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Abandona las “imágenes talladas”

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 25 de mayo de 2026


En una época, se definía a una persona por cosas como cuán grande era su familia, cuántas hectáreas de tierra poseía, su nivel social, etc. Y aunque quizá nos sintamos agradecidos de que algunas de estas medidas no sean tan comunes como antes, hay paralelismos con la actualidad.

Hoy en día, puede parecer razonable definirnos a nosotros mismos y a los demás por nuestra riqueza, calificación crediticia, historia personal y elementos similares de nuestra vida. Sin embargo, si usamos estas medidas, podemos temer que lo que tenemos no sea suficiente, que nunca podremos estar a la altura, o que nos pueden usurpar o dañar nuestro valor o identidad. Es un problema que es necesario cuestionar.  

Recientemente, me llegó una pregunta relacionada con el Segundo Mandamiento, que dice en parte: “No te harás ninguna imagen tallada: … No te inclinarás ante ellas, ni les servirás” (Éxodo 20:4, 5, KJV). ¿Podría una visión del hombre como material ser un tipo de imagen tallada?  

Ser grabado es ser “cortado en la forma deseada” o “cortado o impreso en una superficie” (vocabulary.com). Incontables influencias en nuestra vida diaria parecen imprimir imágenes desemejantes a Dios en nuestro pensamiento. A partir del segundo capítulo del Génesis en la Biblia, el hombre es representado como mortal, pecador y limitado. Allí, Adán y Eva están representados como materiales; separados de Dios, del Espíritu.

En cambio, Génesis 1, que describe al hombre como creado a imagen de Dios, es el relato de la creación que los estudiantes de la Ciencia Cristiana aceptan como real y verdadero. El hombre real, la imagen y semejanza del Espíritu, es la creación espiritual de Dios, Su hijo. Dios ha dado a Su creación todo lo que podríamos necesitar. Por lo tanto, ya estamos completos y no podemos ser realmente moldeados y formados por el mundo que nos rodea.

Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, da esta declaración junto al título marginal “Origen espiritual” en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “En la Ciencia el hombre es linaje del Espíritu. Lo bello, lo bueno y lo puro constituyen su ascendencia. Su origen no está, como el de los mortales, en el instinto bruto, ni pasa él por condiciones materiales antes de alcanzar la inteligencia. El Espíritu es su fuente primitiva y última del ser; Dios es su Padre, y la Vida es la ley de su ser” (pág. 63).

Aceptar esto como verdadero es elevarse de los sentidos al Alma; de una falsa percepción de nosotros mismos como materiales y mortales a una comprensión de quiénes siempre hemos sido por ser el reflejo del Alma, Dios.

En el pasado, tendía a esconderme en los márgenes de la vida, donde el miedo decía que era el lugar más seguro para vivir. Allí, pensé que podía esconderme detrás de mis inseguridades y temores: no era lo suficientemente buena; no estaba a la altura de lo que el mundo decía que debía ser; era un fracaso. Salir de los márgenes de la vida significaría que todos sabrían lo incompleta que era. Estaba aceptando una opinión incorrecta de mí misma, de mi identidad.  

A través de mi estudio de la Ciencia Cristiana, empecé a desafiar este miedo. Empecé a confiar en el poder de Dios para gobernar mi vida. Hice a un lado el control personal y me alejé de los márgenes. Al orar, me recordé a mí misma que mi Padre-Madre Dios me dio mi identidad —y la mantiene perpetuamente—, que “lo bello, lo bueno y lo puro” es mi historia verdadera, y que no podía ser vulnerable ni puesta en ninguna situación fuera del cuidado amoroso de Dios. Mi verdadera identidad espiritual siempre está a salvo bajo la custodia de Dios.

Se presentó la oportunidad de aplicar a una situación angustiante algunas de las lecciones que estaba aprendiendo sobre la identidad que Dios me ha dado. Parte de mi información personal fue comprometida en una violación de datos personales. Mis cuentas financieras fueron atacadas; se retiró dinero; hubo intentos de hacer cargos en mis cuentas e incluso de tomar el control de mi teléfono. En algunos casos, cambiaron las contraseñas. Mientras oraba sobre esto y escuchaba a Dios en busca de orientación, me preguntaba si mi identidad es lo que el mundo dice de mí y si es vulnerable a que se pierda, robe o saquen ventaja de ella. ¿O mi identidad es lo que Dios, el Espíritu, sabe de mí y, por ende, es siempre espiritual, está a salvo e intacta?  

No quería someterme al miedo que dictaría un resultado negativo inevitable de esta violación. La oración me permitió estar tranquila en medio de la adversidad en lugar de creer en la legitimidad del temor o permitir que el miedo moldeara mi comportamiento. Dios nos permite saber que Él siempre está presente y cuidando de nosotros. Así que no acepté que tenía un enemigo ahí fuera que se aprovechaba de mí. Al orar, bendecía a quienes intentaban ‘ultrajarme’, como nos enseña Cristo Jesús (Mateo 5:44), reconociendo su verdadera naturaleza espiritual como hijos honestos y amorosos de Dios. Entonces un amigo me recordó que, puesto que Dios me había dado mi identidad, mi identidad siempre estaba a salvo.

Sabía que era importante recordar que Dios, el bien, siempre tiene el control de toda vida, incluida la mía. No podía perder el control de ninguna parte de mi vida. El robo y la explotación no tienen poder para cambiar lo que Dios ha establecido. También era importante para mí reconocer mi inocencia y aferrarme a mi verdadera identidad como hija de Dios. Me negué a aceptar la sugestión de que yo era responsable de lo ocurrido por no haber sido lo suficientemente cuidadosa con mi información personal. En cambio, me mantuve en la verdad de que Dios nos protege de los errores y que yo era inocente de cualquier mala conducta.

Algunos asuntos tardaron en resolverse, pero mi confianza en la bondad de Dios creció a medida que seguía orando. Sentí la necesidad de tomar medidas prácticas, como comunicarme con las instituciones financieras, cambiar contraseñas, bloquear las cuentas temporalmente, etc. Hubo ocasiones en que recibía un “empujoncito angelical” de Dios para que comprobara algo y evitara que ocurriera alguna acción perjudicial. Al final, todo fue restaurado, así que no se perdió nada. Estaba agradecida de no haber sido moldeada para incluir la creencia de que era vulnerable y necesitaba retroceder, temerosa de lo que otros pudieran hacerme. “El Señor está a mi favor; no temeré.
¿Qué puede hacerme el hombre?” (Salmos 118:6, LBLA).

Sigo ganando confianza en apoyarme en Dios mientras avanzo con confianza como hija de Dios, Su imagen y semejanza, con el sentido de propósito que Dios me ha dado.

Desde que tengo memoria, he apreciado 1 Juan 3:1-3: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.  Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”. Es liberador dejar de lado cualquier criterio que el mundo quisiera usar para definirnos y reconocer en cambio nuestra verdadera identidad espiritual; quiénes somos y siempre hemos sido como Dios nos conoce.

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