Cuando era niña, aprendí a amar a Dios y deseaba comprenderlo mejor. Cuando encontré la Ciencia Cristiana, ese profundo deseo se cumplió. En sus escritos, la Descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy, revela a Dios como Vida, Verdad y Amor infinitos, y al hombre como Sus hijos e hijas espirituales.
Al estudiar el trabajo seminal de la Sra. Eddy, Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, junto con la Biblia, conocí mi estado espiritual como hija de Dios y he sanado de toda clase de problemas.
Empecé a estudiar el piano cuando tenía seis años. Me encantó, y continué mis estudios de música hasta que me gradué y pude enseñar. En una oportunidad, no podía oír bien de un oído. Mi preocupación era que mi trabajo como profesora de música se vería afectado. Estudié este pasaje de la Biblia: “El oído que oye y el ojo que ve, ambas cosas igualmente ha hecho Jehová” (Proverbios 20:12).
También busqué la definición de oídos en el Glosario de Ciencia y Salud: “No los órganos de los así llamados sentidos corporales, sino la comprensión espiritual.
“Jesús dijo, refiriéndose a la percepción espiritual: ‘¿Teniendo oídos, no oís?’ (Marcos 8:18)” (pág. 585).
Nuestra Guía explica que, debido a que somos el reflejo de Dios, y Dios es Espíritu, todo nuestro ser es espiritual. La vista, el oído, todos los sentidos del hombre, son espirituales y no se pueden perder. Ni la edad ni un accidente pueden destruirlos.
Comprendí que mi audición está intacta para siempre, que puedo escuchar la voz de mi Padre porque Él se comunica directamente con mi conciencia. No hay intermediarios entre la Mente única y su idea.
Mis alumnos y yo habíamos escuchado a menudo la música de Beethoven, y me preguntaban cómo pudo componer obras tan maravillosas, incluso después de haberse quedado sordo. La Sra. Eddy menciona esta situación en Ciencia y Salud y agrega: “Las melodías y compases mentales de la música más dulce superan el sonido del que se está consciente” (pág. 213). También escribe: “La armonía en el hombre es tan bella como en la música, y la discordancia es antinatural, irreal” (pág. 304).
Afirmaba en oración que mi ocupación, de la que tanto disfrutaba, era la expresión de la armonía del Alma, y que nada inarmónico podía interrumpirla. Sentía que Dios me había dado la oportunidad de enseñar música, y estaba muy feliz de poder compartirla con los niños, quienes tanto la apreciaban. Seguí reconociendo y meditando en esas verdades.
Un día, cuando llegué al colegio y estaba trabajando con el coro, comencé a oír claramente sus bellas voces. ¡Fue tan maravilloso! Sentí tanta gratitud. Solo podía alabar a Dios por Su bondad y amoroso cuidado. Él me sostuvo en este desafío y nunca me dejó separarme de Su cuidado.
Un himno de James Montgomery dice:
Es tan sencilla la oración
que el niño la dirá;
mas su sublime invocación
a lo alto llegará.
(Himnario de la Ciencia Cristiana, N.° 286, © CSBD)
Esperar la curación es una forma de orar sin cesar. Es recurrir a nuestro amado Padre como un niño, con pureza e inocencia. Es elevar nuestro pensamiento sobre lo que nos muestra la situación humana y saber con seguridad que Él nos libera de todo lo que es contrario al bien. La Mente divina lo ha hecho todo y no creó nada dañino ni que diga mentira, así que solo podemos experimentar la salud, la justicia, la abundancia, el progreso: la libertad gloriosa de ser hijos de Dios.
Cecilia Carzoglio
Montevideo, Uruguay
