En mi familia, nos gusta hablar de Dios durante el desayuno. Esto es porque asistimos a una iglesia filial de la Ciencia Cristiana, donde yo voy a la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana.
También compartimos un “pensamiento de Dios” —una idea útil y reconfortante acerca de Dios— que llevamos con nosotros durante el día. En la cena, contamos cómo ese “pensamiento de Dios” nos ayudó durante el día.
Casi todos los días, mi mamá o mi papá también leen en voz alta una historia de la Biblia o un artículo del Sentinel o de The Christian Science Journal mientras comemos el desayuno.
Un día, mi mamá me leyó un artículo del Journal sobre un niño de mi edad. Me gustó pensar en una cita que compartía el artículo. La cita es: “El bien es mi Dios, y mi Dios es el bien” (Mary Baker Eddy, Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 206).
Unos días después, nos subimos rápido al auto porque unas nubes de tormenta se acercaban muy rápido. Mi mano se quedó atrapada en la puerta del auto al cerrarse. Abrimos la puerta rápidamente de nuevo, pero empecé a llorar porque me dolía mucho la mano.
Mi mamá se acercó a mí y me pidió que dijera en voz alta con ella: “El bien es mi Dios, y mi Dios es el bien”. Aunque estaba llorando, lo dije con ella. La Biblia nos dice que Dios nos creó y que Dios hizo todo bueno. Dios también está siempre con nosotros. Esto significa que yo soy buena, y que el bien está a mi alrededor. Así que no puedo quedar atrapada ni lastimada.
Decidí seguir orando en mi cabeza, “El bien es mi Dios, y mi Dios es el bien”, mientras todos nos abrochábamos los cinturones y manejábamos a casa.
Cuando llegamos a casa, mi mamá me preguntó cómo estaba. Le dije que ya no me dolía la mano. Las dos estábamos muy contentas por esta curación. Subí corriendo las escaleras para contárselo a mi papi también.
Esa noche, en la cena, les conté que estoy agradecida por esta curación. ¡Mi Dios es tan bueno!
