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Caminar sobre las olas

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 16 de febrero de 2026


Jesús caminó sobre las olas; no tuvo que luchar para abrirse paso a través del oleaje. Caminó entre la multitud enfurecida, sin que lo tocara la violencia; y enseñó a sus seguidores a hacer lo mismo. 

Cuando su discípulo Pedro le cortó la oreja al siervo del sumo sacerdote, quien formaba parte del grupo que vino a arrestar a Jesús, el Maestro sanó al hombre, diciéndole a Pedro: “Guarda tu espada. Debo beber de la copa que el Padre me ha dado” (Juan 18:11, Contemporary English Version). 

Jesús tenía plena confianza en el cuidado que Dios le brindaba, independientemente de lo que parecieran ser las circunstancias. A pesar de los ataques del mal contra Jesús, él pudo decir: “Este yugo es fácil de soportar, y esta carga es ligera” (Mateo 11:30, CEV). Veía más allá de la imagen falsa y mortal hacia la verdad del reino celestial de Dios, armonioso y siempre presente.

Jesús se apartaba con frecuencia de la multitud para pasar tiempo a solas con Dios, y nos aconsejó que ingresáramos a nuestro “aposento” para entrar en el santuario mental del Espíritu. En este santuario, mantenemos el equilibrio espiritual y bebemos el tierno amor de nuestro Padre-Madre hasta que nos sentimos seguros de estar a salvo. Y no solo estamos a salvo, sino que en el reino de Dios el mundo entero es cuidado por completo: nuestras familias y comunidades, nuestros países y gobiernos, nuestro planeta hasta los confines más lejanos del universo. No hay ni una sola pizca de la creación de Dios que pueda sufrir o desviarse de su propósito de expresar y glorificar a Dios.

Quizá nos falta la confianza para afrontar nuestros propios desafíos como hizo Jesús. Por muy difícil que sea el problema que enfrentemos, si nos volvemos a Dios con todo nuestro corazón, podemos tener la certeza de que nuestro Padre-Madre no nos dejará sin ayuda. Esto es cierto, porque todo nuestro ser como expresión espiritual individual de Dios existe únicamente en el Espíritu, y por lo tanto, está completamente fuera del alcance de las llamadas fuerzas materiales del mal.

No superamos el error ignorándolo. A medida que el pensamiento se eleva por encima del cuadro mortal, el error se disuelve de forma natural. Mientras una situación parezca amenazante, sabemos que aún tenemos trabajo por hacer para alinear nuestro pensamiento con la Mente divina, hasta que el cuadro deja de impresionarnos y vemos que no puede existir en el reino de Dios.

Permitir que la luz del Espíritu entre en el pensamiento disipa las sombras del temor, el sentido personal y la ira. A menudo esto requiere diligencia, así como volvernos repetida y humildemente a Dios hasta que tenemos confianza en el dominio del Amor  sobre la situación y vemos la verdad con claridad.

Mediante el estudio de la vida y las curaciones de Jesús, he aprendido que, por muy insistente que sea la apariencia del mal, no tiene realidad; no tiene poder para tocar la creación espiritual, que está completamente intacta y tranquila. Es cuando nos mantenemos fijos en la ilusión del caos y la miseria que nuestro pensamiento se perturba por lo que parece ser una realidad maligna. 

¿Cómo seguimos el ejemplo de Jesús y nos elevamos por encima del mal? Cuando se acercaba a los que necesitaban ayuda, a menudo comenzaba con las palabras: “No temas”. El miedo puede oscurecer la verdad acerca de la presencia y el amor de Dios por nosotros. Pero Jesús dijo: “Tu Padre sabe lo que necesitas incluso antes de que lo pidas” (Mateo 6:8, CEV). Él lo demostró, comprendiendo que no podía estar en ningún lugar o circunstancia donde Dios no estuviera ya allí, suministrando lo necesario.

Un ejemplo está registrado en el libro de Juan. Después de alimentar a una multitud hambrienta, Jesús se retiró de la ajetreada escena para comulgar con su Padre. Aquella noche, sus discípulos estaban en el mar en una barca cuando se levantó un gran viento que amenazaba su seguridad. Pero Jesús caminó tranquilamente sobre las olas hasta ellos, calmó sus temores y entró en la barca (véase Juan 6:4-21). En lugar de sentirse impresionado con la imagen de un mar azotado por la tormenta, Jesús tenía plena confianza en el cuidado de Dios por todos ellos. Alivió los temores de los discípulos, y fueron transportados al instante a su destino.

Jesús enfrentó muchos desafíos: infinidad de enfermos que deseaban sanar, multitudes hambrientas, hombres que querían atacarlo e incluso matarlo. A pesar de ello, mantuvo una actitud de dominio. Al seguir su ejemplo, podemos tener la certeza de que aprenderemos y crecerá nuestra comprensión de Dios hasta que también superemos nuestros desafíos con ese dominio sanador.

A veces los problemas parecen enfrentarnos de forma persistente y agresiva. En una ocasión, luché durante más de un año con una decisión que tomaron en mi filial. Sentía que me afectaba negativamente y dañaría a nuestra comunidad de la iglesia. Mis esfuerzos personales por corregir el problema parecían no tener ningún efecto. Llamé a practicistas de la Ciencia Cristiana en busca de ayuda a través de la oración muchas veces durante el año siguiente a esta decisión, con la esperanza de aliviar la gravedad de la situación. 

Finalmente, hubo otra reunión que estaba segura abordaría este problema. Me sentí en paz, confiada en que Dios resolvería el problema de la manera correcta. Ya no me interesaba analizar quién tenía qué opinión sobre el asunto, y me di cuenta de que no estábamos trabajando para unificar mentes humanas, sino para alinear nuestro propio pensamiento con la única e incomparable Mente divina. Comprendí que la única forma de resolver este problema era por medio de Dios, no de la mayoría de las opiniones humanas. Durante la reunión se habló e implementó una solución armoniosa que disolvió completamente el conflicto y restauró la armonía en toda la situación.

A veces podemos sentirnos tentados a pensar que, si enfrentamos un problema que no podemos resolver, entonces no estamos aplicando correctamente la Ciencia Cristiana o no sabemos cómo orar con eficacia. Afortunadamente, la Biblia ofrece ejemplos de curación para prácticamente todos los problemas conocidos por el hombre. Y tenemos Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, el cual fue revelado divinamente a la Sra. Eddy para la salvación de la humanidad. Con estas herramientas y un corazón receptivo, tenemos todo lo necesario para enfrentar y destruir el mal en cualquier forma que pueda parecer a nuestro pensamiento.

En el poema de la Sra. Eddy “Cristo mi refugio” (Escritos Misceláneos, pág. 389), ella nos reconforta:

A Cristo veo caminar,
venir a mí
por sobre el torvo y fiero mar;
su voz oí.
Me asienta firme la Verdad
en roca fiel,
se estrella el bronco vendaval
en su poder.

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