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Dios sana a los quebrantados de corazón

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 19 de enero de 2026


Como periodista en Abuya, la capital de Nigeria, pasé varios meses publicando reportajes para una organización de noticias con sede en Lagos, la antigua capital. No obstante, finalmente perdí mi trabajo debido a una reorganización de la empresa. Por supuesto, la situación provocó la pérdida de ingresos. Una cosa llevó a la otra y me vi obligado a volver a Imo, mi estado natal. Perder el trabajo me rompió el corazón.

Poco después, me llegaron sugerencias bienintencionadas sobre cómo podría sobrevivir al desempleo. Recibí el consejo de un pariente que opinaba que debía recurrir al alcohol, porque me haría feliz. Rechacé su consejo por la convicción de que, por el contrario, el alcohol solo me daría felicidad temporal y después empeoraría mi situación; y, lo que es más importante, pondría en peligro mi dedicación al ministerio sanador de la Ciencia Cristiana.

Las Lecciones Bíblicas de la Ciencia Cristiana me aseguraban que Dios es la fuente de nuestra provisión y sana a los quebrantados de corazón. También me recordaban que Dios, no las cosas materiales, nos consuela, y que jamás podemos perder el consuelo de Dios. El apóstol Pablo escribió a los romanos: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? … Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35, 37-39). 

Cuando sentía pesar y angustia, a menudo encontraba consuelo en los himnos del Himnario de la Ciencia Cristiana, ya que las palabras de estos himnos son un bálsamo reconfortante para las mentes perturbadas. Por lo tanto, pude superar la angustia y confiar en Dios como la fuente de mi provisión. Esta confianza no fue en vano, ya que encontré otro empleo que me mantuvo en pie en ese momento, y continúo realizando un trabajo productivo. 

Dios sigue siendo fiel a todos nosotros.

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