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Encontró inmunidad contra la enfermedad

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 14 de mayo de 2020


Conozco a alguien que acostumbraba a programar sus días de ausencia por enfermedad por adelantado porque esperaba contagiarse de algún tipo de dolencia todos los años en la misma época. Después conoció la Ciencia Cristiana y su experiencia cambió por completo. Muy pronto se dio cuenta de que ya no necesitaba tomarse días por enfermedad con regularidad. Y en las raras ocasiones en que sí se enfermaba, regresaba a trabajar completamente recuperado mucho más rápidamente que antes. ¿Qué produjo el cambio?

La Ciencia Cristiana saca a la luz lo que Jesús enseñó acerca de la confluencia de nuestra espiritualidad —o nuestra relación con el Divino— y la experiencia práctica diaria, que trae salud y curación. La comprensión que tenía Jesús de que la naturaleza de Dios y la de Sus hijos era buena y pura lo capacitaba no solo para estar seguro al estar en contacto con aquellos que sufrían de condiciones sumamente contagiosas, sino para realmente sanarlos. Y enseñó que cada uno de nosotros podía también seguir el camino que él señalaba.

Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana y una consagrada seguidora de las enseñanzas de Jesús, explicó que el contagio es fundamentalmente mental por naturaleza, en lugar de físico, y es generado por el temor. Ella escribió: “Más de un caso irremediable de enfermedad es inducido por un solo examen post mórtem, no por infección ni por contacto con un virus material, sino por el temor a la enfermedad y por la imagen presentada ante la mente; es un estado mental, que luego es delineado en el cuerpo” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 196).

 Esto es clave. La oración que nos guía a alcanzar una mejor comprensión del Amor divino que nos gobierna revela la expresión tangible de ese Amor en la experiencia diaria. La Sra. Eddy ilustró esto sanando casos extremadamente contagiosos de difteria, tuberculosis y crup membranoso, y experimentando completa inmunidad en sus contactos con estos casos.

Después de un breve período de oración que duró tan solo un día, sané rápida y permanentemente.

Hace unos años, cuando trabajaba en un centro asistencial, contraje una afección contagiosa de la piel que se había diseminado rápidamente entre los pacientes y los cuidadores. Las autoridades de salud pública requerían que nosotros, junto con la mayoría de los centros asistenciales de la región, pusiéramos en cuarentena a los afectados y siguiéramos un régimen estricto de tratamiento médico. Yo solicité y me dieron permiso para abstenerme de tomar medicamentos a fin de orar en la Ciencia Cristiana para sanar, y acordé que permanecería en cuarentena hasta que sanara por completo.  

Al orar no Le pedía a Dios que viniera a sanar la afección. Más bien, buscaba, profundizar mi comprensión de lo que significaba que Dios fuera Amor y “muy limpio… de ojos para ver el mal” (Habacuc 1:13). La Sra. Eddy escribió: “La Ciencia Cristiana borra de la mente de los enfermos la creencia equivocada de que viven en la materia o a causa de ella, o que un llamado organismo material gobierna la salud o la existencia de los hombres, y nos induce a descansar en Dios, el Amor divino, quien cuida de todas las condiciones que se requieren para el bienestar del hombre” (Rudimentos de la Ciencia divina, pág. 12).

Mis oraciones afirmaban que Dios es el Principio divino, el Amor siempre presente, y que la creación de Dios, incluidos cada uno de nosotros, está hecha a la semejanza espiritual de Dios y refleja plenamente Sus atributos. Esto incluye salud y la inmunidad ante el mal en cualquier forma, el cual carece totalmente de poder legítimo ante la supremacía de Dios.

Estas ideas me ayudaron a comprender que la salud no es controlada por un organismo material, y a confiar en el cuidado que el Amor me brinda a mí y a todos. Descubrí que permitir que el perfecto Amor, o Dios, entre en nuestros corazones, verdaderamente elimina el temor (véase 1 Juan 4:18).

Después de un breve período de oración que duró tan solo un día, sané rápida y permanentemente. Fui autorizada a volver a trabajar y a cuidar de otros que tenían la misma condición, y lo hice con completa inmunidad. Y en un período de tiempo más corto de lo esperado, todos en el centro también estuvieron libres de la afección.

Cada uno de nosotros puede recurrir al Divino y experimentar el poder sanador del Amor divino. La oración que pone de relieve en el pensamiento la verdadera naturaleza de Dios como la fuente del bien y el que lo mantiene, y nuestra verdadera naturaleza que refleja o incluye todos los elementos del bien divino, destruye el temor. Y saca a la luz el poder sanador y protector del Amor divino, así como el bien que fluye incesantemente de Dios hacia nosotros.

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La explicación divinamente inspirada de la Sra. Eddy sobre la misión de El Heraldo de la Ciencia Cristiana, fundado en 1903, se ha convertido en símbolo de las actividades del movimiento de la Ciencia Cristiana que abarca al mundo. Las palabras de la Sra. Eddy figuran en la inscripción de la cornisa del edificio de La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana: para proclamar la actividad y disponibilidad universales de la verdad. El Heraldo es una expresión tangible del interés de nuestra Guía en compartir con toda la humanidad el inapreciable conocimiento de la Ciencia de la Vida. La Sra. Eddy comprendió que el Consolador había venido “para la sanidad de las naciones”.

Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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