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Lo que las noticias no te dirán

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 4 de mayo de 2020


En realidad, están transmitiendo el temor en vivo, pensé después de mirar superficialmente las noticias en mi teléfono. Nueve de los diez artículos principales eran sobre el coronavirus. Todos los medios de comunicación hablaban sobre las últimas estadísticas, cómo protegerse a uno mismo, quién corre más peligro, y cosas por el estilo. Sentí cómo los tentáculos del miedo comenzaban a envolver mis pensamientos. ¿Qué debía hacer? ¿Lavarme las manos muchas veces? ¿Abastecerme de suministros? ¿Quedarme en casa?

Es importante mantenernos informados de las noticias actuales, no queremos estar a ciegas. Pero mirar compulsivamente nuestros dispositivos a cada minuto no puede ser útil cuando infunde miedo o pánico. 

De hecho, uno de los artículos que leí decía: “Los expertos dicen que la gente debería… limitar su exposición a los medios. Advierten que no se debe leer acerca del brote obsesivamente” (Alia E. Dastagir, “The facts on coronavirus aren’t all scary. So why so much fear?” usatoday.com, Mar. 12, 2020).

Comentarios como estos, y la experiencia que he tenido en mi vida, me han demostrado claramente que tenemos que decidir qué camino vamos a seguir respecto a la información que nos permitimos recibir. Podemos ir por el sendero del temor, la desesperación y el desánimo, o podemos optar por el camino de la expectativa del bien.

Mirar en una dirección más prometedora consiste en más que en ser optimista. En la Ciencia Cristiana he aprendido que se basa en el reconocimiento de que Dios es bueno y también supremo y todopoderoso. De modo que, el optar por volver nuestros pensamientos hacia el bien está arraigado en un hecho espiritual fundamental.

A veces es difícil elegir el bien, porque los pensamientos negativos parecen muy abrumadores. No obstante, en esos momentos, me ha resultado muy útil este pasaje por Mary Baker Eddy: “Sepan, entonces, que poseen poder soberano para pensar y actuar correctamente, y que nada puede desposeerlos de su herencia e infringir el Amor” (Pulpit and Press, pág. 3). Tenemos la capacidad de hacer esto, porque este poder no es nuestro, sino que proviene de Dios, el Amor divino.

Veamos, por ejemplo, un pensamiento negativo como es el temor, tal como, el temor por las personas que han sido rotuladas en la categoría de “alto riesgo” respecto al coronavirus. Este sentimiento de miedo nos viene espontáneamente. Pero podemos ejercer nuestro derecho de hacer algo al respecto. Es aquí donde entra la oración. Siempre puedes encontrar tu propia inspiración, pero a mí me ayuda pensar en la omnipotencia, omnipresencia, omnisciencia y omniacción de Dios. Paso tiempo reconociendo de qué forma cada una de estas expresiones del ser de Dios es verdadera y está en operación. Cuando he hecho esto, y lo he comprendido claramente, me doy cuenta de que en realidad no hay nada que temer. Y esto tiene un efecto exterior tangible.

Comprobé esto cuando hubo un incendio forestal fuera de control que amenazaba mi vecindario. Yo estaba pegada a las noticias e informes locales, los cuales tenían aterradoras imágenes del avance de las llamas. También salía con frecuencia para ver el humo. Tal vez pienses, Claro, por supuesto, tiene sentido responder así. Necesitaba esa información para mantenerme a salvo, ¿no es cierto? 

Sin embargo, aprendí algo durante esa experiencia sobre el tipo de información que realmente necesitaba para mantenerme a salvo. Después de unos días de vivir con miedo, de pronto me di cuenta de que podía optar por quedarme obsesionada con la información hipnótica y todo el temor que sentía, o bien, poner mis pensamientos en otro lugar. Y al abrir mi pensamiento a la perspectiva de Dios instantáneamente fui transportada a un lugar totalmente diferente: un lugar de gratitud, un lugar de absoluta convicción de que Dios estaba cuidando de todos aquellos envueltos en la situación.

Después de eso, cuando miraba las noticias de vez en cuando durante las siguientes semanas, era simplemente para estar al tanto de lo que estaba sucediendo. Pero no me apoyaba en las noticias para que me ayudaran a sentirme mejor, y tampoco me hacían sentir peor.

Sé que muchas otras personas estaban también orando por el incendio. Y esto fue lo que ocurrió. En lugar de perder potencialmente miles de hogares, menos de 20 cabañas se incendiaron, y eran todas de fin de semana y estaban en el cañón donde había comenzado el incendio. Todos estuvimos protegidos.

Lidiar con los pensamientos que nos vienen es importante y útil. Pero hay algo más importante aún que todos podemos hacer, y es esto: Saber que Dios tiene el control del universo, Dios tiene el control de nuestras vidas, Dios es el verdadero poder, antes incluso de ver las noticias o los medios sociales. En esto consiste poner a Dios primero, y cuando Lo ponemos a Él primero, no solo nos ayuda a sentirnos más tranquilos, sino que también nos pone en una posición para que seamos parte de la solución.

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Alfred F. Schneider, El Heraldo de la Ciencia Cristiana, número de mayo de 1974

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