Durante la pandemia, la empresa de inversiones financieras donde había trabajado por 15 años vivió una época de considerables cambios. Un gran desacuerdo entre los principales accionistas finalmente acabó por llevar a que uno de ellos dejara la empresa, y el desgaste financiero y mental del accionista que quedó a cargo fue enorme.
Con recursos financieros limitados, mi jefe empezó a trabajar para ayudar a la empresa a recuperar parte de su solvencia. El negocio necesitaba recuperarse. Nuestra empresa intentó que compañías extranjeras que antes habían mostrado considerable interés en nosotros invirtieran en la misma.
Mientras tanto, el ambiente mental de nuestra empresa parecía completamente estancado. La preocupación de mi jefe por el futuro de la empresa, incluso por su viabilidad a corto plazo, era muy evidente. Esto inició una cadena de pensamiento negativo entre los directores y fomentó la expectativa general de que habría malos resultados para la empresa. De hecho, esperaban liquidarla.
No parecía haber opciones viables para avanzar. Los empleados especulaban todo tipo de cosas y empezaron a circular muchos rumores.
Durante mi tiempo de oración y estudio diarios, afirmaba que no aceptaría que el bien estuviera limitado de ninguna manera, ni que se esperaban cosas malas. Si Dios era Todo-en-todo, solo podíamos contemplar Su naturaleza perfecta. Decidí ser muy firme en mi convicción de que la provisión no era limitada. Confiaba en que teníamos por delante una gran variedad de oportunidades que Dios, el bien, nos tenía preparadas.
Decidí que pasaría todo mi tiempo orando. Cada vez que alguien me decía algo negativo sobre la empresa, no permitía que eso me afectara ni a mí ni a mis decisiones en el trabajo. Y eso incluía mis reuniones con mi jefe. Es un empresario sabio que ha dirigido esta empresa durante muchos años. Así que, cada vez que empezaba a decirme que no había nada que se pudiera hacer, me centraba aún más en todos los conceptos verdaderos sobre Dios y reconocía mentalmente que ambos expresábamos y poseíamos la capacidad de ver el bien hoy. No teníamos que esperar a mañana; el día de hoy ya estaba lleno de bendiciones.
Entonces recibimos una carta de las compañías de inversión informándonos que no invertirían en nosotros. Dieron varias razones, y parecía que la única solución disponible era cerrar.
Mientras todo esto ocurría, hubo también un cambio en nuestro equipo de ventas. Una joven que había trabajado anteriormente para uno de nuestros competidores se había unido a nosotros. Durante nuestras conversaciones me contó cómo habían manejado una situación similar en la otra empresa a través de cierto banco. Escuché con atención, al darme cuenta de que esto podría ser una excelente alternativa para nosotros. Poco después me senté con mi jefe y le comenté que nuestra empresa nunca había explorado esta idea. Mi jefe aceptó reunirse con el banco.
Durante todo este proceso mantuve mi actitud vigilante de no aceptar pensamientos limitantes. Afirmaba mentalmente que Dios nos había dado dominio y que no éramos víctimas. Sabía que había un camino a seguir y que nos estaban guiando. Me aferraba con firmeza a estas ideas cada vez que iba caminando al trabajo y escuchaba las grabaciones de audio de las Lecciones Bíblicas semanales del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana.
Poco después de reunirnos con este banco, pudimos conseguir financiación de ellos. En menos de una semana tuvimos acceso al doble de los recursos que habíamos solicitado a las empresas de fondos de inversión. Esto me llenó de una profunda alegría y de la certeza de la presencia y continuidad del bien.
Pero las bendiciones no se detuvieron ahí. Con este cambio de pensamiento, todo se abrió. La perspectiva de mi jefe se amplió y su actitud se renovó por completo. Surgieron muchas oportunidades de negocios y acabamos invirtiendo en proyectos a muy corto plazo en otros productos financieros, así como en otras empresas financieras emergentes. Esto nos llevó a una nueva dirección empresarial, y hoy tenemos una empresa con un entorno laboral y una plantilla mucho más dinámicos que hace dos años.
Cuando ese estancamiento se rompió, me di cuenta de que la provisión siempre está disponible cuando está la idea correcta. La forma en que operamos ha cambiado; la actividad es constante, el personal es alegre y siempre estamos buscando oportunidades para mejorar. El hecho de que este cambio haya ocurrido en tan poco tiempo al abrir el pensamiento me llena de mucha alegría. El miedo que existía ha desaparecido y ha dado paso a disfrutar de las oportunidades, crear espacios para expresar nuestros talentos y seguir bendiciendo a las familias y personas que trabajan en la empresa y a los clientes que reciben los productos.
Lo que pude deducir de esta experiencia fue la enorme convicción de que el bien siempre está presente. No importa qué limitación te esté gritando. Las ideas correctas siempre están presentes y la solución perfecta siempre está a la mano.
Mary Baker Eddy nos dice en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras que la “metafísica resuelve las cosas en pensamientos y cambia los objetos de los sentidos por las ideas del Alma” (pág. 269). Durante esta experiencia, no centré mis oraciones en que los fondos de inversión nos dieran los recursos necesarios ni en un camino humano en particular. Al contrario, me refugié en el hecho de que, como expresiones de Dios, somos capaces de escuchar y obedecer la guía que proviene de la Mente divina; ideas que nos hablan de bondad, paciencia, inteligencia y seguridad y afirman que todos nosotros, aquí y ahora, somos hijos de Dios.
