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Iglesia: Avanzar juntos con alegría

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 5 de enero de 2026


“La luz del sol destella desde la cúpula de la iglesia, atisba en la celda de la prisión, se desliza en el aposento del enfermo, ilumina la flor, embe­llece el paisaje, bendice la tierra” (Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 516). Al leer este pasaje recientemente, noté que la luz del sol primero brilla desde la cúpula de la iglesia, luego va a la celda de la prisión y al aposento del enfermo antes de iluminar, embellecer y bendecir el entorno. Para mí, esto representa el progreso y la bondad que la Iglesia aporta al mundo. Entonces, ¿qué tiene la Iglesia que produce este efecto?

El Manual de La Iglesia Madre, escrito por la Sra. Eddy afirma: “En la Ciencia Cristiana cada iglesia filial será netamente democrática en su forma de gobierno, y ninguna persona ni otra iglesia deberá intervenir en sus asuntos” (pág. 74). A primera vista, puede parecer que este Estatuto solo habla de cómo lidiamos con los problemas que surgen en el funcionamiento diario de las Iglesias filiales de Cristo, Científico. Pero he descubierto que va mucho más allá de eso. 

La Sociedad de la Ciencia Cristiana, de la que soy miembro, no siempre ha sido un lugar feliz. Pero me di cuenta de que mi propia experiencia de iglesia era mucho más feliz al poner en práctica mi concepto más elevado de ese Estatuto en mis interacciones con los otros miembros. Todos habíamos estado orando por la armonía en nuestra iglesia, y ahora reconocemos que hemos sentido los resultados de esas oraciones en los últimos años.

Para mí, el Estatuto se refiere a la necesidad de que los miembros se comprometan a trabajar juntos. Entonces, ¿cómo progresamos juntos como iglesia? Tenemos a nuestro pastor, la Santa Biblia, junto con Ciencia y Salud. Con humildad y el conocimiento de que Dios es la única Mente, recurrimos individualmente a este pastor en busca de inspiración. Este estudio nos permite ver que la Mente divina alinea a todas sus ideas, sus hijos, en una alegre consonancia entre sí.   

El Glosario de Ciencia y Salud define a la Iglesia, en parte, como “aquella institución que da prueba de su utilidad y se halla elevando la raza, despertando el entendimiento dor­mido de las creencias materiales a la comprensión de las ideas espirituales y la demostración de la Ciencia divina, así echando fuera los demonios, o el error, y sanando a los enfermos” (pág. 583). Esto deja claro que la Iglesia es la actividad de la Mente divina. Nuestras oraciones unos por los otros y nuestras actividades en ella, están elevando a la humanidad, no solo a sus miembros. Están moviendo el pensamiento del mundo.

La historia de Moisés, quien sacó a los israelitas de Egipto, ilustra algunas de las bendiciones de este apoyo mutuo. Tras escapar de la esclavitud en Egipto, llegaron a la Tierra Prometida en aproximadamente un año y medio. Moisés envió a Caleb, Josué y a un representante de cada una de las otras diez tribus para explorar la tierra. A su regreso, Caleb y Josué informaron que era una tierra hermosa y que, mientras obedecieran a Dios, podrían habitarla con todo éxito (véanse Números 13 y 14). Pero los otros exploradores argumentaron que los habitantes de la tierra eran muy fuertes y que los israelitas no podrían vencerlos. Parece que la valoración de la situación que hicieron esos diez exploradores fue puramente física. Esto asustó a los israelitas, que se negaron a entrar en la Tierra Prometida. Durante cuarenta años, vagaron por el desierto.

Lo que realmente despierta mi interés es que Moisés, Aarón, Josué y Caleb se quedaron con el resto de los israelitas. No dijeron: “Ya no queremos saber nada más con ustedes; ¡Nosotros nos vamos!”. Y Dios los cuidó a todos, dándoles comida y agua. Y en todo ese tiempo, sus ropas no se desgastaron.

Finalmente, se encontró que el temeroso razonamiento de los diez exploradores no  se igualaba con el cuidado amoroso que Dios les había mostrado. Al reconocer este amor, los hijos adultos de quienes se negaron a entrar en la Tierra Prometida estuvieron listos para confiar en que Dios los protegería y les daría lo necesario, y dispuestos a avanzar… juntos.

