Puede parecer que los titulares se intensifican cada día con noticias cada vez más aterradoras y desalentadoras. No seríamos los únicos en preguntar: “¿Vamos a estar bien? ¿Deberíamos buscar refugio? ¿O simplemente esperar con paciencia?”
Al verlo desde la perspectiva de la Ciencia Cristiana, notamos que la Biblia nos asegura que la paz y el amor de Dios están con nosotros, y también que Dios es el “Dios fiel ... hasta las mil generaciones” (Deuteronomio 7:9). “Mil generaciones” indica la fidelidad permanente de Dios, que no es solo a veces ni ocasional. Y podemos estar conscientes de la promesa que nos ha hecho a nosotros —Su amada creación espiritual— de que Su paz y amor están siempre con nosotros.
Esta fidelidad es una manifestación de la eterna unidad de Dios con Su amada expresión, el hombre, incluyendo a cada individuo. La exploración de esta promesa es un tema predominante que me inspiró mientras estudiaba una lección bíblica del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana sobre el tema del “Amor”.
El libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras de Mary Baker Eddy, nos asegura que, puesto que “El Amor está entronizado” (pág. 454), por muy difícil que sea la situación a la que nos enfrentemos, podemos mantenernos firmes sabiendo que el Amor divino es la única autoridad y la única influencia; que, en verdad, el Amor tiene el control total y guía el camino.
Esto no es una especie de visión optimista sobre eventos difíciles. Es el sincero compromiso de sumergirse bajo las olas espumosas y rompientes hacia la profunda calma y la presencia restauradora del Amor. Jesús ilustró este enfoque cuando resucitó a su amigo Lázaro cuatro días después de su muerte, relato que forma parte de la Lección Bíblica.
La situación parecía desesperada. No obstante, Jesús se volvió hacia Dios con firme confianza y demostró con autoridad y permanencia que “el Amor divino no puede ser privado de su manifestación u objeto” (Ciencia y Salud, pág. 304).
¿Pero es cierta esta promesa hoy? ¿Podemos seguir experimentando el cuidado inmediato del Amor divino?
Sí. Permítanme compartir un ejemplo reciente. Los domingos por la mañana casi siempre veía a cierta persona sin hogar en la calle, sentada en un cajón de leche, llevando una gorra de veterano del Cuerpo de Marines de los EE. UU. y mirando a lo lejos. Solo se sentaba allí los domingos, durante un par de horas, sin importar el tiempo que hiciera; calor, frío, granizo, nieve, lluvia. A lo largo de los años charlábamos un poco de pasada, normalmente sobre el tiempo, pero él también me contó que había servido en combate y sufrido de la “culpa del sobreviviente”.
Un día, esta primavera, sentí que Dios me guio a compartir con él un impreso que incluía estas frases de la Lección Bíblica: “El Amor divino siempre ha respondido y siempre responderá a toda necesidad humana. No está bien imaginarse que Jesús demostró el poder divino de sanar sólo para un número selecto o por un limitado período de tiempo, puesto que a la humanidad entera y a toda hora, el Amor divino suministra todo el bien” (Ciencia y Salud, pág. 494).
Esta certeza de que, cualquiera sea la situación, podemos aceptar que Dios nos ama y sentir Su cuidado, me ha sido muy útil y también le fue muy útil a él. Cuando lo vi la semana siguiente, me dijo sonriendo que leía las citas todos los días. Y la siguiente vez que lo vi, tenía buenas noticias que contarme. Dijo que una señora había pasado y le había preguntado si realmente era veterano, a lo que él respondió que sí y le entregó sus papeles de servicio. Ella le encontró alojamiento y él se mudó a su propio apartamento casi de inmediato.
Ojalá hubieran podido ver cómo le brillaban los ojos mientras sacudía la cabeza con incredulidad, y cómo sonreía al compartir más detalles sobre su nuevo hogar, que está cerca de donde hace las compras y de su iglesia. No lo he visto en la calle desde aquel día.
Al reconocer el amor y el cuidado de Dios hacia nosotros, vemos que el Amor se manifiesta de las formas más perfectas. Esto me recuerda un himno cuyas palabras provienen de un poema titulado “Tu derecho de nacimiento”. El himno comienza así:
No olvides quién eres, oh hijo de Dios,
pues Dios exige de ti pura reflexión;
Tu herencia es grandiosa, y tu hogar,
en el cálido abrazo del Espíritu,
a salvo, protegido está.
Y concluye:
De nacimiento real, eres el propio hijo de un Rey—
Y Dios es tuyo, y tú eres por siempre de Dios.
(Mildred Spring Case, Christian Science Hymnal: Hymns 430-603, No. 475, alt. © CSBD)
Esa es una buena noticia a la que siempre podemos recurrir: Dios nos ama “hasta las mil generaciones”.
