La crianza de los hijos puede entrañar muchas “primeras veces”. La primera vez que se espera un bebé, el primer día de un pequeño en su propia habitación, el primer día de escuela. La lista continúa. A veces, las primeras veces pueden ser difíciles, incluso abrumadoras, tanto para los padres como para los hijos. ¿Qué pasaría si hubiera una forma de sentir más paz en esos tiempos de transición?
No soy una experta en la crianza de los hijos, pero lo que he descubierto es que la oración en la Ciencia Cristiana eleva el pensamiento para bendecir, satisfaciendo todas las necesidades, sin importar en qué punto de la crianza uno se encuentre. Y una de las cosas que más me ha ayudado en mis oraciones acerca de estas nuevas aventuras es la gratitud.
Una mañana, mi pequeño hijo se despertó temprano queriendo “abrazar a mamá”. Ese día yo tenía que hacer un viaje importante, y viajaría sin mi hijo... una novedad para nosotros. Sujetándome la cara con los ojos llenos de lágrimas, me preguntó cuándo volvía.
¡Yo también lo echaría de menos! Por suerte, la oscuridad ocultaba mis propias lágrimas; no quería contribuir a su temor. Al volverme en oración a Dios, el Padre y Madre divinos de ambos, la palabra “gratitud” me vino de inmediato al pensamiento. Esto me sorprendió, ya que me sentía atada a la incertidumbre de dejar a mi hijo pequeño y de cómo se las arreglaría al no tener a mamá cerca, aunque confiaba en que mi marido cuidaría perfectamente de él. No me había centrado en todo lo bueno que la Ciencia Cristiana nos muestra que siempre está ocurriendo.
Juntos, dimos las gracias, incluyendo el reconocimiento del cariño que su papá le daría mientras yo estaba fuera. También expresamos gratitud porque Dios, el Amor divino, era tanto su Padre como su Madre, y siempre cuidaba de él. El amor que sentí de esta oración de gratitud fue inmediato. Nada había cambiado en la situación en sí; sin embargo, mi pensamiento sí lo había hecho. El llanto de mi hijo se transformó en el alegre canto de su himno favorito. Y cada detalle de mi viaje se desarrolló a la perfección; la hospitalidad de los amigos cercanos con los que me alojaba me hizo sentir sumamente cuidada.
Padres y cuidadores pueden liberarse del temor a cualquier primera vez. ¿Y qué decir si cuando surge algo nuevo, pudiéramos tomar la decisión consciente de expresar gratitud? ¿Qué decir si pudiéramos estar agradecidos porque Dios manifiesta bien y progreso, cualquiera sea la necesidad que surja? ¡La crianza de los hijos sería sin duda mucho más fácil y divertida, incluso las primeras veces!
La oración nos impulsa hacia adelante en nuestra comprensión de que “el progreso es la ley de Dios”, el bien (Mary Baker Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 233). A medida que crecemos en nuestra comprensión de Dios, del Espíritu divino, y de que somos parte de Su creación espiritual, aprendemos a apoyarnos más en Dios para el amor y para todas nuestras necesidades, que Él satisface a la perfección.
En cualquier “primera vez”, he atesorado el dicho: “Dios va contigo y se queda conmigo”, que señala la eterna presencia de Dios. Y, como somos espirituales, Dios ha cuidado de quienes cuidamos mucho antes que cualquiera de nosotros, y sigue haciéndolo. Nuestra gratitud por este hecho revela que el Amor divino sustenta el cuidado que brindamos.
Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, escribe: “¿Estamos realmente agradecidos por el bien ya recibido? Entonces aprovecharemos las bendiciones que tenemos y así estaremos capacitados para recibir más” (Ciencia y Salud, pág. 3).
Cuando el profeta Eliseo ordenó a una viuda que vertiera aceite de una vasija en muchas otras vasijas, el aceite rebosó. Ella pudo vender ese aceite para saldar todas sus deudas y salvar a sus hijos de la esclavitud (véase 2 Reyes 4:1-7). Apreciar lo que tenemos puede revelar más del reino de Dios.
Cristo Jesús dijo: “El reino del cielo está cerca” (Mateo 4:17 NTV). Esto significa que los cuidadores pueden sentir toda la paz y el amor necesarios para superar los desafíos del día. En el reino no hay sufrimiento, solo el gozoso reconocimiento de todo el bien. A medida que comprendemos las leyes espirituales del bien de Dios, las vemos actuar en nuestra experiencia. Estas leyes apuntan a nuestra identidad espiritual, a nuestra capacidad ilimitada y a la guía que el Amor nos brinda a cada uno de nosotros, incluidos niños y padres.
Al hablar de Dios, el profeta Isaías dice: “Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas” (Isaías 40:11). Podemos estar agradecidos ahora mismo por esta promesa divina y ser guiados hacia la paz y armonía que la crianza de los hijos exige y que todo padre e hijo merece.
Porque estamos en armonía con Dios, podemos sentir el amor espiritual que revela nuestra gratitud natural. Sea cual sea la necesidad, cada uno de nosotros puede llegar a la comprensión agradecida de que Dios es nuestra Madre y Padre.
