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Para jóvenes

Lo que he aprendido acerca de postergar las cosas

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 9 de julio de 2019


Tenía un proyecto muy grande pendiente para una de mis clases, y lo había postergado tanto que finalmente tuve que hacerlo todo en una noche. Representaba gran parte de mi calificación e incluía crear una presentación de diapositivas y un guión, además de presentar el proyecto a varias personas antes de entregarlo.

La noche anterior a la fecha de entrega, estaba estresada aunque trabajando en ello constantemente, cuando el Wi-Fi en mi dormitorio se apagó. ¡Ni siquiera había hecho la mitad! Usualmente, cuando esto sucedía, simplemente usaba mi teléfono como punto de acceso al internet, pero eso tampoco funcionaba. Me eché a llorar. Llamé a mis padres y les conté todo. No podían ayudarme con mi presentación puesto que viven en otro estado, pero lo hicieron de otra manera. Me recordaron que podía calmarme y escuchar una respuesta de Dios, tal como había aprendido en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana.

Después de colgar el teléfono, me quedé callada. ¡Esto es muy difícil cuando vives en un dormitorio con otras sesenta chicas! Pero era como si sobre mí hubiese descendido un profundo silencio. Fue entonces cuando surgió el tranquilizador pensamiento de que no había nada que no pudiera hacer con Dios a mi lado. No importaba lo mucho que había postergado el trabajo, Dios seguía cuidándome y dándome todas las ideas que necesitaba.

Justo después de eso, mi mamá me envió un mensaje de texto con una idea sobre cómo seguir trabajando en mi proyecto aun sin tener conexión a Internet. Era exactamente lo que necesitaba, y pude completar la mayoría de mis diapositivas incluso sin Wi-Fi.

Trataba de mantener claro el hecho de que Dios estaba a cargo, pero cada vez que miraba el reloj me estresaba de nuevo y sentía miedo de no tener suficiente tiempo para terminar. Cerca de las dos de la mañana, me di cuenta de que el estrés me impedía trabajar de manera eficiente. Así que decidí que necesitaba cubrir el reloj en mi computadora. Eso puede sonar extraño, pero mi decisión de cubrir el reloj se basó en la definición espiritual de tiempo en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, por Mary Baker Eddy: “Medidas mortales; límites, en los cuales están comprendidos todos los actos, pensamientos, creencias, opiniones y conocimientos humanos;…” (pág. 595).

Me di cuenta de que el tiempo no es algo sólido e inflexible, sino simplemente una sugestión de que hay límites. Sabía que lo opuesto es verdad, que en Dios no hay límites, y yo “vivo y me muevo, y tengo [mi] ser” en Dios (Hechos 17:28 versión King James). Después de cubrir mi reloj y reafirmar que Dios estaba conmigo y a cargo, pude trabajar en mi proyecto de manera eficiente.

Un poco más tarde, estaba a punto de terminar. Pero todavía tenía algunas partes que requerían acceso a Internet, además de que debía hacer la presentación ante dos compañeros. No sabía cómo sería esto posible, así que oré de nuevo. Fue entonces cuando se me ocurrió que podía dormir un par de horas y terminar el resto por la mañana.

Cuando me desperté alrededor de las 6 me di cuenta de que la conexión Wi-Fi funcionaba de nuevo y que podía completar mi proyecto. También pude encontrar a las dos personas para presentarlo antes de correr a la escuela. Más tarde, cuando hice mi presentación en clase, me sentí tranquila y supe que Dios estaba conmigo. ¡Unas semanas después, descubrí que había sacado una A en el proyecto!

Esta experiencia fue una gran lección por varias razones. Por ejemplo, me enseñó que nada de lo que hacemos o dejamos de hacer puede separarnos de Dios. Tal vez nos sentimos separados de Dios porque no hemos estado siguiendo Su guía (como los suaves empujoncitos para trabajar en las cosas antes de que llegue el último minuto). Pero en el momento en que somos receptivos y nos volvemos a Dios y reconocemos que Él está aquí y que estamos prestando atención, podemos sentir Su cuidado, apoyo y dirección.

También aprendí lo bien que se siente escuchar a Dios y hacer lo que se supone que debo hacer. A veces pienso en un himno del Himnario de la Ciencia Cristiana que comienza: “Andando voy con el Amor” (Minnie M. H. Ayers, No. 139), y sustituyo el andando por el trabajando. Eso me ayuda a recordar que no estoy haciendo nada por mi cuenta, sino que estoy sintiendo el amor de Dios y expresando Sus cualidades mientras realizo mi trabajo, ¡sin postergar las cosas!

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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