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Dirección divina durante la búsqueda de la universidad

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 5 de febrero de 2019


El verano anterior a mi último año de bachillerato, visité la universidad a la que estaba segura que asistiría. Parecía tener todo lo que quería, como un programa increíble para mi área de estudio y una reputación excelente. Además, estaba ubicada en una ciudad importante y me prepararía perfectamente para la carrera que deseaba.

Durante el proceso de solicitud, decidí postularme para una variedad de otras universidades, aunque tenía poco interés en asistir a ellas. A lo largo del año visité algunas, y me sorprendió completamente que me encantara una universidad que parecía tener todo lo que no quería. Era pequeña, algo oscura, y no estaba en una ciudad importante. Al terminar mi visita, me convencí a mí misma de que, aunque me había gustado mucho el tiempo que pasé allí, nunca podría tener la carrera que quería si asistía a ella, por lo que no debía considerarla como una opción.

Hacia el final de mi último año, después de que fuera aceptada en la universidad “de mis sueños”, tuve la oportunidad de volver a visitarla. Para mi sorpresa, encontré que el ambiente no era lo que había estado esperando. Mientras volaba a casa al término del fin de semana, luché con la idea de si debía asistir a esta universidad de primera categoría, que pondría un gran nombre en mi diploma, o ir a la universidad más pequeña que me encantaba, pero había dejado de lado.

A lo largo de mi vida, he encontrado que la mejor manera de tomar una decisión es orar y pedirle a Dios una guía. En la Ciencia Cristiana aprendí que Dios es Mente y Amor, lo que significa que puedo confiar en cualquier respuesta que surja de mis oraciones, porque cualquiera sea la dirección que provenga de Dios debe ser inteligente y amorosa.

Uno de los mayores desafíos que tuve que superar fue el temor a tomar una decisión equivocada y quedarme estancada en una universidad que no era adecuada para mí. Al orar sobre esto, encontré ayuda en un artículo que se enfoca en la idea de lugar. Aunque no conozco el origen del mismo, las ideas que contenía se aplicaban muy bien a mi situación. Una parte dice así: “El Principio Divino une la necesidad y la provisión para el bien mutuo... Lo único que necesitas hacer es ver que tu consciencia esté completamente preparada, ampliada, elevada, alegre, expectante del bien infinito, de modo que ningún sentido de limitación pueda obstaculizar la plena manifestación de la voluntad de Dios para Su idea”. (Para obtener más información sobre la autoría de este artículo, visite marybakereddylibrary.org/research/the-authorship-of-place/).

Orar con estas ideas me ayudó a darme cuenta de que nunca podría terminar en un sitio que pudiera ser mi lugar “equivocado”. Dios ya tenía establecido un lugar perfecto para mí, que no era un lugar físico, sino un propósito o labor con lo cual yo podía ser la mayor bendición. La carga de elegir mi universidad realmente no recaía sobre mis hombros, sino más bien que Dios ya había establecido mi propósito espiritual, y el resultado natural de esto era que yo sabría adónde debía ir.

También me di cuenta de que, aunque creía que confiaba en Dios, todavía tenía el temor persistente de que de alguna manera la dirección de Dios me llevaría a una escuela donde no tendría una experiencia satisfactoria. Mientras oraba sobre esto, pensé en un pasaje de Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, de Mary Baker Eddy, que había leído anteriormente: “El Espíritu, Dios, reúne los pensamientos informes en sus conductos adecuados, y desarrolla estos pensamientos, tal como abre los pétalos de un propósito sagrado con el fin de que el propósito pueda aparecer” (pág. 506). Comencé a comprender que, aunque yo no podía ver el panorama completo, Dios sí lo veía, y Él me estaba mostrando una manera de avanzar que apoyaba completamente Su propósito para conmigo. Me di cuenta de que podía confiar con todo mi corazón en Dios.

A medida que me apoyaba en Dios para que me ayudara en esta decisión, comencé a sentirme más tranquila. Me di cuenta de que, al escuchar a Dios, no había manera de que pudiera terminar lastimada o en desventaja, y dejé de resistirme a la idea de que quizás la universidad de mis “sueños” no era la correcta para mí después de todo. Si bien la institución de renombre sonaría muy bien a quienes me rodeaban, mis oraciones me guiaban en una dirección diferente. Finalmente, pude dejar de lado lo que pensaba que otros querían y esperaban de mí, y confié en la guía de Dios.

Hace poco terminé mi segundo año en la otra universidad y estoy muy agradecida por la elección de asistir a ella. He tenido la oportunidad de crecer y esforzarme tanto espiritual como académicamente de una manera que no creía posible. Confiar por completo en Dios me dio la claridad y la paz que me permitieron escuchar Su dirección y tomar mi decisión sobre la universidad sin temor.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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