Antiguamente, los percebes se afianzaban en gran número al casco de los barcos transoceánicos y, si cada tanto no se los removía, retrasaban considerablemente el movimiento de las embarcaciones. Gracias a las investigaciones realizadas con sustancias químicas, actualmente existe una pintura para los cascos de los barcos que, por sus características, impide que los percebes se fijen en la parte inferior de los mismos.
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