Aún quedaban desafíos por delante que requerían compromiso y valentía. Por ejemplo, para entrar en la Tierra Prometida, tenían que obtener el control de Jericó, una ciudad que controlaba las rutas migratorias de la región y estaba estratégicamente situada junto a un fértil oasis. Esto requirió derribar las murallas de la ciudad. Refiriéndose a cómo se logró esto, la Sra. Eddy dice que “… todos tuvieron que gritar a la vez a fin de que los muros se desplomaran, …” (Escritos Misceláneos 1883-1896, pág. 279).

La paciencia que Moisés, Aarón, Josué y Caleb demostraron a sus compañeros israelitas durante esos cuarenta años en el desierto ayudó a construir la confianza del pueblo en el amoroso cuidado de Dios y el respeto por Sus leyes. Probablemente, esto formó la base del compromiso de los israelitas de seguir adelante. 

También pensé en la democracia como el compromiso de nuestra Sociedad de la Ciencia Cristiana de trabajar juntos: nuestro compromiso como iglesia con la justicia, la igualdad, el respeto, la confianza y la compasión. Me ayudó a ver que vivir esas cualidades de Dios llenos de alegría, refleja esa luz del Amor y la Verdad —de Dios— a nuestras comunidades y al mundo, permitiéndonos “[mantener] en jaque al crimen” (Ciencia y Salud, págs. 96-97), sanar enfermedades y beneficiar nuestro entorno.

Nuestra Sociedad de la Ciencia Cristiana lo demostró recientemente. Durante muchos años, nuestro edificio fue objeto de vandalismo. Habíamos orado para ver a todos en nuestra comunidad como expresiones de Dios, pero finalmente nos dimos cuenta de que trataban a nuestra iglesia como si no tuviera valor alguno. Los terrenos de la iglesia se usaban para consumir drogas ilegales, esconderse de la policía y como refugio para el ausentismo escolar. Un joven, al ser contactado por los daños, dijo que pensaba que era un edificio abandonado. 

Entonces, un sábado por la noche, todas las ventanas traseras de la iglesia fueron  destrozadas a pedradas. Llegamos el domingo por la mañana y encontramos cristales rotos en los asientos, la mesa de los Lectores, por todas partes. Los quitamos  y celebramos nuestro servicio, y las oraciones de la congregación en la iglesia esa mañana fueron palpables. Al final del servicio, todos estuvimos de acuerdo en que debíamos instalar una valla. 

Después de poner la valla, el vandalismo cesó y nuestros vecinos, incluido un colegio cercano, nos dieron las gracias. Pude ver que todos teníamos una sola Mente, trabajábamos juntos, y cuando demostramos que valorábamos nuestra iglesia y sus actividades, la comunidad vio que eso también respondía a sus necesidades. Ahora estábamos avanzando con nuestra comunidad.

Desde esa base de unidad, hubo más progreso. Nuestra aula y vestíbulo de la Escuela Dominical necesitaban reparaciones con urgencia, pero el costo de la reforma parecía estar fuera de nuestras posibilidades. Sin embargo, casi inmediatamente después de instalar la valla, todo se arregló para hacer el proyecto. Se encontró una fuente de financiación de una manera totalmente inesperada. Cuando recordamos lo sucedido, podemos ver que primero tuvimos que reconocer que Dios cuidaba de nosotros y respondía a todas nuestras necesidades. Ahora, cuando miramos la hermosa aula y el vestíbulo de la Escuela Dominical, podemos decir sinceramente: “¿Qué no puede hacer Dios?” (Ciencia y Salud, pág. 135).

Pero más allá de esta hermosa renovación, el verdadero logro fue nuestra demostración de la verdadera democracia. Como expresa la Sra. Eddy: “La Carta Magna de la Ciencia Cristiana significa mucho, multum in parvo: todo-en-uno y uno-en-todo. Representa los derechos universales e inalienables de los hombres. Su gobierno, esencialmente democrático, es administrado por el común acuerdo de los gobernados, en el cual y por el cual el hombre gobernado por su creador se gobierna a sí mismo” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 246).

Esa es la luz del sol que destella desde la cúpula de la iglesia y bendice la tierra.

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