¿Conoces la historia de Winnie the Pooh tratando de conseguir miel de un nido de abejas que está en lo alto de un árbol?
Es una historia escrita por un autor llamado A. A. Milne sobre un oso que vive en un bosque con sus otros amigos animales y un niño llamado Christopher Robin.
Primero, Pooh trata de trepar al árbol. Pero eso no sale tan bien porque se cae. Luego le pregunta a Christopher Robin si tiene un globo. Christopher Robin infla un globo azul, que se parece al cielo, y se lo da a Pooh para que pueda flotar hasta el nido de abejas. Tendrás que leer la historia tú mismo para ver si Pooh obtiene la miel de la colmena.
Cuando leí esta historia, pensé en todo el esfuerzo que hizo Pooh para trepar ese árbol, solo para caerse de él. A veces me esfuerzo mucho por comprender a Dios. Pero esforzarse mucho puede ser agotador y no siempre funciona. Cuando ponemos mucho esfuerzo mental por orar, no siempre parece muy fácil. Incluso puede hacernos sentir lejos de Dios.
Una mejor forma de comprender a Dios es más parecida al segundo intento de Pooh para conseguir la miel. Mientras Christopher Robin soplaba dentro del globo azul, este se iba haciendo cada vez más grande hasta que pudo flotar. El globo era tan grande que Pooh pudo aferrarse a él y elevarse al cielo.
Ahora, cuando me siento de mal humor o lejos de Dios, pienso en inflar un globo imaginario. En lugar de soplar, oro con las inspiradoras ideas acerca de Dios que están en la Biblia, como “Dios es amor” (1 Juan 4:8), y en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras de Mary Baker Eddy, como “Dios es el Espíritu infinito y omnipresente” (pág. 223). Esto significa que Dios es Espíritu y que Él está en todas partes.
A medida que aumento mi comprensión de Dios al aprender más sobre Él —y luego sujeto con fuerza este sentido cada vez mayor de Dios— eso me eleva y me siento feliz.
Puesto que Dios es infinito, hay infinidad de cosas que podemos aprender sobre Dios y Su bondad. Podemos seguir ampliando nuestra comprensión de Dios con más ideas espirituales cada día y dejar que nos eleven en lo más alto de nuestros pensamientos; ¡como el globo de Winnie the Pooh!
