De niño, participé en muchos deportes competitivos. Encontré que el deporte era un gran medio para practicar y demostrar la Ciencia Cristiana, para probar la presencia y el poder de Dios en mi vida diaria. Aprendí que los deportes consistían más en el crecimiento espiritual y aprender a centrarse en Dios que en la destreza.
Los deportes me brindaron una gran oportunidad para establecer y fortalecer mi relación con Dios. Cualquier actividad deportiva se convertía en una ocasión para crecer espiritualmente, desarrollar habilidades y divertirse.
Aprendí a determinar un sentido de dominio y propósito espirituales, esforzándome por obtener mi mejor actuación con expectativa y alegría. Los deportes se convirtieron en un descubrimiento, una aventura, un momento para demostrar las habilidades que Dios me había dado y para glorificarlo. El objetivo era expresar cualidades espirituales y participar con serenidad, fuerza, agilidad, rapidez, valor y libertad.
¿Cómo logra un estudiante de la Ciencia Cristiana tener éxito en los deportes? He descubierto que la clave para destacarse y disfrutar los deportes desde una perspectiva espiritual incluye preparación, inspiración, motivación, una adecuada actitud competitiva, participación y humildad adecuadas.
Preparación
Una parte memorable de mi infancia, fue que uno de mis padres comenzaba cada día leyéndonos una o dos secciones de la Lección Bíblica del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana a mis hermanos, hermanas y a mí alrededor de la mesa del desayuno. A veces, incluso los amigos del barrio pasaban por nuestra casa de camino a la escuela y escuchaban. La Lección-Sermón era un trampolín hacia cada día; no solo ayudaba con los deportes, sino que se aplicaba muy bien a nuestros estudios y actividades sociales después del colegio y los fines de semana.
Cuando entré en la adolescencia, también guardaba tarjetas con citas de la Biblia y Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, y las consultaba con regularidad, especialmente antes de los partidos. Entre ellas se encontraban: “Lo que sea que hagas, haz todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31, KJV); “No puedo yo hacer nada por mí mismo” (Juan 5:30); “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17); y “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16), entre otros.
Aprendí que la preparación mental es esencial tanto para rendir bien como para disfrutar de cualquier deporte. Y la preparación, centrada en la Lección Bíblica y otras ideas específicas de la Biblia y los escritos de la Sra. Eddy, ha proporcionado una base sólida sobre la cual progresar espiritualmente.
Inspiración
He descubierto que la inspiración es la clave del éxito deportivo. La inspiración hace que la práctica sea agradable y conduce al sacrificio y esfuerzo necesarios para alcanzar nuestro potencial. El pensamiento inspirado nos ayuda a elevarnos por encima de las creencias limitadas y mortales. Recuerdo que pensaba con regularidad: “Nada puede sustituir el pensamiento inspirado”.
En Ciencia y Salud leemos: “El pensamiento inspirado renuncia a una teoría material, sensual y mortal del universo, y adopta la espiritual e inmortal” (pág. 547). El atleta inspirado juega sabiendo que Dios está presente en cada juego y práctica; de esta forma, el deportista no solo perfecciona sus habilidades, sino que demuestra hechos inmortales y progresa espiritualmente.
Motivación
Es importante tener en claro nuestras razones para jugar, con el deseo de glorificar a Dios como propósito central. Los deportes son realmente un ámbito en el que podemos aprender más sobre nuestra relación con Dios. Uno tiene que lidiar con las creencias erróneas tales como la duda, la limitación, el miedo, la envidia y un falso sentido de competencia. Realmente no estamos tratando de demostrar que somos mejores que otra persona, sino que estamos haciendo nuestro mayor esfuerzo y expresando las habilidades que Dios nos ha dado. Estas palabras de Ciencia y Salud son muy pertinentes: “Los motivos rectos dan alas al pensamiento, y fuerza y soltura a la palabra y a la acción” (pág. 454).
Actitud competitiva ADECUADA
Esto es muy importante. La palabra competencia deriva de un término latino que significa “esforzarnos juntos”. En realidad, no estamos jugando contra otra persona, sino para Dios, y estamos de acuerdo con nuestro oponente para dar lo mejor de nosotros mismos, superar las limitaciones, elevar el nivel del juego, progresar y mejorar. “El progreso es la ley de Dios, cuya ley exige de nosotros sólo lo que ciertamente podemos cumplir” (Ciencia y Salud, pág. 233).
