Al encontrarme con noticias de fenómenos meteorológicos extremos —inundaciones, sequías severas, tormentas, vientos fuertes y olas de calor o frío— me he preguntado qué hacer para no tener miedo. Como estudiante de la Ciencia Cristiana, hallo en las Escrituras y en los escritos de Mary Baker Eddy una base sólida para enfrentar cualquier temor.
Una historia que siempre me inspira es la de Jesús en una barca con sus discípulos, cuando una feroz tormenta surgió en el mar de Galilea (véase Mateo 8:23-27). Mientras los discípulos temían por sus vidas, Jesús dormía. Cuando lo despertaron, pidiéndole que los salvara, él, “levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza”.
Este episodio revela la confianza de Jesús en el gobierno armonioso de Dios. En Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, la Sra. Eddy explica que “las leyes de la naturaleza son leyes del Espíritu” (pág. 183). También escribe: “Sintamos la energía divina del Espíritu, que nos lleva a renovación de vida y no reconoce ningún poder mortal ni material capaz de destruir cosa alguna” (pág. 249).
En la Ciencia Cristiana, aprendemos que Espíritu es otro nombre para Dios. Puesto que Dios es el bien infinito, no puede haber mal que cause destrucción o afecte negativamente a Sus hijos. Todos estamos siempre seguros en Dios. Esta comprensión trae paz y armonía, incluso en situaciones amenazantes, tal como ocurrió con los discípulos en aquella ocasión en la barca.
El año pasado tuve una experiencia que me ayudó a darme cuenta de esto más profundamente. En la región donde vivo, enero es un mes muy lluvioso. Las fuertes lluvias pueden causar muchos trastornos a la población local. Es común que las calles se inunden, las viviendas sufran daños y los vehículos sean arrastrados por las fuertes aguas.
Un día, estaba trabajando en la Sala de Lectura de la Ciencia Cristiana de una filial de la Iglesia de Cristo, Científico, de la que soy miembro. Sentada frente a una gran ventana que daba a un hermoso jardín en la parte trasera de la iglesia, empecé a leer la Lección Bíblica de la Ciencia Cristiana de esa semana. ¡Había una profunda sensación de quietud y paz!
Sin embargo, de repente el cielo se oscureció y fuertes vientos anunciaron la llegada de una tormenta severa. Al principio tuve miedo, pero mientras oraba con las ideas que había estado leyendo, reconocí que, puesto que Dios es omnipotente, no puede haber ningún poder capaz de destruir, en oposición a Su omnipotencia. Me mantuve en comunión con Dios durante unos minutos, reconociendo que todo el universo refleja la realidad divina que es espiritual y, por ende, se expresa en armonía y bien permanentes. El temor cesó y encontré paz en la certeza de que Dios lo controla todo, incluida la naturaleza.
Después de unos minutos, toda la escena empezó a cambiar. El cielo se despejó y conduje a casa sana y salva. Ya no llovía. No obstante, lo más importante para mí es que desde esta experiencia ya no tengo miedo cuando cambia el tiempo ni cuando escucho noticias sobre cambios climáticos extremos.
Estoy muy agradecida por las enseñanzas de la Ciencia Cristiana, a través de las cuales encontramos paz al profundizar nuestra comprensión de Dios y de Su naturaleza armoniosa.
