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Ora con confianza por tu comunidad

De El Heraldo de la Ciencia Cristiana. Publicado en línea - 1º de junio de 2026


¿Has pensado alguna vez que te encantaría orar por un problema de la comunidad, o incluso por un asunto mundial, pero sientes que no sabes cómo hacerlo? O quizá pienses que, de todos modos, tu oración no podría cambiar la situación. Bueno, yo también solía pensar así, pero hace años tuve una preciosa experiencia sanadora que me enseñó cuán eficaz puede ser la oración en la Ciencia Cristiana.

Cuando mi hijo estaba en la escuela intermedia, le robaron la chaqueta. Desde el principio, estaba decidida a no resignarme a aceptar este robo. Como lo sucedido no estaba de acuerdo con la ley del bien de Dios, sabía que no tenía que aceptar la idea de que la pérdida era inevitable. También sabía que esta percepción errónea podía corregirse. 

En aquel entonces, mi familia tenía que ser muy cuidadosa con el dinero, pero eso no era lo que me preocupaba. Era la desilusión que era tentada a sentir respecto a nuestra comunidad. ¿No podía confiar en mi comunidad? ¿Tenía que estar alerta para que no me engañaran? 

No quería vivir así. Quería amar a mi comunidad, así que decidí tomar algunas medidas para responder al incidente. Hablé con el director de la escuela y le sugerí algunas soluciones que podía implementar para detener el robo que estaba ocurriendo  allí, pero no le interesó. Fui a ver a la maestra de mi hijo, pero se sentía impotente. Incluso fui a la policía. Me dijeron: “Vives en una terrible comunidad; la policía está abandonando la fuerza por ello. No hay nada que podamos hacer por ti”.  

Esto ilustra cómo el pensamiento humano, aunque bien intencionado, ve los problemas desde una perspectiva limitada, lo cual puede ser desalentador.

Para entonces, yo estaba a punto de llorar, pero al salir de la comisaría, me vino el pensamiento más bello: “No dejaré que me hagan odiar a mi comunidad”. Creo que todos los que crucé por la calle ese día me sonrieron. Esas lágrimas de impotencia —de no tratar de buscar una solución humana— sacaron a la luz la presencia de Dios conmigo, y ante esa presencia divina, se me reveló el amor que tenía mi comunidad. Esto me preparó para dar pasos activos en la demostración del poder de Dios.

Dos o tres semanas después, me di cuenta de que necesitaba recurrir a Dios de todo corazón para encontrar una paz total sobre este asunto. El apóstol Pablo dice que “las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:4, 5).

Decidí estudiar más profundamente citas de la Biblia y Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, escrito por Mary Baker Eddy, en la Lección Bíblica de esa semana del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana. Busqué ideas espirituales que me ayudaran a encontrar paz. Al final de este estudio, tuve una pregunta: “¿Cómo puede mi oración tocar a este niño” —que presumo— “se llevó la chaqueta?” 

No es que pensara que no era digno del amor de Dios; ni mucho menos. Quería que sintiera la bendición de Su amor a través de mi oración. Pero pensé que quizá ni siquiera creía en Dios y muy probablemente no sabía nada acerca de la Ciencia Cristiana. Así que la pregunta detrás de mi pregunta era: “¿Cómo puedo orar con eficacia por mi comunidad?” 

Bueno, Dios respondió a esa oración de amor desinteresado. 

La Lección Bíblica incluía referencias a los cuatro ríos descritos en Génesis 2, así como comentarios sobre ellos en Ciencia y Salud que ofrecen una idea espiritual de su significado. Eso me llevó a pensar en los lechos de los ríos trenzados cubiertos de guijarros del sur de mi país, Nueva Zelanda. Estos ríos fluyen desde los Alpes del Sur a través de las llanuras de Canterbury hasta el Océano Pacífico. Durante las inundaciones, el agua cubre todo el lecho del río, pero normalmente circula por canales. 

Me imaginé un canal del río seco por el calor del verano llenándose de lluvia o deshielo de montaña. Al imaginarme cómo el agua fluía por el canal seco, esta mojaba cada roca y guijarro a su paso; cada uno de ellos. Para mí, eso fue como la luz del Cristo en nuestra conciencia, que toca e ilumina a todos en quienes pensamos, incluidos los de nuestra comunidad. Al comprender esto, me sentí totalmente en paz.

Esto ocurrió al mediodía, y no pensé en esa chaqueta robada en toda la tarde. Simplemente estaba en paz. Cuando los niños llegaron de la escuela, oí a mi hijo correr por la casa gritando: “¡Mamá, recuperé mi chaqueta! ¡Recuperé mi chaqueta!” Un amigo la encontró enrollada y guardada en un rincón del baño al final de la pausa para el almuerzo, cerca de la hora en que me di cuenta de que el Cristo toca a todos los que buscamos bendecir. ¡Me encanta cuán inmediata fue esa curación! 

En el momento de esta experiencia, yo estaba buscando trabajo y, en menos de un mes, encontré empleo en nuestro ayuntamiento. El sueldo era bueno, pero lo que más me gustaba era trabajar para mi comunidad. Pasé veinte años felices trabajando allí.

No tenemos que tolerar los preocupantes problemas de la comunidad. Cuando algo nos perturba, podemos orar por ello —no simplemente ignorarlo o desear o esperar que desaparezca—. Podemos recurrir a Dios y a las verdades de la Biblia y Ciencia y Salud hasta que sintamos revelación e inspiración. Entonces somos capaces de razonar con esa inspiración, hasta que la luz del Cristo, la Verdad, disipa la oscuridad de los conceptos mortales limitados. Como escribe la Sra. Eddy: “Los buenos pensamientos son una armadura impenetrable; revestidos con ellos estáis completamente protegidos contra los ataques de toda clase de error. Y no solo vosotros estáis a salvo, sino que todos aquellos en quienes reposan vuestros pensamientos también son por ello beneficiados” (La Primera Iglesia de Cristo, Científico, y Miscelánea, pág. 210).

Todos tenemos sentido espiritual: nuestra capacidad para sentir la presencia de Dios, responder a Su guía y ayudar a nuestras comunidades a encontrar redención y curación.

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