Hace tiempo, pasé un par de años haciendo un examen de conciencia. No tenía ninguna dirección para mí misma. No era claro qué quería para mi futuro y carecía de confianza. Durante ese período, vivía a muchos estados de distancia de mi familia y trabajaba en empleos ocasionales. Empecé a salir con alguien y me encontré en una relación sumamente abusiva. Justo cuando pensé que era prudente terminar la relación, quedé embarazada. Me preocupé por mi bebé por nacer y me sentí completamente perdida.
Poco después de decidir mudarme con el padre del bebé, perdí mi trabajo. Sufrí enfermedades durante todo el embarazo; El padre de mi hijo me robaba; y después de estar menos de un mes en su casa, nos desalojaron, porque él no pagaba el alquiler. El abuso continuó, incluso cuando nos mudamos a otro estado. Mientras atravesaba por la difícil situación de esta relación, oraba, recurría a Dios y buscaba dirección, perdón y amor.
Como estaba desempleada, pasaba los días sola en casa. Estaba realmente agradecida de estar sola con Dios. Como había sido criada en la Ciencia Cristiana, sentía el fuerte deseo de buscar una iglesia local. Había una filial de la Iglesia de Cristo, Científico, cerca, y decidí asistir a la siguiente reunión semanal de testimonios.
Cuando entré en la iglesia, de inmediato sentí armonía. Recuerdo haber estado muy quieta y callada y suplicado en silencio a Dios que simplemente me dijera qué hacer. No creía tener fuerzas para decidir si quedarme en la relación o irme. Tenía miedo del resultado por las amenazas que había hecho el padre de mi bebé.
Después del servicio, los miembros de la iglesia se presentaron, y me sentí muy agradecida de conocer a un grupo de personas tan maravilloso. Estaban alegres y encantados de que yo formara parte de sus servicios. Volví el domingo siguiente y decidí que la iglesia era exactamente donde necesitaba estar.
El padre de mi bebé intentó frenarme, diciéndome que no debía ir a la iglesia y peleando conmigo antes y después de cada servicio dominical. Me mantuve firme y le dije que nunca podría quitarme a Dios y que seguiría yendo a la iglesia. Incluso lo invité a que viniera conmigo; él se negó.
El domingo después de empezar a ir a la iglesia, algunos miembros me invitaron a almorzar con ellos. Durante la comida, me preguntaron qué cosas de última hora necesitaba para el bebé. Les dije que tenía una cuna y algunos biberones y que recientemente había comprado algunas prendas. Intenté restar importancia a mi falta de preparación como si no fuera gran cosa. En el siguiente servicio religioso al que asistí unos días después, estos miembros vinieron a verme y me preguntaron si podían organizarme un baby shower. ¡Me quedé sin palabras! Hacía tan solo un par de semanas que conocía a este grupo, y aun así insistieron en que querían organizarme un baby shower. Acepté la oferta.
El fin de semana de la fiesta, el padre de mi bebé decidió que no quería estar allí. Empacó algunas pertenencias y se fue a su estado natal, a 12 horas de distancia.
Ahora estaba sola en un lugar donde no tenía trabajo, ni dinero, ni familia ni amigos, y no sabía qué hacer a continuación. Sentí que lo mejor sería pasar el baby shower y luego decidir qué hacer. Mi madre viajó para asistir a la fiesta conmigo. Pasamos unos momentos maravillosos y espiritualmente elevados. Los miembros de la iglesia me regalaron objetos prácticos y compartieron verdades espirituales que me llegaron profundamente. Escribieron tarjetas y notas que todavía conservo y que aún recuerdo hoy.
Estaba muy conmovida y sentí que Dios me guiaba hacia adelante en lo que había parecido una situación imposible. Cuando iba conduciendo hacia mi casa después de la fiesta, me vino este pensamiento con mucha convicción: “Esto es amor. Así es como se siente el amor”. Entendí que esto significaba que lo que yo pensaba que era amor entre el padre de mi bebé y yo era un malentendido de lo que es el amor. Su comportamiento y su trato hacia mí no eran amor en absoluto. Sin embargo, este tiempo que pasé con Dios y con personas que realmente valoraban mi crecimiento espiritual, me cuidaban de forma práctica y me apoyaban con tanto amor era el amor verdadero, porque expresaba la pureza y ternura del Amor divino, Dios.
