La Ciencia Cristiana demuestra que la oración trae curación. Y hay grandes beneficios; especialmente relacionados con la oración por los demás. La Biblia dice: “Orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). ¿Qué significa esto para nosotros al orar unos por otros?
Es útil considerar que nuestras vidas son esencialmente la manifestación de nuestros pensamientos. Nuestra experiencia se basa en la conciencia que poseemos. Y los pensamientos que recibimos de Dios, la Mente infinita que gobierna el universo, tienen un efecto positivo en nuestra conciencia, que a su vez tiene un efecto positivo en nuestros cuerpos y vidas.
Ahora bien, cada vez que hablamos de la oración, hay un par de ideas que me resultan especialmente útiles. Primero, Jesús da a conocer lo que llegó a llamarse el Padre Nuestro diciendo: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos” (Mateo 6:9). Para mí, esto nos dice que empecemos por identificar a Dios como nuestro origen o fuente. Si nos volvemos más conscientes de este punto clave de que Dios, el Amor divino, nos crea y nos define, veremos más de la bondad del Amor expresada o manifestada en nuestra experiencia.
En segundo lugar, Mary Baker Eddy, la Descubridora de la Ciencia Cristiana, identifica así la base eficaz de la oración de Jesús: “No es ni la Ciencia ni la Verdad lo que obra a través de la creencia ciega, ni tampoco lo es la comprensión humana del Principio divino sanador como se manifestaba en Jesús, cuyas oraciones humildes eran profundas y concienzudas declaraciones de la Verdad —de la semejanza del hombre con Dios y de la unidad del hombre con la Verdad y el Amor—” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 12).
Afirmar activamente nuestra unidad con nuestra fuente, la Mente divina, tiene una forma de abrirnos realmente a la presencia buena de Dios y a nuestra propia importancia como Su semejanza. Al hacerlo, no solo creamos un efecto sobre nosotros mismos, sino que llegamos a ver toda vida tal y como es: la expresión de Dios, el bien, y Sus cualidades.
Hace años, sané de verrugas en mis manos mediante la oración. Pero hay una historia de fondo en esa curación que es especialmente significativa con respecto a los beneficios de orar por los demás.
Antes de mi curación, una mujer me preguntó si podía orar por su hijo pequeño porque tenía verrugas en las manos. Durante la semana siguiente, me volví a Dios y encontré la inspiración para apreciar lo que Dios expresaba en este niño. Como parte de su identidad espiritual, él incluía las cualidades de inteligencia, gracia y amor. Esta era la esencia de este chico y lo que todos realmente debíamos ver en él. Percibí que, en este niño, como en todos nosotros, Dios estaba sacando a relucir todas esas maravillosas cualidades espirituales y un propósito divino. Tuve la oportunidad de hablar con él sobre ello, y un par de semanas después, él y su madre me informaron que todas las verrugas habían desaparecido.
Bueno, esto dio un impulso al esfuerzo por obtener mi propia curación. Sentí el empuje de la bondad de Dios obrando en mí. Y notar esto tuvo un buen efecto en mí. Continué orando, y pronto todas mis verrugas también desaparecieron. Y sigo viendo hasta hoy que en muchos sentidos orar por los demás es más que un simple deber. Implica la magnificación de las bendiciones, que incluye bendiciones para nosotros también, mientras oramos.
El bien está presente y disponible en nuestras vidas porque Dios, el bien infinito, está presente en todas partes. Comprender este hecho impele nuestra conciencia a reconocer más salud y gracia en nuestras vidas. Quizá lo hayamos creído hasta cierto punto, pero al comprometernos a ver más de la bondad infinita de Dios en cada uno, nos sentimos más dispuestos a sentirla y experimentarla nosotros mismos. Entonces descubrimos con más certeza que sí, el poder divino está aquí y siempre activo.
Nos encontramos más fuertes. Vemos que no solamente sobrevivimos o mantenemos simplemente nuestro propio motor en marcha. Somos sostenidos al seguir compartiendo la bondad que Dios nos da. Es como mantener en funcionamiento una bomba de agua al hacer que este elemento imprescindible siga fluyendo para todos los que pasan, en vez de intentar ponerla en marcha simplemente cuando nosotros estamos desesperados de sed.
El poder esencial del universo no es algo que intentemos generar en nosotros mismos; cada uno de nosotros existe para expresar al Espíritu o la Mente infinita —Dios—. Y hacerlo al orar por los demás nos hace ver que la Mente divina siempre está en acción. Las bendiciones realmente están ocurriendo para todos. Dios está haciendo esto para todos, en todas partes, todo el tiempo. Y podemos verlo —y experimentarlo.
