Hace algún tiempo, me encontré escribiendo reflexiones que surgían naturalmente en mi pensamiento. Tomaba un cuaderno y las ideas simplemente fluían. Con el tiempo, las reflexiones siguieron llegando, aunque dejé de escribirlas.
Después de muchos años, en medio de una situación que atravesaba una de mis hijas, volví a sentir el impulso de escribir reflexiones. Ella sentía mucha ansiedad y desasosiego que la afectaban físicamente y le producían náuseas. Al orar antes de dormir, recurrí al Salmo 23 en busca de claridad. Oré para saber que mi hija tenía la capacidad de recibir —directamente de Dios— lo que necesitaba para enfrentar la ansiedad y, a veces, el pánico.
Esa noche oré con este precioso salmo, junto con la interpretación de Mary Baker Eddy en Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras. Poco a poco, el texto se fue desplegando ante mí, ampliándose y resonando en mi pensamiento. Comprendí que Dios nos ha dado el poder de silenciar todo aquello que no pertenece a nuestra verdadera naturaleza, creada a imagen y semejanza de Dios, el Amor divino. Sentí claramente que la voz de la Verdad estaba rompiendo el sentido hipnótico de las cosas; me hablaba con tanta fuerza que tuve que levantarme para escribir lo que me venía al pensamiento.
Inspirada y segura, a primera hora de la mañana le envié a mi hija parte de lo que había escrito. Ella respondió: “Estaba teniendo una noche difícil. Tenía mucho miedo, el corazón palpitaba acelerado y oré con el mismo salmo. Dormí toda la noche. Cuando desperté y leí lo que me enviaste, sentí que Dios nos había hablado a las dos. Lloré, pero de alegría”.
Con profundo amor, comparto lo que me llegó con quienes necesitan descubrir su propio valor y confiar en que todos ocupamos un lugar en la creación divina. Tenemos una gran misión por delante, y no existe poder capaz de impedirnos experimentar el bien, porque el bien es Dios.
La interpretación de la Sra. Eddy del Salmo 23 en la página 578 de Ciencia y Salud comienza así: “[EL AMOR DIVINO] es mi pastor; nada me faltará”.
Así que no me falta la voz de Dios que nos guía, ni la libertad para tomar decisiones sabias. No me falta la firmeza para permanecer en el camino dentro de la perfección del Amor que intuitivamente sé que es mío. No me falta felicidad, alegría, paz, dicha, cielo ni armonía, porque todo esto habita en mí. Dios, el Amor divino, nos las otorga constantemente a cada uno de nosotros; no me falta la conciencia de todo lo que soy y de todo lo que poseo como reflejo del Padre-Madre.
La interpretación de nuestra Guía del Salmo 23 continúa diciendo:
“En lugares de delicados pastos [EL AMOR] me hará descansar; junto a aguas de reposo [EL AMOR] me pastoreará”.
Dentro de la consciencia espiritual hay un refugio bendito frente a las circunstancias turbulentas. Dentro de esta consciencia encuentro luz, paz, armonía, certeza, seguridad, confianza y sosiego. Encuentro descanso de las preocupaciones y me libero de cualquier sensación de excesiva responsabilidad.
“[EL AMOR] confortará mi alma [sentido espiritual]; [EL AMOR] me guiará por sendas de justicia por amor de Su nombre”.
En medio del ruido de muchas otras voces, puedo reconocer y obedecer la guía de Dios. Ninguna confusión ni distracciones sutiles pueden apartarme del camino.
“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque [EL AMOR] estará conmigo; la vara [del AMOR] y el cayado [del AMOR] me infundirán aliento”.
La muerte es cualquier sensación de final, de límite, de término. No es solo la creencia en el fin de la vida, sino también la aparente interrupción del bien. Pero no hay fin, porque el bien es infinito y no tiene origen humano.
[EL AMOR] adereza mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; [EL AMOR] unge mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”.
Los pensamientos angelicales me alimentan con seguridad y confianza. Corrigen y sanan mis relaciones. Estas ideas rompen el hipnotismo de las dependencias, o la angustiosa obediencia a ciclos culturales o sociales que me privarían de la libertad, de realizarme.
“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa [la consciencia] del [AMOR] moraré por largos días”.
Solo el bien es posible. Soy capaz de aceptar mi valía espiritual y reconocer cuánto me ama Dios.
Al reflexionar sobre estas inspiraciones, mi hija reconoció su propio valor y pudo silenciar todas las imposiciones y pensamientos intrusos. El Amor divino, nuestro Pastor, nos habló con ternura a ambas, diciéndonos exactamente lo que necesitábamos escuchar. Y mi hija pronto estuvo en paz, y todos los síntomas desaparecieron.
