Recientemente, en uno de mis viajes regulares, observé en la lejanía un edificio alto, y parecía que una enorme nube se apoyaba como si fuera un sombrero en el último piso. Sin embargo, cuando me acerqué y pasé frente a él, vi que era simplemente una ilusión óptica, porque la nube estaba en realidad muy lejos. Ahora tenía una perspectiva más clara del edificio, que se erigía portentoso.
Esto me hizo pensar en nuestras experiencias diarias. A veces podemos sentir como si tuviéramos una gran nube mental sobre nosotros, que no nos permite ver claro ni sentir la luz del sol de la Verdad y la Vida, Dios, que siempre está brillando. Podemos tener la impresión de que esta gran nube —decepción, tristeza, soledad, enfermedad, desaliento, etc.— se posa sobre nosotros como si fuera nuestra realidad. Creemos que la situación que nos agobia es parte real de nuestra experiencia.
Pero en realidad, no somos rehenes de los engaños de una mentalidad material que, como la nube, nos impide ver el sol. Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, escribe en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras: “La delusión, el pecado, la enfermedad y la muerte surgen del falso testimonio del sentido material, el cual, desde un punto de vista supuesto fuera de la distancia focal del Espíritu infinito, presenta una imagen invertida de la Mente y la sustancia con todo puesto al revés” (pág. 301).
Podemos deducir entonces que toda visión alejada de la realidad espiritual no nos permite ver lo que sucede en verdad. Sin embargo, afrontar la situación más de cerca mediante la perspectiva espiritual, nos brinda la posibilidad de ver lo que es cierto en todo momento, y nos conduce a la resolución de los desafíos que se presentan al comprender la armonía, la omnipotencia y la bondad de Dios, que gobierna todo perpetuamente.
El Maestro, Cristo Jesús, sin excepción, veía las cosas desde el punto de vista de que toda la realidad proviene de Dios, y de esta manera resolvía cada situación discordante que se le presentaba, demostrando el dominio del poder espiritual sobre las condiciones físicas, “sanando toda enfermedad y toda dolencia” (Mateo 4:23). Su parábola del hijo pródigo señala la infinita misericordia de Dios, pero también ilustra que realmente estamos siempre cerca de nuestro Padre-Madre Dios. La Sra. Eddy, al referirse a Dios como Mente, lo explica de esta manera: “El inmanente sentido del poder-Mente realza la gloria de la Mente. La cercanía, no la distancia, da encanto a esta perspectiva” (Ciencia y Salud, pág. 209).
Una experiencia reciente evidenció la necesidad de esta perspectiva espiritual. Me hizo sentir cerca de nuestro Padre-Madre Dios y percibir más de la realidad de mi ser. Me caí y uno de mis pies se había doblado de tal manera que sentía un dolor intenso. Durante los siguientes días, oré con vehemencia y experimenté algo de alivio y pude completar las tareas de mi hogar. Pero luego el dolor volvió con más intensidad y no me era posible caminar normalmente.
Anteriormente, durante el tiempo en que estaba trabajando, se me había exigido legalmente que obtuviera una certificación médica cada vez que tenía que faltar al trabajo por un incidente o una enfermedad. Pero ahora, al estar jubilada, estaba agradecida de sentirme libre de tratar este caso única y exclusivamente a través de la oración científica.
Recordé esta cita de Ciencia y Salud: “La Ciencia Cristiana siempre es el cirujano más hábil, pero la cirugía es la rama de su curación que será reconocida por último. Sin embargo, es justo decir que la autora ya tiene en su poder registros debidamente autenticados de curaciones efectuadas por ella misma y sus alumnos mediante la cirugía mental únicamente, de huesos fracturados, de articulaciones y vértebras dislocadas” (pág. 402).
Decidí pedir ayuda a una practicista de la Ciencia Cristiana, alguien que dedica todo su tiempo a ayudar a los demás únicamente a través de la oración, con una perspectiva absolutamente espiritual. La practicista y yo hablamos sobre el amor y la bondad de Dios, a los que se hacía referencia en la Lección Bíblica del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana de esa semana. Al profundizar en su estudio, obtuve una nueva perspectiva sobre la resurrección de Dorcas que Pedro efectuó (véase Hechos 9:36-41). Me pareció que esta maravillosa demostración del poder de Dios se llevó a cabo en siete notables y poderosos pasos.
Pedro estaba decidido a proceder con una firme perspectiva espiritual, como había aprendido de su Maestro, Cristo Jesús. Primero: Hizo que todos los dolientes se fueran, como lo había hecho Jesús antes de resucitar a la hija de Jairo. Segundo: Se arrodilló y oró. Tercero: Le dio a Dorcas una orden firme: “Levántate”. Cuarto: Dorcas abrió los ojos y vio a Pedro. Quinto: Dorcas se incorporó. Sexto: Pedro le dio la mano y la levantó. Séptimo: Presentó a Dorcas a todos viva.
¡Qué alegría tan profunda y sorprendente deben de haber sentido todos al ver a Dorcas completamente restablecida! ¡Y qué profunda gratitud a Dios debe de haber sentido Pedro cuando vio su oración respondida, mostrando el maravilloso poder del Cristo, la Verdad!
Luego consideré cómo relacionar esta historia con mi experiencia, y concluí que para poner en práctica estos pasos, tenía que, Primero: Echar fuera las sugestiones y pensamientos negativos que no provenían de Dios. Segundo: Arrodillarme mentalmente en humildad y orar a Dios. Tercero: Dar la orden firme de confiar en Dios sin reservas, y confiar en el apoyo de la ayuda mediante la oración que había solicitado. Cuarto: Abrir mi visión espiritual para reconocer la presencia y el poder de Dios: la realidad espiritual. Quinto: Levantarme, superando la sugestión de que una falsedad podía mantenerme inerte. Sexto: Sentir que la mano divina me liberaba de cualquier situación discordante, al elevar mis pensamientos para ver la realidad espiritual.
Séptimo: Mostrar y alabar, con alegría, gratitud y humildad, la obra de Dios, de acuerdo con la instrucción de Cristo Jesús: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).
Con estas edificantes ideas, ese domingo asistí a la iglesia y cumplí con mi tarea habitual, con cierta dificultad. Esa tarde descansé, pensando en el inspirador servicio que habíamos disfrutado, y específicamente en el pasaje que había estudiado durante la semana.
Repentinamente, sentí un gozo inefable. Me sentí contenta y feliz, con la fuerte convicción de que todo estaba bien y que, por ser espiritual, nunca había pasado por una condición discordante. Había despertado de un sueño hipnótico, una perspectiva falsa.
Sentí que la presencia de Dios me fortalecía. Me levanté de la cama y pisé el suelo con firmeza, sin sentir ningún dolor ni dificultad.
Una vez más comprobé que cuando abordamos los desafíos desde la perspectiva espiritual de que nuestro Padre-Madre Dios está cerca, somos guiados paso a paso no solo hacia la curación sino también a comprender cada vez más la perfección de nuestro ser y el origen espiritual de la creación. Como nos asegura Ciencia y Salud, “Cada etapa sucesiva de experiencia revela nuevas perspectivas de la bondad y del amor divinos” (pág. 66).
