propio esfuerzo” (We Knew Mary Baker Eddy, Expanded Edition, Vol. II, p. 126).

Esa es una muy buena noticia para todos nosotros, ¿no es cierto?

Cristo Jesús esperaba que sus seguidores sanaran. De hecho, esperaba que hicieran aún “mayores obras” que las que él hizo (véase Juan 14:12, KJV), y por los mismos medios Eddy se los describió a sus alumnos: comprendiendo y creyendo en lo que se les había enseñado.

Creer no es difícil. A veces puede parecer así. Pero creer tal y como se define en la Ciencia Cristiana no se trata del razonamiento humano ni de la voluntad humana, sino de la “firmeza y constancia; no una fe vacilante o ciega, sino la percepción de la Verdad espiritual” (Ciencia y Salud, pág. 582).

Un regalo no es algo que tengamos que ganarnos. Un regalo se da de forma gratuita. Y el don divino de la curación es la gracia, que está disponible para todos. Creer lo contrario, pensar que la curación es algo que solo algunas personas pueden hacer, no es solo un concepto equivocado, sino que pierde el punto más importante de que la Ciencia Cristiana —y por extensión, la curación espiritual— está disponible para que todos la reciban, comprendan y practiquen. Las Iglesias de Cristo, Científico, no tienen carteles que digan: “Algunos son bienvenidos”; la Ciencia Cristiana y la curación en la Ciencia Cristiana dicen al mundo: “Todos son bienvenidos”.

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