Una verdad muy reconfortante es que reorientar el pensamiento hacia la perdurable bondad de Dios promueve la curación. Al principio, este cambio de pensamiento, este tipo de oración, puede no parecer creíble ni siquiera lógica. Alguien podría preguntar: “¿No debería la oración relegarse a cambiar lo que vemos, oímos y sentimos?” Puede que parezca razonable dejar nuestros pensamientos completamente fuera de ella; salvo para pedirle a Dios que cambie nuestros cuerpos, mejore a otras personas, acreciente nuestras cuentas bancarias o aumente nuestra longevidad.
No obstante, Jesús reveló que un cambio de pensamiento divinamente instituido es el logro de una oración eficaz. Cuando, por ejemplo, le hablaron de una niña que se estaba muriendo, no preguntó por su estado físico: los síntomas, la duración o el tipo de dolencia, su entorno, etc. Se volvió en oración a Dios, abordando simplemente lo que con temor se creía acerca de la niña. Su declaración registrada en Lucas indica su enfoque: “No temas; cree solamente, y será salva” (8:50).
Ni siquiera la apariencia de la muerte impidió a Jesús su dedicación a Dios. Mediante la oración, él corrigió esa falsa creencia con la verdad de Dios acerca de esta niña como Su creación espiritual permanente. Poco después, ella resucitó sana.
La Ciencia Cristiana enseña tanto que puede ayudarnos a orar. Un punto clave es que solo Dios crea. Cada uno de nosotros es producto no de procesos físicos, sino de Dios, que es el Amor, el Alma y la Mente divinos. La mente humana no posee poder creativo. Esto significa que nuestros pensamientos no crean —ni pueden— crear para nosotros cosas como carencia, enfermedad, lesión o injusticia.
La Biblia revela que Dios creó todas las cosas buenas, y así es como permanecen. ¿Qué hace entonces la oración? La oración eficaz corrige nuestras creencias erróneas sobre la creación espiritual buena y perfecta de Dios. El resultado se ve como curación. La Fundadora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, explica la naturaleza de esta corrección en su libro Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “A medida que el pensamiento humano cambie de un estado a otro, de dolor consciente y de consciente ausencia de dolor, del pesar a la alegría —del temor a la esperanza y de la fe a la comprensión— la manifestación visible será finalmente el hombre gobernado por el Alma, no por el sentido material. Reflejando el gobierno de Dios, el hombre se gobierna a sí mismo” (pág. 125).
Cuando cedemos nuestro sentido del yo, incluidos nuestros pensamientos más persistentes, al gobierno de Dios, se nos revelan claramente la bondad, la integridad, el amor y la realidad perdurables de Dios. Hacer esto es una oración poderosa e indica la actividad del Cristo, la verdadera idea de Dios, dentro de nosotros. Jesús ejemplificó al Cristo hasta tal punto que fue bendecido con el título de Cristo. No obstante, nosotros también estamos plenamente equipados para expresar las cualidades propias del Cristo y orar con eficacia.
Una vez que adoptamos la práctica de atacar las creencias falsas y temerosas, en lugar de los síntomas, descubrimos que nuestra oración es mucho más eficaz. Ciencia y Salud dice: “Tu influencia a favor del bien depende del peso que eches en el platillo correcto de la balanza” (pág. 192). En la medida en que nuestros pensamientos y vidas reflejan el gobierno de Dios, seguimos el ejemplo supremo de Jesús.
¿Qué deberíamos hacer, entonces, si nos entregamos con alegría en oración al Cristo consolador, la Verdad, y cambiamos de pensamiento, cambiamos de opinión, pero aun así, seguimos sufriendo?
Seguimos orando hasta que la verdad supere el temor en nuestro pensamiento. Imagínate una balanza —de esas con un brazo balanceador y dos platillos vacíos—. “Si los platillos de una balanza están calibrados”, explica Ciencia y Salud, “el quitar un solo peso de cualquiera de ellos da preponderancia al opuesto. Cualquier influencia que pongas del lado de la materia, la quitas de la Mente, que de otro modo tendría preponderancia sobre todo lo demás” (pág. 168).