La Biblia dice muy claramente: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Finalmente, pude ver que esta difícil relación no era la adecuada para mí. Quería mostrarle a mi hija cómo se sentía y se veía realmente el amor, y aceptar el abuso disfrazado de amor no era la forma de hacerlo.
Más tarde esa noche, le dije a Dios en voz baja, como si hablara con mi madre: “Dios, dame una señal más de que esta relación tiene que acabar, porque no me siento lo bastante fuerte como para irme”. Cuando volví a casa una hora después, encontré en el teléfono mensajes de varias mujeres diciendo que el padre de mi bebé había mantenido relaciones con ellas mientras estaba conmigo. Aquí estaba mi respuesta.
Recogí mis cosas y regresé a casa para vivir con mi madre hasta que pudiera recuperarme. Dejé de hablar con el padre de mi bebé y contraté a un abogado. Me quedaban cuatro semanas para la fecha prevista para el nacimiento y ya tenía suficientes cosas del baby shower como para empezar en los primeros meses después del parto.
Para mi sorpresa, las puertas se fueron abriendo una tras otra. Recibí regalos caseros para mi hija de miembros de la iglesia de la Ciencia Cristiana en mi ciudad natal. Nos fueron llegando un paquete tras otro, con mantas de bebé, juguetes, ropa, pañales, etc. Incluso me regalaron una cómoda donde podía guardar las cosas del bebé.
En un momento dado, estaba hablando con una amiga cercana que es también practicista de la Ciencia Cristiana, diciéndole lo agradecida que estaba por lo que estaba recibiendo, ya que había estado muy desconsolada por la pérdida de la mayoría de mis pertenencias personales durante el curso de esta relación. Sentía que estaba empezando de cero por completo. Ella dijo: “Todo lo que tengo lo recibí de la Ciencia Cristiana”. Reconocí que esto también era cierto para mí; que obtendría todo lo que necesitara mediante la comprensión de lo que enseña la Ciencia Cristiana acerca de la bondad de Dios. No podía ser “castigada” por seguir adelante y tener a este bebé. Y mi hija no podría sentirse menos amada sin un padre humano en su vida. Reconocí que el Padre-Madre de esta niña es Dios, así como es el mío, y que todo lo que necesitamos, incluso la ropa o una cómoda, etc., viene de Dios.
Después de esa conversación, jamás volví a sentir miedo de que mi bebé se sintiera “menos que amada” o no amada. Sabía que podía proveer todo lo que mi hija pudiera necesitar con Dios como mi apoyo. Dios nos guiaría a ambas, así como me sacó de una relación tumultuosa e insegura.
Ahora, muchos años después, puedo dar fe de la permanencia de este crecimiento y armonía espirituales. Después del nacimiento de mi hija, conseguí empleo, compré un coche nuevo, me gradué de la universidad y obtuve mi propio departamento; todo en ocho meses. Aprendí que seguir la dirección de Dios conduce a la paz y al desarrollo del bien. Dios restauró mi vida y satisfizo mis necesidades.
Sobre todo, como mencioné antes, aprendí que el Amor divino es “el amor verdadero”, y que incluso cuando sentimos que estamos pasando por mucho sufrimiento, desilusión y confusión, Dios nunca nos abandona. Comprendí realmente en qué consiste el amor en las relaciones, y me alegra decir que, tiempo después, me casé con un hombre que realmente nos quiere a mí y a mi hija —tanto es así que la adoptó—. Tuvimos dos hijos más y hemos construido nuestro matrimonio sobre el apoyo mutuo y la abnegación. Ahora puedo verdaderamente decir, como lo hizo mi amiga practicista: “Todo lo que tengo lo recibí de la Ciencia Cristiana”.
