Quiero compartir pruebas de que la Ciencia Cristiana, la ley de Dios, sana. Una noche del pasado noviembre, estaba jugando al tenis. Una pelota fue lanzada muy por encima de mi cabeza y corrí para atajarla. Al girar, tropecé y salí volando, y me estrellé con fuerza sobre la cadera. Los otros jugadores me dijeron que simplemente me quedara quieta. En cambio, me incorporé e intenté ponerme de pie, pero descubrí que no podía apoyarme en la pierna derecha. Me dolía mucho. Después de que me ayudaran a llegar hasta un banco, dije que solo necesitaba sentarme un rato y que todos debían seguir jugando.
Mientras estaba allí, rápidamente me llegaron muchos pensamientos que sabía venían de Dios. El primero fue la alegría de saber que podía demostrar que la ley de armonía de Dios es una realidad; el segundo fue la idea de que cada actividad correcta en la que participo expresa y glorifica a Dios. Después de eso, recordé palabras del poema “La oración vespertina de la madre” de la Descubridora de la Ciencia Cristiana, Mary Baker Eddy:
Amor, refugio nuestro, no he de creer
el lazo, [el foso, la caída];
habita con nosotros el Señor,
Su brazo nos rodea con amor.
(Escritos Misceláneos, pág. 389, según versión en inglés)
Fue reconfortante saber que “el lazo, el foso, la caída” no son verdaderos porque vivo y me muevo en “Su habitación” —el reino de Dios, el bien—. También oraba para sentir el amor de Dios, que siempre está conmigo.
Cuando terminó el partido de tenis, todos intentaron ayudarme ofreciéndome sugerencias sobre cómo cuidar la lesión. Mi compañero de tenis me ayudó a llegar al coche, donde pude sentarme y conducir. Cuando llegué a casa, encontré un bastón viejo en el armario de los abrigos que me resultó útil usar cuando preparé la cena y para moverme por la casa. Llamé a mi hermana para que me ayudara a orar.
Me costó mucho dormir, así que seguí orando, sabiendo que Dios —la Mente única e infinita— me estaba elevando. Podía sentir la presencia de la Verdad y el Amor divinos. Me puse de pie y fui a mi sillón a orar y descansar hasta sentirme en paz. Luego volví a la cama y pude dormir.
Al día siguiente, mi hermana me llamó y compartió conmigo las ideas con las que había estado orando. Me dijo que Dios, el Espíritu, es Todo y, por lo tanto, la fuente de toda acción, actividad armoniosa y energía. Le di las gracias y empecé a pensar en que lo espiritual es real y lo material es irreal, o una ilusión. Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por la Sra. Eddy afirma: “Es tan necesario para una ilusión de salud, como para una ilusión de enfermedad, ser instruida a salir de sí misma hacia la comprensión de lo que constituye la salud; …” (pág. 297). Entendí que la ilusión de materia ilesa —en este caso, músculos y huesos— era tan irreal como la ilusión de músculos y huesos lesionados. Al orar, yo no estaba sanando una condición material, sino reconociendo, en cambio, que mi verdadera y única individualidad era completamente espiritual; por ser espiritual, soy la expresión de Dios, del Amor y el Espíritu divinos.
Para esa tarde, ya no necesitaba el bastón. Las verdades sanadoras me seguían llegando desde la Mente divina. Al día siguiente era domingo, y pude subir las escaleras de la iglesia y hacer todas mis tareas necesarias como secretaria de mi filial. Al día siguiente, hubo más progreso, y para el martes ya estaba perfectamente bien y pude hacer un recorrido de ocho kilómetros en bicicleta.
Tras esta experiencia, empecé a orar con más regularidad para rechazar la creencia común de que el atletismo y las lesiones van de la mano. Glorificar a Dios con las habilidades que Él nos ha dado expresa alegría y libertad. La lesión no forma parte de la creación de la Mente divina. Como afirma Ciencia y Salud: “Las ideas infinitas de la Mente corren y se deleitan. En humildad escalan las alturas de la santidad” (pág. 514). En humildad renunciamos a la idea de que nosotros o los demás tenemos una identidad material y reconocemos la verdadera naturaleza espiritual de todos.
Estoy muy agradecida por el gran don de la comprensión de que jamás ha habido ni un solo lapso de la armonía y perfección de la presencia y el poder del Amor; y también por la Ciencia Cristiana, que explica las verdades espirituales y cómo podemos demostrarlas para ayudarnos y sanarnos a nosotros mismos y a los demás.
Leslie Revilock
Williamsburg, Virginia, EE. UU.