A medida que oramos de forma constante, eliminamos los pesos en la “balanza” de nuestro pensamiento del lado de la materia, a veces rápidamente, otras poco a poco. Cuando la balanza se inclina hacia el lado de la Mente que es Dios, experimentamos la armonía que siempre ha sido verdadera en nosotros, y como resultado se produce lo que llamamos curación. Por eso, es buena práctica permitir que nuestros pensamientos sean divinos y propios del Cristo, para que preponderen “sobre todo lo demás”.
En realidad, no hay peso ni sustancia en los pensamientos materiales; lo cual es inmensamente alentador. Así que, cuando oramos, no usamos la Verdad divina para destruir un mal real; abrazamos la Verdad para destruir cualquier creencia de que el mal es real.
Por ejemplo, no hace mucho, mordí un objeto duro en el alimento que estaba comiendo y me dañé gravemente la boca. Durante los días siguientes, oré por mí mismo con diligencia, permitiendo que Dios me bendijera con la más maravillosa inspiración del Cristo. El dolor físico no era mi prioridad; en cambio, al acudir a Dios en busca de ayuda, los pensamientos y temores sobre mí mismo fueron corregidos con la verdad de que yo era la creación espiritual de Dios.
Aunque el dolor no cedía ni un poco, no me desanimé. ¿Por qué? Porque en esa balanza que representaba la calidad de mi pensamiento, el lado que contenía temor, creencias falsas y conjeturas, aunque aún pesaba, se volvía cada vez menos gravoso cada vez que abrazaba una verdad espiritual que la Mente divina me revelaba.
El hecho de que siguiera sufriendo no quería decir que estuviera haciendo algo malo. Mis pensamientos cambiaban “del temor a la esperanza y de la fe a la comprensión”. Con la ayuda amorosa de Dios, vi que solo necesitaba seguir ajustando constantemente los pesos de esta balanza mental. La Biblia nos asegura: “Peso y balanzas justas son de Jehová; obra suya son todas las pesas de la bolsa” (Proverbios 16:11).
Cada día, notaba los diferentes pesos de pensamiento que estaba añadiendo a la balanza de mi manera de pensar, esforzándome por honrar cada vez más la vívida realidad que es la creación espiritual impecable de Dios. Con ternura, Dios me señaló algo de lo que Jesús había hablado una vez. Jesús vio a una viuda donar dos monedas —todo el dinero que tenía— echándolas al tesoro del Templo (véase Lucas 21:1-4). Reconocí de inmediato el punto que Dios me estaba mostrando. ¿Podía yo echar todo lo que atesoro acerca de mí mismo en la balanza de la verdad, sin reservar nada?
Sí, podía hacerlo. Así que seguí avanzando sistemáticamente en mis oraciones. Ciencia y Salud instruye: “El temor, que es un elemento de toda enfermedad, debe echarse fuera para reajustar la balanza a favor de Dios” (pág. 392).
Al día siguiente, estaba nadando, escuchando la guía de la Mente divina, y otro peso de temor se disipó. Quedó claro que todos los miedos y conjeturas del mundo sobre los accidentes no podían crear ninguna condición para mí, ya que soy creación espiritual de Dios. Sentí tanta gratitud por este inspirado cambio de perspectiva. En un instante, allí mismo en el agua, descubrí que estaba libre de dolor y completamente sano. La Verdad que es Dios pesaba más que todo lo demás en mi pensamiento.
“Puesto que la Verdad es infinita, se debería reconocer el error como nada”, aconseja Mary Baker Eddy en Ciencia y Salud. “Porque la Verdad es omnipotente en bondad, el error, lo opuesto de la Verdad, no tiene poder. El mal no es sino el contrapeso de la nada” (págs. 367-368).
Al orar cada día, este concepto de “contrapeso de la nada” puede ser muy útil. Si, en teoría, pusiéramos todo el miedo y la falsa creencia del mundo en un solo platillo de una balanza vacía, ninguna de las bandejas se movería. Las creencias falsas no pesan absolutamente nada, porque la Verdad divina no las respalda, y, por lo tanto, ningún peso se registra en ellas. Como creaciones espirituales de Dios, que es Todo-en-todo, tú y yo podemos disfrutar humildemente de cómo la inteligencia, la Verdad y el Amor en nuestros pensamientos siempre se registran y llevan todo el peso.