Es primordial esforzarse por dar lo mejor de nosotros mismos; lo que puede traducirse en jugar para ganar. Ganar requiere disciplina mental y física y mucho más que un esfuerzo a medias. Y el marcador no indica necesariamente quién está ganando desde una perspectiva espiritual.
Cuando no tenemos miedo de perder o fracasar, podemos simplemente liberarnos y dar lo mejor de nosotros mismos. Todos tenemos una gran cantidad de cosas buenas que aportar, y podemos competir con confianza y determinación, con corazón y alma, con propósito y resolución para glorificar a Dios. Juega sin temor para dar lo mejor de ti. Ciencia y Salud afirma: “Para determinar nuestro progreso, debemos saber dónde ponemos nuestros afectos y a quién reconocemos y obedecemos como Dios. … Los objetivos que perseguimos y el espíritu que manifestamos revelan nuestro punto de vista y muestran lo que estamos ganando” (pág. 239).
Compartir
Los deportes ofrecen grandes oportunidades para compartir la Ciencia Cristiana —en la cancha, en el vestuario, en nuestras conversaciones previas o posteriores al partido— dando el ejemplo y desmintiendo las falsas etiquetas que parecen acompañar los deportes. Esto da paso a que se expresen cualidades divinas como integridad, honestidad, pureza y altruismo. Es un momento para dar y recibir, así como de dejar que tu luz brille. Los deportes también ofrecen muchas oportunidades para que haya curación.
Cuando jugaba al fútbol en la universidad, un amigo y yo nos quedamos un día después de la práctica para hacer algo de entrenamiento extra. Él era el arquero de nuestro equipo y yo era mediocampista. Yo quería trabajar un poco más en mis tiros, y él, trabajar en un tipo de atajada especialmente difícil. Yo ya había disparado varias veces al arco, cuando en uno de ellos él se lanzó alto para atajarlo y cayó sobre su brazo completamente extendido. Me di cuenta de que estaba sumamente adolorido. Cuando fui a ver si estaba bien, ambos notamos que tenía el hombro dislocado.
Éramos buenos amigos, y él sabía que yo era Científico Cristiano. Traté de consolarlo lo mejor que pude y empecé a afirmar en mi propio pensamiento la presencia y el poder de Dios allí mismo. Le pregunté si podía orar por él, dijo que sí, y le expliqué que Dios estaba ahí con nosotros. Recuerdo que sentí muy claramente que la presencia y el poder de Dios cuidaban de mi amigo y de mí.
En pocos minutos su hombro volvió a su lugar y regresamos al vestuario. El recuerdo de esta curación ha permanecido con nosotros dos durante muchas décadas, y el año pasado volvimos a hablar de esa experiencia de hace tanto tiempo. Ambos seguimos muy agradecidos por la curación.
Humildad
La humildad es la clave para ser un atleta realmente grande. Uno reconoce que su capacidad proviene de Dios, da la gloria a Dios y se esfuerza por demostrar la presencia de Dios en su experiencia. Tenemos la garantía de que daremos lo mejor de nosotros mismos si realmente practicamos lo que sabemos de la Ciencia Cristiana en nuestras actividades deportivas. Dios es todo-acción y nosotros Lo reflejamos. Vemos Su plenitud manifestada, allí mismo en nuestra actividad.
En el verdadero espíritu del resumen después de un partido: estoy muy agradecido de haberme criado practicando muchos deportes, de haber tenido la oportunidad de aprender a aplicar la Ciencia Cristiana en mis actividades deportivas de una manera muy tangible. La preparación, la inspiración, la motivación, la actitud competitiva adecuada, el compartir con los demás y la humildad conducen a tener una experiencia deportiva realmente satisfactoria.
Los deportes ofrecen grandes oportunidades para demostrar la Ciencia Cristiana tanto en la forma en que jugamos como en la forma en que nos comportamos. Ponemos en práctica nuestra comprensión espiritual de Dios y de Sus hijos dentro de nuestra experiencia presente. Damos gracias a Dios por la oportunidad de participar, reconocemos que reflejamos Sus cualidades y luego salimos y hacemos nuestro mayor esfuerzo.
