Cuando mis familiares y amigos eran futuros padres, me encantaba ver cómo preparaban los lugares para sus preciosos bebés. Con consideración y cariño, elegían los muebles y decoraciones perfectos para la habitación del bebé, ropa y juguetes. Planeaban y preparaban todo con alegría y expectativa. Cuando llegaban los pequeños, todo lo que necesitaban ya los estaba esperando.
Ver el desarrollo de este dulce escenario para mis pequeños sobrinos, sobrinas y amigos me recuerda un dato espiritual importante: Mientras los padres hacen toda esa preparación para sus recién nacidos, ¿cuánto más prepara nuestro divino Padre-Madre Dios un lugar para cada uno de nosotros, tú y yo, porque somos Sus amados y preciosos hijos? El Amor divino ha preparado un lugar para cada uno de nosotros, con todo lo que podamos necesitar.
En el relato espiritual de la creación en Génesis, capítulo 1, Dios prepara un lugar para el hombre, tanto hombre como mujer, y provee todas sus necesidades antes de que aparezcan en escena el sexto día. Los días de la creación no tratan sobre el tiempo humano, sino sobre el orden divino, lo que ilustra que el desenvolvimiento de nuestro lugar y provisión adecuados que Dios efectúa de antemano en realidad está ocurriendo de forma continua, y es una ley universal.
Cristo Jesús enseñó a sus seguidores esa ley universal en el Sermón del Monte cuando dijo: “Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6:8). Puesto que nuestro Padre es Espíritu, lo que se provee no son cosas materiales, sino ideas espirituales, como la verdadera sustancia y salud, armonía y alegría, y estas satisfacen nuestras necesidades diarias. Esta certeza propia del Cristo es una promesa de que ya tenemos lo que necesitamos, no porque hayamos trabajado para ganárnoslo, sino por la naturaleza de Dios como Amor y como Todo, y nuestra naturaleza por ser Su reflejo.
Lo que nos queda por hacer es conformar espiritualmente nuestros pensamientos y acciones de tal manera que podamos ver que el Padre-Madre Amor nos lleva a cada uno al lugar tan generosamente preparado para nosotros, y confiar fielmente en Él para todas nuestras necesidades, reflejando la misma alegría y expectativa que el Amor tiene por nosotros.
